lunes, 8 de junio de 2015

Diversidad cultural y lucha de clases




Víctor Manuel Ovalle Hernández

Publicado en Boletín de Antropología Americana, no. 44, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, México, ene-dic 2008, pp. 141-152 y en Marxismo, Antropología e Historia (y Filosofía), Miguel Ángel Adame (editor, compilador y coordinador), Ediciones Navarra, México, 2011, pp.141-153.


Resumen

El término globalización se refiere al orden mundial económico liberal que ha predominado en las últimas décadas y en el que los diversos grupos humanos, con sus expresiones culturales particulares, coexisten y dialogan recíprocamente. Lo que han omitido mencionar los teóricos y promotores del sistema de mercado es que esta universalidad se ha estructurado conflictivamente, derivada del expansionismo del Capitalismo tardío, que se abre paso por el mundo desplegando diversos mecanismos de coacción y violencia que son los que apuntalan su dominio. En este trabajo se analizan estos mecanismos y que tipo de respuestas originan entre las sociedades precapitalistas que subsisten en nuestra época.


 
En la década de 1980, el economista Theodore Levitt (1983) utilizó el término globalización para describir las transformaciones que venían ocurriendo en la economía mundial desde mediados de la década 1960. Actualmente, el concepto alude a la integración de las distintas economías nacionales en un mercado capitalista mundial; a la transformación del sector financiero e industrial en una red global y a las innovaciones tecnológicas en los sistemas de información, comunicaciones y transportes.

La disolución del bloque de países de Europa del Este y de la Unión Soviética, a finales de la década 1980 y principios de los años 1990, facilitó la conformación del denominado Nuevo orden mundial unipolar con eje principal en los Estados Unidos.

La Antropología ha intentado explicar este proceso desde el ámbito de la cultura:

Hannerz (1992) –por ejemplo-, asegura que la cultura global se caracteriza por una organización de la diversidad más que por una repetición de uniformidad y que ésta se crea a través de la interacción creciente de diferentes culturas locales, así como del desarrollo de culturas que carecen de un anclaje claro dentro de algún territorio dado.

Augé (1993) prefiere hablar de sobremodernidad –más que de globalidad- a la que le concede tres figuras del exceso: la superabundancia de acontecimientos, la superabundancia espacial y la individualización de las referencias.

Adams, (1994) por su parte, plantea que la globalización refiere la condición en la cual la información y el impacto de los sucesos que ocurren en alguna parte del mundo se comunican rápidamente a muchos otros puntos, saltando fronteras nacionales y barreras ambientales.

Se puede precisar que la expansión capitalista se consolida cuando las mercancías (en su modalidad de valores de cambio), que se producen en algún lugar o región del planeta, se consumen en regiones distintas. Cuando una comunidad utiliza sistemas de información, almacenamiento de datos y tecnología de la comunicación como computadoras, televisores, radios, reproductores de discos; teléfonos celulares, telefax y medios impresos como periódicos, libros y revistas, no solamente consume la innovación tecnológica, sino también, conjuntos de significados externos, que se articulan a los significados propios.

Así, millones de personas de diversos países, obtienen sus despensas en  grandes  tiendas departamentales de capital transnacional, adquieren sus aparatos de telecomunicación provenientes de regiones lejanas, consumen series y programas televisivos realizados en cualquier parte del mundo; los jóvenes consiguen y escuchan música a través de Internet y hacen suyas las actitudes y formas de vestir de sus artistas extranjeros favoritos; los niños están al tanto de las películas infantiles de moda; los campesinos de los países dependientes consumen alimentos  empacados provenientes de las potencias occidentales.

¿Es esta universalidad en la producción y el consumo un signo claro del Capitalismo tardío neoliberal, o se trata de un elemento más inserto en la lógica del Capital?

Marx (1983:32) ofrece una descripción precisa del carácter uniformador y expansionista del Capitalismo en su época:

Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de toda las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profano… Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias... En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material como a la intelectual.

Se puede entonces observar, que la noción de globalidad desplegada por los promotores del libre mercado, en la que se promueve la imagen de una civilización de grandes innovaciones tecnológicas, logros democráticos y floreciente esplendor cultural, en realidad maquilla la naturaleza depredadora del Capitalismo mundial.

Marx echa por tierra esta ideología y deja también claro que las formaciones sociales preexistentes son desarticuladas al contacto con el Capital:

Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burgueses. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza… Del mismo modo que ha subordinado el campo a la ciudad, ha subordinado los países bárbaros o semibárbaros a los países civilizados, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente (Marx 1983: 31-32). 

Cerca de los 200 años de la publicación del Manifiesto comunista ¿Podemos constatar que el mundo entero ha caído bajo el dominio del Capitalismo? ¿Puede también confirmarse la idea de Marx de que el Capitalismo destruye todas las formaciones sociales precedentes? Y ¿Cómo explicamos la diversidad cultural registrada actualmente en el planeta? ¿No es ello prueba de que este proceso de integración aún continúa o incluso se ha detenido?

Adams (1994) piensa que el proceso de globalización comenzó en el paleolítico tardío, cuando los pueblos nómadas cruzaron el hemisferio occidental, y que ha estado desarrollándose más rápida e intensamente en épocas recientes. Si bien es cierto que desde épocas antiguas los pueblos establecían intercambios a través del comercio y de las guerras de expansión, vastas regiones del planeta con formaciones socioeconómicas distintas pasaron inadvertidas entre sí a lo largo de milenios.

La América precolombina gozó de un desarrollo autónomo hasta el siglo XVI, cuando se reactiva la expansión europea en el mundo, portando el germen de un nuevo sistema social: el Capitalismo. Encontramos en este parteaguas de la Historia, el primer saqueo intensivo de metales preciosos a un continente distinto, el cual favoreció la acumulación originaria de capital en Europa; y los primeros significados de tipo global que serían implementados en forma violenta: la ideas de sumisión a un poder superior y de salvación en una vida posterior, el respeto al estatus y a la propiedad de los conquistadores, nociones emanadas del terror y el miedo, que fueron incrustadas en la mentalidad de los pueblos colonizados y que constituyeron las primeras piezas –además del lenguaje- del eslabonamiento simbólico que haría posible la implantación posterior de los valores del sistema de mercado.

Desde la llegada de los españoles al continente americano, se hizo evidente que para establecer el dominio colonial, no era suficiente la presencia militar y la destrucción de las representaciones cosmogónicas de los americanos. Se ensayó entonces el control de las mentalidades a través de la “conquista espiritual” o cristianización de las poblaciones locales (Moreno 2002:60), que entre otras cosas, sustituyó deidades prehispánicas por santos católicos, templos por iglesias, lenguas locales por el idioma español, etc. A partir de ese contacto, el flujo de información desde los centros de poder no ha cesado, se ha incrementado en razón del desarrollo de los medios de comunicación y de difusión masiva. Del adoctrinamiento en los templos católicos del siglo XVI arribamos al adoctrinamiento cotidiano que llevan a cabo las cadenas televisivas, las radiodifusoras y la mayoría de los diarios de difusión nacional en nuestras propias casas, además de la educación formal basada en principios occidentales y que ha modelado el comportamiento de las familias en América Latina.

La consolidación de los Estados-Nación en Occidente durante el siglo XIX, impuso un conjunto de ideas presuntamente universales que atravesaron la cosmogonía de los pueblos y dieron un nuevo sentido a su actuar cotidiano: los conceptos de individuo, ciudadanía, soberanía y privacidad; la idea de avance social asociada al progreso tecnológico; las ideas de libertad e igualdad jurídicas, entre otras.

Para el Siglo XX, el discurso de los Derechos Humanos homogeniza el deber ser de las naciones, que criminaliza, aísla políticamente e incluso justifica intervenciones militares en los países que no se subordinan plenamente a él y que de paso expresan oposición a los acuerdos de libre comercio y las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI), El Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), como ha sido el caso de Afganistán, Irak, Irán, Venezuela, Cuba y Corea del Norte.

Chakrabarty (2008:77) señala que lo que realmente se minimiza en las historias que celebran el advenimiento del Estado moderno y la idea de ciudadanía es la represión y la violencia que resultan tan decisivas para el triunfo de lo moderno como el poder de persuasión de sus estrategias retóricas.

Al transcurrir las primeras décadas del Siglo XXI, la diversidad cultural o multiculturalismo que tanto celebran los teóricos del Capitalismo, aparece sesgada y degradada por el supremo mercado. Como lo describe Kohan (2003:128-129):

Para desgracia de la antropología (que nació al calor de las administraciones colonialistas), desaparece el exotismo, todo se tiñe del color mercantil: El folk, antes aislado, se disuelve ahora en el torrente de la oferta y la demanda. En la cultura actual ya no hay “paraísos vírgenes” ni “islas perdidas” (uno de los sueños fundacionales del pionner capitalista). La virginidad es la virginidad previamente prostituida y corrompida por el dólar. El habitante “típico” de las colonias se disfraza para el tour. Las “costumbres ancestrales” se reconstruyen en la vidriera armada artificialmente al ritmo de las agencias de viaje y de los guías turísticos. Y además in english, always in english. Of course (en inglés, siempre en inglés. Por supuesto). Con sus miserias y sus múltiples coloridos, el mundo se unifica, se vuelve uno. El imperialismo extiende su agresividad por todo el planeta. El valor de cambio se torna entonces rey mundial, coronado por el otrora valor de uso, recientemente mercantilizado. El reinado del fetiche se universaliza al infinito.

De esta manera, el sistema de mercado sólo muestra tolerancia por las expresiones culturales comercializables. Emerge entonces la razón de ser del Capitalismo: la acumulación ilimitada de riqueza material en manos de particulares a costa del trabajo de millones de personas en todo el mundo, a través de cuando menos los últimos 250 años, periodo durante el cual, el colonialismo, el saqueo y la destrucción cultural, allanaron el camino para la sustitución de la producción de valores de uso por valores de cambio en las antiguas formaciones sociales:  

El capital se forma rápidamente un mercado interno a través de la aniquilación de toda la industria campesina accesoria y así hila y teje para todos, a todos viste, etc., en suma, otorga la forma de valores da cambio a todas las mercancías antes creadas como valores de uso inmediato, un proceso que se deriva por sí mismo de la separación de los trabajadores con respecto al suelo y a la propiedad… Por lo tanto, ante todo, separación del trabajador con respecto a la tierra como su laboratorium natural y, por consiguiente, disolución de la pequeña propiedad de la tierra… (Marx 1989:67,115).

Para facilitar el predominio del mercado, se ha instalado una infraestructura económica (rutas de comercio, transportes, almacenes y centros de distribución), la cual permite que las mercancías circulen de unas regiones a otras, que sean adquiridas y consumidas en las diversas poblaciones, que se genere ganancia a los capitalistas y que se inicie un nuevo ciclo de producción, distribución y consumo. Pero la infraestructura económica, por sí misma, no es capaz de generar los mercados si no existen los hábitos de consumo necesarios dentro de una población. Bauman (1969:20) sostiene que el pensamiento administrativo enseña como manipular la conducta humana ordenando la pauta de situaciones externas; restringe la gama posible de elección “libre”, haciendo que la cadena de hierro de la necesidad sea lo suficientemente apretada para asegurar un alto grado de predictibilidad y manejabilidad de los comportamientos. Augé (1993:13) señala que el Capitalismo tiende a la uniformidad y estandarización de las necesidades y de los comportamientos de consumo.

Asimismo, el sistema de mercado debe promover la vigencia de dichas necesidades para ser satisfechas a través del consumo de mercancías efímeras, que conduce al fetichismo por la innovación tecnológica. De esta manera, un teléfono celular, se convierte en un lapso breve de tiempo, también en reloj, despertador, calculadora, reproductor de música, cámara fotográfica, de vídeo y hasta en dispositivo de acceso a Internet y televisor, convirtiendo en anacrónicas las versiones anteriores. Se da así salida, en forma vertiginosa, al ciclo de la producción y el consumo.

La producción alienada somete a los individuos a procesos monótonos y repetitivos que condicionan a los trabajadores a aceptar la innovación del exterior y a tener que pagar por ella. De esta manera, observamos que el Capitalismo genera individuos emocionalmente dependientes, que durante su tiempo libre desahogan en el consumo parte de la tensión acumulada durante las jornadas de trabajo. Esta situación alcanza su clímax en las celebraciones sociales, las cuales adquieren emotividad en el derroche económico. Ejemplos de ello, son la Navidad, año nuevo, día de las madres, del niño, los cumpleaños, aniversarios, etc.

Es evidente que al iniciarse el proceso de producción masiva y distribución a distancia sólo unas cuantas mercancías habrían sido consumidas. Seguramente, las equivalentes a las que ya existían, pero que ofrecían alguna ventaja adicional como un menor costo o una presentación más atractiva.

Pérez Castro (1982:88-89) incursiona en el proceso de la producción capitalista que modifica los hábitos de consumo en las comunidades de México:

La presencia del capitalismo se había empezado a sentir en las comunidades desde la época colonial, cuando la producción de la cochinilla y de fibras producidas fueron destinadas al mercado nacional e internacional, adquiriendo su exportación un fuerte impulso de 1860 a 1878. Además, el proceso de proletarización que se gestaba a través del trabajo asalariado que muchos indígenas desempeñaban en las minas, fueron procesos que llevaban a que el capitalismo desarrollase una loca carrera, la cual se vio frenada para continuarla después, lenta, pero en forma segura en el interior de las comunidades… Con la consolidación de la producción mercantil, las comunidades ejidales quedaron dependientes del mercado. Esta dependencia se hace mayor en la medida que se especializan en determinados productos, llevando a que todo el tiempo de trabajos se destine a su producción y, con ello, se releguen o se dejen de producir otros para el consumo; consecuentemente necesitan comprarlos, aumentándose así la dependencia del mercado. Ya no importa producir valores de uso, sino que la producción de valores de cambio, pasa a ocupar un primer plano, dándose la base para la creación de un mercado interno.
La producción mercantil produjo la especialización en la agricultura, manifestada en el hecho de que los ejidos, comunidades y pequeñas propiedades destinaron su producción al monocultivo de café, algodón, caña de azúcar, tabaco, maíz, trigo u otras materias primas. Como resultado de la venta de sus productos, se crea la demanda de ciertos artículos para el consumo –ropa, medicinas, alimentos y artículos para festividades, entre otros- determinándose así que los ingresos obtenidos por la venta de sus productos, penetren nuevamente a la esfera de la circulación a través del mercado… La tierra, al ser un recurso limitado, y encontrándose que, las de mayor extensión, de mejor calidad, con riego, y generalmente ubicadas en las partes planas continuaron en poder de la burguesía terrateniente, produjo que esa población campesina desposeída fuera en aumento –ya que a ella empezaron a sumarse los hijos de ejidatarios y los campesinos que vendían sus tierras, creándose en el agro mexicano un proletariado agrícola dependiente del trabajo asalariado.

Por su parte, Artis y Coello (1982: 75) registran cambios en los hábitos de consumo de la zona chol; en el municipio de Tila del Estado de Chiapas:

Se operó un visible cambio en el consumo, tanto el productivo como el individual, esto es, en la indumentaria, en la alimentación, en los medicamentos, en las casas habitación. Las transformaciones que se sucedieron en los objetos de consumo fueron en un primer momento meros reemplazos de lo que había dejado de producir, o sea, se trataba de objetos de utilidad semejante. Sin embargo, el asiduo contacto con el mercado y con los comerciantes y la nueva situación toda, fueron creando cada vez más necesidades, de manera que no se dejó esperar mucho en Tila la invasión de objetos como radios, relojes, etcétera.

El consumo cubre necesidades básicas de sobrevivencia: habitación, comida, vestido; pero también necesidades psicológicas; de aceptación, reputación y prestigio. De esta manera, se amplía la producción a bienes de identidad como casas, objetos de arte, empresas; objetos que intentan afirmar la pertenencia a un grupo, nación, cultura o religión (Attali 1992). 

Durante el siglo XX, se conformó el bloque de países socialistas dirigidos por la Unión Soviética, el cual ejerció límites al expansionismo colonial de Occidente, pero una vez superada esta contradicción -debido a la descomposición interna de este conjunto de naciones y bajo la presión de las fuerzas económicas, ideológicas y militares de las potencias occidentales-, el Capitalismo desarrolló una política de expansión más agresiva para consolidar su presencia y dominio en el mundo, diluyendo las resistencias económicas, políticas y militares en vastas regiones y reavivando nuevas oposiciones como en el caso de Medio Oriente y algunos países de Sudamérica.

Asistimos entonces a un reacomodo del modo de producción capitalista, asentado en las corporaciones transnacionales, la fuerza militar y el poder financiero internacional.

En términos leninistas, nos encontramos ante una profundización de la fase imperialista:

Si fuera necesario dar una definición lo más breve posible del imperialismo, debería decirse que el imperialismo es la fase monopolista del capitalismo. Esa definición comprendería lo principal, pues, por una parte, el capital financiero es el capital bancario de algunos grandes bancos monopolistas fundido con el capital de los grupos monopolistas industriales y, por otra, el reparto del mundo es el tránsito de la política colonial, que se extiende sin obstáculos a las regiones todavía no apropiadas por ninguna potencia capitalista, a la política colonial de dominación monopolista de los territorios del globo enteramente repartido (Lenin 1976: 237-38).

Como plantea Ortiz (1996), la mundialización de la cultura trae consigo poderosos vectores de dominación hasta el punto de articularse a nivel planetario.

No obstante, también observamos una cantidad importante de oposiciones, no sólo de ciertos sectores sociales organizados políticamente, sino de países y conjuntos de naciones como Irán, Cuba, Corea del Norte y los países que integran la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), impulsado por Venezuela, que se propuso incluir a todos los países latinoamericanos, y en el que Estados Unidos quedaba excluido, buscando con ello dar un viraje a las relaciones de poder a nivel regional.

Durante el siglo XXI, la mayoría de las formaciones sociales de base étnico-campesina que se oponían al desarrollo del Capitalismo parecen haber sido destruidas. Pero esta destrucción debemos entenderla en sentido dialéctico, es decir, que esos distintos modos de producción fueron integrados a la lógica del Capital como contradicciones emergentes, en un proceso paulatino que se inicia en la etapa colonialista y culmina en nuestros días.

Así, encontramos en la actualidad ejemplos como el de China, un país con 1350 millones de habitantes, que cuenta con un mercado potencial para las marcas extranjeras de 250 millones de personas (clases medias y acomodadas), localizadas en las ciudades grandes y medianas. Quedan excluidas de este mercado, la clase trabajadora, que muestra una fuerte preferencia por las marcas locales; y las zonas rurales (70% del total), donde los individuos perciben un salario entre 15 y 40 dólares al mes (Casaburi y Sánchez 2010). Este ejemplo nos muestra una de las contradicciones insalvables del Capitalismo, que ofrece a los pueblos un estilo de vida basado en la individualización y el consumo de sus productos manufacturados, pero que no les proporciona los medios económicos suficientes para acceder a ellos. 

De esta manera, la individualización de la cotidianidad y la idea de avance social a través del progreso material en un ambiente hostil de competencia a todos los niveles de las relaciones sociales, constantes flujos migratorios, saqueo de los recursos naturales comunitarios, incertidumbre, violencia, represión y explotación económica, no son capaces de generar seres humanos plenos, por lo que la tradición o legado cultural, se convierte en un referente de identidad, incluso en un arma de lucha política y social de esas mismas formaciones sociales o conjuntos de comunidades, que se rearticulan para constituirse en oposición interna al Capitalismo de esta época. 


Bonfil Batalla, en su célebre publicación (1994:11), señalaba que los pueblos del México profundo crean y recrean continuamente su cultura, la ajustan a las presiones cambiantes, refuerzan sus ámbitos propios y privados, hacen suyos elementos culturales ajenos para ponerlos a su servicio, reiteran cíclicamente los actos colectivos que son una manera de expresar y renovar su identidad propia; callan o revelan, según una estrategia afinada por siglos de resistencia.

Se recurre entonces, a los legados históricos, plenos de significados, aun cuando estos mismos se encuentren atravesados por contenidos opresivos como el patriarcado, el etnocentrismo y el dogmatismo religioso.

Es en esta lucha –en la que el Capitalismo es predominante-, en la que observamos la disolución completa de muchas comunidades etnológicas, otras resisten apelando a la tradición y unas más -ya integradas plenamente-, ceden elementos de su cultura como las tierras y bosques, los lugares sagrados, las zonas arqueológicas, los platillos, el vestido, la música; para ser convertidos por el Capital en mercancías exóticas dirigidas al turismo y al mercado internacional.

De esta manera, la lucha proletaria, sustentada en la conciencia de clase, no constituye la única oposición al Capitalismo, aunque sí, su contradicción fundamental, interactuando y mezclándose dinámicamente con esos otros proyectos alternativos de sociedad, aunque de carácter conservador, que se constituyen en contradicciones secundarias. Como las definiría Marx en el mismo Manifiesto:

De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar.
Los estamentos medios –el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino-, todos ellos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales estamentos medios. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Más todavía, son reaccionarios, ya que pretenden volver atrás la rueda de la historia. Son revolucionarios únicamente por cuanto tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado, defendiendo así, no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, por cuanto abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los del proletariado (Marx 1983:38).

Esta argumentación alcanza a las luchas religiosas, feministas, ambientalistas y estudiantiles, de carácter multiclasista; derivadas de las contradicciones internas del Capitalismo de nuestra época, que intentan alcanzar sus objetivos de inclusión, reconocimiento, equidad de género, respeto por el ambiente y educación pública gratuita, dentro de un sistema depredador que en su naturaleza no concibe la convivencia entre los seres humanos y la armonía con su entorno físico, sino que sólo manifiesta compulsión por la acumulación de riqueza material, aun a costa de la destrucción de regiones y poblaciones enteras de seres humanos.

También en el ámbito intelectual surgen voces críticas al Capitalismo, pero que terminan planteando salidas conservadoras:

Ante la amenaza de uniformidad… se reivindica la urgencia de volver a las raíces, de recobrar peculiaridades y afirmar diferencias, de hacer efectiva la pluralidad de la sociedad contemporánea, como riqueza irrepetible de la condición humana (Tovar 1994: 532).

Todas estas luchas pueden abandonar la franca y estoica resistencia; y proveerse de un bagaje teórico descolonizador, opuesto al Capitalismo, que depure su legado histórico-cultural con un sentido revolucionario, a través de la perspectiva socialista, cuyo objetivo es construir un sistema social a nivel planetario en el que el trabajo sea liberado, sus productos equitativamente distribuidos y en el que cada grupo humano tenga cabida para desplegar su producción económica y su cultura en forma armónica con la naturaleza.

Avanzado el siglo XXI, la lucha de clases a nivel mundial es más que evidente. El Capital continúa su expansión a costa del trabajo de millones de personas, las cuales, lejos de mejorar su calidad de vida, se siguen empobreciendo y buscan la manera de oponerse organizadamente. La disyuntiva, se establece entonces, entre seguir resistiendo indefinidamente a través de generaciones, apelando al legado histórico-cultural, o desarrollar una praxis científica y transformadora que conduzca a la destrucción del Capitalismo, tarea que sólo puede ser realizada por las diversas corrientes marxistas.

                 

Habría que señalar que el Capitalismo no sólo provoca degradación humana, genera también conciencias internacionalistas o globales que manifiestan su solidaridad con los trabajadores explotados, los que sufren discriminación, los que padecen guerras, hambre y con los que enfrentan desastres en otras latitudes. En la dictadura del mercado también se construye una identidad planetaria que es consciente de los peligros ambientales que conlleva la explotación desmedida de los recursos naturales. 

Al correr la primera mitad del Siglo XXI, otro mundo es posible y necesario. La historia continúa… y ésta es la principal promesa para el presente siglo.




BIBLIOGRAFÍA
ADAMS, Richard N.
1994 Las etnias en una época de globalización, De lo local a lo global. Perspectivas desde la antropología, Departamento de Antropología, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, México, pp. 103-126.
ARTIS, Gloria y Manuel Coello
1982 ¿Indigenismo sin indigenistas? ¿Existe una antropología marxista?, Andrés Medina (compilador), Serie antropológica: 34, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 67-82.
ATTALI, Jacques
1992 Milenio, Seix Barral, México, 109 p.
AUGÉ, Marc
1993 Los ‘no lugares’ espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, Gedisa, Barcelona, España, 125 p.
BAUMAN, Zygmunt
1969 Tiempos modernos, marxismo moderno, Marxismo y sociología. Perspectivas desde Europa oriental, Peter L. Berger (compilador), Amorrortu editores, Buenos Aires, Argentina, pp. 17-31.
BONFIL BATALLA, Guillermo
1994 México profundo: una civilización negada, Grijalbo, México.
CASABURI, Ivana y Manuel Sanchez Monasterio
2010 La globalización de los mercados y el consumidor chino, Documento electrónico, http:/segmento.itam.mx/Administrador/Uploader/material/39-02-La%20globalizacion%20de%20los%20mercados%20y%20el%20consumidor%20chino.pdf, accesado el 20 de Mayo de 2010.
CHAKRABARTY, Dipesh
2008 Al margen de Europa. Pensamiento poscolonial y diferencia histórica, Tusquets Editores, Barcelona, pp. 57-80.
HANNERZ, Ulf
1992 Cosmopolitas y locales en la cultura global, Alteridades, año 2, núm. 3, México, pp. 107-115.
KOHAN, Néstor
2003 Marx en su (Tercer) Mundo. Hacia un socialismo no colonizado, Segunda Edición (corregida y aumentada): La Habana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan marinillo, pp. 127-139.
LENIN, Vladimir I.
1976 El imperialismo, fase superior del capitalismo, Obras escogidas, Progreso; Ediciones de Cultura Popular, México, pp. 169-271.
LEVITT, Theodore
1983 The globalization of  the markets, Harvard business review, May/june.
MARX, Karl
1983 El manifiesto comunista, Colección Los grandes pensadores núm. 6, Sarpe, Madrid, España, pp. 25-61.
1989 Formaciones económicas precapitalistas, Eric J. Hobsbawn (introducción), Siglo XXI, México, 119 p.
MORENO TOSCANO, Alejandra
2002 La era virreinal, Historia mínima de México, El Colegio de México, pp. 53-74.
ORTIZ, Renato
1996 Otro territorio, Antropología núm. 12, oct, Madrid, España, pp. 5-21.
PÉREZ CASTRO, Anabella
1982 Penetración del capitalismo en las comunidades indígenas ¿Existe una antropología marxista?, Andrés Medina (compilador), Serie antropológica: 34, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, 1982, pp. 83-98. 
TOVAR, Rafael
1994 Modernización y política cultural, Fondo de Cultura Económica, México.   


martes, 31 de marzo de 2015

El caos sistémico se instala en Sudamérica



Raúl Zibechi 
Publicado en La Jornada el 20 de marzo de 2015.
 

Propongo entender la coyuntura por la que atraviesa Sudamérica como el ingreso de la región en la situación de caos sistémico que atraviesa el mundo. Postulo que las manifestaciones del pasado fin de semana en algunas grandes ciudades de Brasil y el acoso interno y externo que sufre el gobierno de Venezuela encarnan un salto cualitativo en esa dirección, en la que se despliegan cuatro grandes fuerzas cuyas fricciones y choques conforman una situación de creciente caos.

La primera frase del informe Tendencias globales hacia 2030, emitido por el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos en 2012, destaca que en 2030 el mundo habrá sufrido cambios radicales y que ningún país ostentará la hegemonía global. El quinto informe de la agencia concluye que el poder se ha desplazado hacia el este y el sur y que el espacio económico y estratégico asiático habrá superado al de Europa y Estados Unidos juntos. Estamos en plena transición hacia ese mundo.

Con base en esa previsión, las élites estadunidenses se aferran al análisis de su principal geoestratega, Nicholas Spykman. Más de la mitad de su obra America’s strategy in world politics, publicada en 1942, está dedicada al papel que debe jugar la potencia en América Latina, y en particular, en Sudamérica. Como bien lo recuerda el cientista político brasileño José Luis Fiori, la clave es la separación de una América Latina mediterránea del resto, que incluye México, Centroamérica, el Caribe, Colombia y Venezuela, como una zona donde la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada, un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Washington.

El resto de Sudamérica, los países fuera de la zona de su inmediata hegemonía, tienen un trato sólo parcialmente diferente. Spykman plantea que si los grandes estados del sur (Argentina, Brasil y Chile) se unieran para contrabalancear la hegemonía estadunidense, se les debe responder mediante la guerra. Fiori se lamenta de que los países de la región, y particularmente Brasil, no tengan esto tan claro como la superpotencia (Valor, 29/1/14).

La hegemonía estadunidense, en ambas zonas, está siendo socavada por tres fuerzas: China, los gobiernos progresistas y los movimientos populares. En conjunto, tenemos cuatro fuerzas en disputa cuya colisión definirá el escenario latinoamericano por largo tiempo. De algún modo, representan los papeles que tuvieron españoles (y portugueses), ingleses, criollos y sectores populares durante las independencias.

La primera de esas fuerzas, Estados Unidos, cuenta con poder militar, económico y diplomático, además de aliados poderosos, como para desestabilizar a quienes se le opongan. Ciertamente, ya no tiene un poder casi absoluto como el que le permitió encadenar golpes de Estado para disciplinar la región a su antojo en los años 60 y 70.

La segunda fuerza, China, está desplegando básicamente poder económico y financiero. Ha realizado fuertes inversiones en Venezuela, Argentina y Ecuador, mantiene relaciones importantes con Brasil y Cuba, y adelanta proyectos arriesgados (para Estados Unidos) como el canal de Nicaragua, que competirá con el de Panamá. El primer Foro China-CELAC, celebrado en enero en Pekín, es una muestra del avance de las relaciones chinas con América Latina y anuncia que este proceso no se va a detener.



La tercera fuerza, los gobiernos progresistas, es la más vacilante y contradictoria. Por un lado, se apoyan en los países emergentes, sobre todo China, y en menor medida Rusia. Por otro lado, se apoyan en el modelo extractivo, que implica alianza con China (y otros), pero, sobre todo, es un modo de acumulación que fortalece a las derechas y a las burguesías, así como el modelo industrial fortalecía a trabajadores, sindicatos y partidos de izquierda.

El rentismo petrolero venezolano necesita de intermediarios separados de los trabajadores, sean gestores, administradores o militares. Brasil es un buen ejemplo. El extractivismo minero/soyero/inmobiliario debilita a los movimientos, le da más poder y fuerza a las multinacionales y a los especu­ladores urbanos, a tal punto que sus más conspicuos representantes están en el gabinete de Dilma Rousseff. Continuar con el modelo extractivo es un suicidio político. Polariza a la sociedad y aleja a los sectores populares de las izquierdas. No genera corrupción: es corrupción, porque se basa en el despojo de campesinos y pobres urbanos.

Para la cuarta fuerza, los sectores populares organizados, que son el eje de este análisis, el extractivismo/acumulación por despojo/cuarta guerra mundial es una agresión permanente a sus modos de vida y sobrevivencia. La gran novedad de los dos últimos años es que progresivamente se están autonomizando de los gobiernos progresistas, en gran medida a consecuencia del modelo imperante, que los condena a ser dependientes de las políticas sociales, afectando su dignidad.

Esas políticas están perdiendo su capacidad de disciplinar, como quedó demostrado en Brasil en junio de 2013 y cada vez más en toda la región. Los nuevos-nuevos movimientos que están emergiendo, sumados a los viejos movimientos que han sido capaces de reinventarse para seguir en la pelea, están reconfigurando el mapa de las luchas sociales.

Si los gobiernos progresistas persisten en su alianza con los emergentes y con franjas de las burguesías de cada país, seguirán ensanchando la brecha que los separa de los sectores populares organizados. Los movimientos de los de abajo son la única fuerza capaz de derrotar el actual ascenso de las derechas y la injerencia estadunidense.

Así como el ciclo de luchas de finales de los 90 y comienzos de 2000 deslegitimó el modelo neoliberal, sólo un nuevo ciclo de luchas puede volver a modificar la relación de fuerzas en la región. Como demuestra el caso de Brasil luego de junio de 2013, los gobiernos progresistas se muestran temerosos de los movimientos autónomos y prefieren tejer alianzas con los poderes conservadores.

Hombres del Quinto Mundo (Documental completo)


Bajo la denominación de aborígenes australianos se engloba un gran número de tribus que habitaban el continente oceánico antes de la llegada del hombre occidental. En este episodio uno de los ancianos que preservan la cultura aborigen nos mostrará los elementos más relevantes de una cultura que lucha por no desaparecer.

De su mano conoceremos los rituales en los que se toma contacto con el mundo paralelo en el que los dioses, los espíritus y los hombres viven juntos. Conoceremos el papel fundamental que ejerce el digeridu, un instrumento musical empleado en los estos rituales. Veremos cómo es fabricado por los propios músicos, que nos hablarán de la compleja técnica que utilizan para hacerlo sonar.

Las pinturas rupestres de Ubi Rock abrirán la puerta que muestra la espiritualidad de estos pueblos en los que sus totems sagrados son referencia directa del mundo natural que les rodea. Analizaremos las pinturas que hoy día continúan realizando para representar sus sueños y la trascendencia de este arte pictórico.

Participaremos con ellos en la fabricación del famoso boomerang y en el banquete al que da paso la pesca de una tortuga gigante. Pero la comunidad aborigen nos mostrará también el lado más amargo de su vida: las reservas en las sus gentes parecen estar destinadas a una lenta extinción.




sábado, 28 de febrero de 2015

La destrucción de la conciencia en la Academia Nacional de las Ciencias de EE UU. Entrevista

    
                 


Marshall Sahlins · David H. Price 
24/03/13
 
El pasado viernes, Marshall Sahlins, un respetado antropólogo de la Universidad de Chicago, dimitió formalmente de la Academia Nacional de las Ciencias (NAS), la sociedad científica más prestigiosa de los Estados Unidos. Con este motivo, otro reputado antropólogo, David H. Price le entrevistó para CounterPunch.

Sahlins dice que dimitió debido a sus «objeciones a la elección de (Napoleón) Chagnon y a los proyectos de investigación militares de la Academia.» Sahlins fue elegido miembro de la Academia Nacional de las Ciencias en 1991. Para explicar su dimisión emitió el siguiente comunicado:

«Según la evidencia de sus propios escritos, así como el testimonio de otros, entre ellos los pueblos amazónicos y los académicos de la región, Chagnon ha ocasionado importantes daños a las comunidades indígenas en las que investigó. Al mismo tiempo, sus declaraciones «científicas» acerca de la evolución humana y de la selección genética para la violencia masculina –como en el famoso estudio que publicó en 1988 en Science– han demostrado ser superficiales y sin fundamento, lo que perjudica a la ciencia antropológica. En el mejor de los casos, su elección para la NAS ha sido un golpe intelectual y moral a parte de los miembros de la Academia. Tanto, que mi propia participación en la Academia se ha vuelto embarazosa.

Tampoco quiero participar en la ayuda y el apoyo que la NAS está proporcionando a la investigación en ciencia social para mejorar la actuación en combate de los militares de EE UU, teniendo en cuenta el peaje que los militares han pagado en sangre, riqueza y felicidad del pueblo norteamericano y el sufrimiento impuesto a otros pueblos en las innecesarias guerras de este siglo. Creo que si la NAS se implica en este tipo de investigación debería ser para estudiar como promover la paz, no como hacer la guerra.»

Napoleón Chagnon saltó a la fama a raíz se su trabajo de campo entre los yanomami (también conocidos como yanomamo) en las selvas lluviosas de la cuenca del Orinoco al nordeste de Sudamérica, en los años 1960 y 70. Escribió una etnografía, que fue un bestseller, que se utilizó en las clases introductorias de antropología en todo el mundo, en la que describía a los yanomami como un «pueblo violento» debido a los elevados niveles de guerra, intra e inter grupo,  observados durante su trabajo de campo, propensión a la guerra que describía como innata y representativa de la humanidad en una especie de imaginado estado natural.


Actualmente Chagnon está disfrutando de su celebridad en una gira nacional para el lanzamiento de un libro (Nobel Savages) en el que pinta al grueso de los antropólogos norteamericanos como cretinos postmodernos anti-ciencia y con el cerebro reblandecido, enzarzados en una guerra contra la ciencia.

La verdad es que, excepto en el espacio distorsionado del New York Times y otros pocos medios por el estilo, no hay ninguna «guerra científica» en la antropología. Por el contrario, el amplio rechazo del trabajo de Chagnon por parte de muchos antropólogos tiene que ver con la baja calidad de su investigación. En su blog Anthropomics, el antropólogo Jon Marks describía recientemente a Chagnon como un «antropólogo incompetente», añadiendo:

“Permítanme que les aclare mi utilización de la palabra «incompetente». Sus métodos para recoger, analizar e interpretar los datos no pueden considerase como una práctica antropológica aceptable. Es verdad que vio a los yanomamo haciendo cosas desagradables. Pero al concluir de sus observaciones que los yanomamo son innata y primordialmente «violentos» ha perdido su credibilidad antropológica porque no ha demostrado nada en este sentido. Tiene derecho a sus puntos de vista, como lo tienen los creacionistas y los racistas, pero la evidencia no apoya la conclusión, lo que la hace científicamente incompetente”. 

El amplio rechazo de las interpretaciones de Chagnon entre los antropólogos proviene de la poca calidad de su trabajo y de la orientación sociobiológista de su análisis, no de una oposición a la ciencia.

Entre los más acérrimos críticos de Chagnon se encuentra el director de mi tesis doctoral, el antropólogo Marvin Harris, él mismo un archipositivista y gran defensor del método científico. Sin embargo, Harris rechazó a Chagnon y sus resultados sociobiológicos en unos duros debates académicos que duraron décadas, no porque Harris fuera anti-ciencia, sino porque Chagnon era un mal científico (quiero señalar que Harris y Sahlins también tuvieron debates famosos sobre diferencias teóricas fundamentales; no obstante ambos están de acuerdo al objetar la militarización de la disciplina y en el rechazo del trabajo sociobiológico de Chagnon).

Supongo que si realmente hubiera batallas a favor o en contra de la ciencia dentro de la antropología, me encontraría en el campo de la ciencia como el que más; pero si realmente existieran tales divisiones no estaría más dispuesto a aceptar la validez y fiabilidad (las señales distintivas de la buena ciencia) de los hallazgos de Chagnon que los de aquellos que supuestamente rechazan los fundamentos de la ciencia.

En el 2000 hubo, en efecto, una crisis importante y muy dolorosa en la Asociación Antropológica Americana a raíz de la publicación del libro de Patrick Tierney, Oscuridad en El Dorado, en el que se hacían numerosas acusaciones de explotación (y aún peor) contra Chagnon y otros antropólogos que trabajaban con los yanomami (ver el ensayo de Bárbara Rose Johnston sobre el film de José Padilla, Secretos de la Tribu). Sin entrar en todos los detalles y rodeos que fueron necesarios para demostrar el daño hecho por Chagnon y la insuficiencia de sus conclusiones, baste con decir que la decisión de ofrecer uno de los puestos más selectos de la Sección 51 de la Academia Nacional de las Ciencias al Dr. Chagnon es una ofensa a un amplio grupo de antropólogos, se identifiquen o no a sí mismos como científicos.

La dimisión de Marshall Sahlins es una heroica denuncia contra la subversión de la ciencia por parte de aquellos que declaran que la violencia humana es naturalmente innata, así como una oposición a la creciente militarización de la ciencia. Aunque las credenciales de Sahlins como activista contra la militarización del conocimiento están bien establecidas –es ampliamente reconocido como el creador del «teach-in» como forma de protesta, que organizó por primera vez en febrero de 1965 en la Universidad de Michigan– no le debe haber resultado fácil dimitir de este prestigioso puesto.

A finales de 1965 Sahlins viajó al Vietnam para conocer de primera mano la guerra y los norteamericanos que luchaban en ella, siendo su resultado su fundamental ensayo «La destrucción de la conciencia en Vietnam». Se convirtió en una de las voces más lúcidas y fuertes contra los esfuerzos (en la Norteamérica de los años 60 y 70 y luego, otra vez, después de los 09/11) para militarizar la antropología.

En 2009 participé en una conferencia en la Universidad de Chicago, que examinaba críticamente los renovados esfuerzos de las agencias militares y de espionaje de EE UU para utilizar datos antropológicos en campañas contra-insurgencia. La ponencia de Sahlins en la conferencia argumentaba que «en Vietnam la famosa estrategia contra-insurgente fue buscar y destruir; aquí es investigar y destruir. Quizás sea una buena noticia que la apropiación militar de la teoría antropológica es incoherente, simplista y pasada de moda –por no decir tediosa– incluso si sus protocolos etnográficos para estudiar la sociedad y la cultura local son fantasías imposibles».

Anteayer, Sahlins me envió un correo electrónico, que había estado circulando entre los miembros de la Sección 51 (Antropología) de la NAS, que anunciaba  dos nuevos «proyectos de consenso» bajo el patronazgo del Instituto de Investigación del Ejército. El primer proyecto examinaba «El contexto del entorno militar : los factores sociales y organizacionales», el segundo «La medida de las capacidades humanas: el potencial de actuación de individuos y colectivos». Leyendo el anuncio de estos proyectos enviado por Sahlins está claro que los militares buscan la ayuda de los científicos sociales, que pueden orientar las operaciones militares utilizando la ciencia social y la ingeniería social, para hacer posible que unidades intercambiables de personas que trabajan en proyectos militares interactúen sin problemas. Este parece ser cada vez más el papel que los norteamericanos asignan a los antropólogos y otros científicos sociales: el de mediador militar.

He aquí el intercambio que tuve con Sahlins sobre su dimisión, la elección de Chagnon a la Academia Nacional de las Ciencias y las  relaciones de la Academia con los proyectos militares.

Price: ¿Como ha conseguido Chagnon que los numerosos ataques a su investigación éticamente preocupante y a sus métodos y conclusiones científicamente cuestionables, se hayan convertido en algo que es ampliamente considerado como un ataque a la ciencia en sí misma ?

Sahlins: En el campo de Chagnon no se ha hablado de los temas, en especial de las críticas a sus supuestos resultados empíricos, como el artículo de Science de 1988 y las numerosas críticas de los antropólogos amazónicos a su superficial etnografía y su retrato perversamente distorsionado de los yanomami. Estos científicos pro-Chagnon simplemente rechazan discutir los hechos etnográficos. En vez de esto lanzan ataques ad hominem: antes era contra los marxistas, ahora contra los «humanistas desorientados». Mientras, intentan presentarlo como una persecución ideológica anti-ciencia. De nuevo, irónicamente, desviando el tema para eludir la discusión de los hechos empíricos. Mientras, el importante daño, físico y emocional, inflingido a los yanomami, además de la mezquina instigación a la guerra de sus métodos de trabajo, se ignoran completamente en nombre de la ciencia. Investiga y destruye, como califiqué el método. Un absoluto escaqueo moral.

Price: La mayor parte de la publicidad que gira alrededor de su dimisión de la Academia Nacional de las Ciencias se centra, o bien en la elección de Napoleón Chagnon a la Asociación, o en las supuestas «guerras científicas» en la antropología, mientras que los medios han prestado muy poca atención a sus declaraciones contra las crecientes relaciones de la NAS con los proyectos militares. ¿como reaccionaron los miembros de la Sección 51 de la NAS a la convocatoria de octubre 2012 dirigida a los miembros de la Academia para la realización de investigaciones con el objetivo de mejorar la eficacia de las misiones militares ?

Sahlins: La Academia Nacional de las Ciencias como tal no realizaría la investigación. Más bien alistaría gente de sus diversas secciones –como en las notas de la sección 51– y así participaría probablemente en la revisión de los informes antes de su publicación. El Consejo Nacional de Investigación es quien organiza realmente la investigación, obviamente en colaboración con la NAS. Aquí tenemos otro tentáculo de la militarización de la antropología y otras ciencias sociales, del que tenemos un ejemplo familiar en el Sistemas de Territorio Humano, que es tan pérfido como insidioso.

Price: ¿Hubo algún tipo de diálogo entre los miembros de la Sección 51 de la NAS cuando se publicaron estas convocatorias para estos nuevos proyectos financiados por el Instituto de Investigación del Ejército ?

Sahlins: No he tenido acceso a ningún tipo de correspondencia, si es que hubo alguna, lo ignoro, ya sea entre los funcionarios de la Sección o entre los miembros.

Price: ¿qué reacciones ha recibido de parte de otros miembros de la NAS, si es que ha habido alguna ?

Sahlins: Virtualmente ninguna. Alguien dijo que yo siempre he sido contrario a la sociobiología.

Price: combinando temas que impregnan las declaraciones de Chagnon sobre la naturaleza humana, y el apoyo de la Academia Nacional de las Ciencias a la ciencia social al servicio de los proyectos militares norteamericanos; ¿puede hablarnos del papel de la ciencia y de las sociedades científicas en una cultura, como la nuestra, tan centralmente dominada por la cultura militar?

Sahlins: Hay uno o dos párrafos en mi panfleto sobre Las ilusiones occidentales sobre la naturaleza humana, del que no tengo ahora ninguna copia, que cita a Rumsfeld respecto  a que (parafraseando a una frase del guión de la película Full Metal Jacket) dentro de cada musulmán del Oriente Medio hay un norteamericano en potencia, un americano amante de la libertad por su propio interés y que no tenemos más que ayudarla a salir o sacar a la fuerza los demonios que están imponiendo otras ideas en sus mentes (ver la pag. 42 de Sahlins; Las ilusiones occidentales sobre la naturaleza humana). ¿Acaso la política global norteamericana, especialmente la política neo-con, no está basada en la confusión entre la ambición capitalista y la naturaleza humana? No hay más que liberarla de sus ideologías equivocadas e impuestas externamente. En cuanto a las alternativas, ver el panfleto mencionado anteriormente sobre el parentesco único y universal y el pequeño libro que publiqué el pasado mes: Qué es parentesco – y qué no lo es.

Price: Usted menciona el deseo de que las tendencias fundamentalmente militaristas se conviertan en pacifistas. ¿Tiene alguna idea de que hacer para conseguirlo?

Sahlins: no he pensado en ello, probablemente porque la idea de que la Academia Nacional de las Ciencias pueda hacerlo es impensable actualmente.

Hay una creciente respuesta internacional en apoyo de la posición de Sahlins. Marshall recibió un mensaje, que me mostró, del profesor Eduardo Viveiros de Castro, del Museo Nacional de Río de Janeiro, en el que Castro escribía :

«Los escritos de Chagnon sobre los yanomami del Amazonas han contribuido enormemente a reforzar los peores prejuicios contra este pueblo indígena, que ciertamente no necesitan de este tipo de antropología seudo-científica estereotipada que Chagnon ha decidido seguir a coste de ellos. Los yanomami son cualquier cosa excepto los robots socio-biológicos, crueles y desagradables que pinta Chagnon – que probablemente proyecta su percepción de su propia sociedad (o personalidad) en los yanomami-. Hay indígenas que, contra todo pronóstico, han conseguido sobrevivir de acuerdo con sus tradiciones en una Amazonia cada vez más amenazada por la destrucción medioambiental y social. Su cultura es original, robusta e inventiva ; su sociedad es infinitamente menos «violenta» que las sociedades brasileña o norteamericana.
Prácticamente todos los antropólogos que han trabajado con los yanomami, muchos de ellos con mucha más experiencia de campo entre esta gente que Chagnon, encuentran objetables (por decirlo suavemente) sus métodos de investigación y fantástica su caracterización etnográfica. La elección de Chagnon no honra a la ciencia norteamericana ni a la antropología como disciplina y, además, es de mal augurio para los yanomami. Por lo que a mí respecta considero a Chagnon como un enemigo de los indios amazónicos. Tengo que felicitar al profesor Sahlins por su valiente y firme posición en defensa de los yanomami y de la ciencia antropológica».

No nos queda más que preguntarnos que será de la ciencia, ya sea practicada con una «C» mayúscula (a veces ciega) o con una variedad inquisitiva en minúscula, si quienes cuestionan algunas de sus prácticas, errores de aplicación y resultados son cada vez más marginalizados, mientras que aquellos cuyos resultados se alinean con nuestros valores culturales guerreros, más extendidos, son bienvenidos. Cuando la NAS toma partido por una figura tan  divisiva como Chagnon y demoniza a sus críticos pretendiendo que atacan no sus prácticas y teorías sino a la misma ciencia, está dañando la credibilidad de estos científicos. Es lamentable que la Academia Nacional de las Ciencias se haya puesto a sí misma en esta difícil situación.

La dinámica de este tipo de disensiones no se limita a este pequeño segmento de la comunidad científica. En su ensayo de 1966 sobre «La destrucción de la conciencia en Vietnam» Sahlins argumentaba que para poder continuar la guerra, EE UU tenía que destruir su propia conciencia –que enfrentarse a quienes han sido destruidos por nuestras acciones era demasiado duro para la nación, que era una forma de mostrarse al desnudo, y escribía: «La conciencia debe destruirse: tiene que terminar en la mira del rifle, no puede acompañar a la bala. Así, toda la lógica a su alrededor desaparece en los antecedentes. Se convierte en una guerra con un objetivo trascendente y en este tipo de guerra todos los esfuerzos en el lado de Dios son virtuosos y todas las muertes son, por desgracia, necesarias. El fin justifica los medios».

Estamos ante una situación trágica cuando la buena gente con conciencia ve como única alternativa la dimisión; pero, a veces, decisión de dimitir es la forma de protesta más valiente.





Marshall Sahlins, patriarca de la antropología en EE UU, profesor emérito de las Universidades de Columbia y Michigan, realizó intensos estudios de campo en Melanesia y Polinesia,. En los años 70, inspirándose y continuando la obra de Karl Polanyi, revolucionó la concepción del neolítico con su Economía de la Edad de Piedra (Akal, 1983). En los años 90, fue el principal crítico de la sociobiología en Uso y Abuso de la biología: crítica antropológica de la Sociobiología (Siglo XXI, 1990).  David H. Price es profesor de antropología en la Universidad de Sant Martin, en Lacey, Washington. Es el autor de La militarización de la antropología : la ciencia social al servicio del Estado militarizado, publicado por Counter Punch Books. 

Traducción para www.sinpermiso.info: Anna María Garriga Tarré

lunes, 23 de febrero de 2015

Reseña de "El capitalismo histórico" de Immanuel Wallerstein. Un lúcido y brillante análisis del Capitalismo

Luis Roca Jusmet




El capitalismo histórico
, de Immanuel Wallerstein, Traducción de Pilar López Mañez, Madrid, S.XXI, 2012


Immanuel Wallerstein es un analista clave para entender la sociedad en que vivimos. Lo es desde la perspectiva rigurosa, clara y crítica de un científico social que niega la división de las dos culturas, la científica y la humanística. Y que plantea una concepción integrada de todas las ciencias sociales: lo que él llama la sociología histórica. Esta sociología no sólo no está separada de la historia sino que además rompe las barreras entre la antropología, la sociología, la economía y la política. Porque esta división lo que marca una concepción del saber que se corresponde con el tipo de sociedad que emerge a partir del siglo XV y que ya está globalizada el siglo XIX. Esta sociedad es lo que Wallerstein llama un Sistema-Mundo. Con este término se refiere a un tipo de sociedad que tiende a la máxima expansión, a un dominio global. Hasta ahora estos sistemas eran los Imperios, que estaban basados en un poder político absoluto. Pero el Sistema-Mundo moderno es una Economía-Mundo. Esto quiere decir que su dominio no es político sino económico. Este dominio económico es impersonal, es la lógica que rige el funcionamiento del sistema, que es el de la acumulación de capital. Todo se ha ido ordenando alrededor de esta finalidad, que es totalmente irracional.

En contra de otros planteamientos, Wallerstein no cree que lo esencial del capitalismo sea su naturaleza de economía de mercado. En este sentido sigue la línea del historiador Fernand Braudel y el economista Karl Polanyi al considerar que el capitalismo es, en cierta forma, una economía anti-mercado. Lo es en la medida en que la lógica del sistema tiende al oligopolio o al monopolio y no a la libre competencia. Aunque lo que sí es cierto es que esta acumulación de capital la realiza a partir de una mercantilización progresiva de todos los elementos sociales. Otra cosa es lo que dice el liberalismo, que es una ideología que oculta más que muestra el funcionamiento real del capitalismo. Aquí es fundamental entender el papel del Estado, pieza fundamental para garantizar este mecanismo. El Estado es ambivalente. Aunque pueda recoger los frutos de los movimientos reivindicativos (a los que él llama antisistémicos) y ser así un elemento de redistribución de los recursos, no hay que olvidar su papel fundamental. El Estado crea las infraestructuras (de comunicación, de información, de energía..), las fronteras y la legalidad que necesita el capitalismo. Tiene además el monopolio de la violencia, que le permite garantizar el orden interno centrado en la propiedad privada (policía) como la competencia por los mercados (ejército) . Pero también se dedica a socializar las pérdidas de los oligopolios y los monopolios a través de subvenciones, los beneficios fiscales o simplemente inyectandoles el dinero que necesitan para seguir acumulando capital. Hoy más que nunca me parece que es evidente esta última afirmación. Otro elemento fundamental en el planteamiento de este gran sociólogo es la división entre países centrales y países periféricos. No se trata de algo contingente o accidental sino de algo sustancial. Hay un intercambio desigual que hace que las clases trabajadores de los países centrales recojan una parte del beneficio del excedente de esta relación de dominio de unos países sobre otros. Aunque aquí hay que decir que no es justo atribuir a Wallerstein la sustitución de la lucha de clases por la lucha entre países. Son dos aspectos del sistema que hay que entender de manera entrelazada como manifestaciones de la lucha de clases. La realidad es compleja, aunque sea más fácil verla de manera simplificada.

En este denso resumen que Immanuel Wallerstein hace en este libro de sus propias teorías hay otros aspectos que vale la pena remarcar. En primer lugar su noción de estructura dinámica, de crisis y de bifurcación. Estos conceptos los extrae de un científico que es Ilya Prigogine. Como él mismo este Premio Nobel de Química quiso trazar un puente entre las ciencias naturales y las sociales. Una estructura dinámica es un sistema ordenado de una determinada manera. Cada estructura tiene un inicio, una desarrollo, una crisis y dos salidas posibles. Aplicado a la sociedad humana la historia es la transformación de estructuras (larga duración) o lo que ocurre en cada estructura (corta duración). En este proceso no se contempla la idea de revolución porque un sistema se acaba por sus propias contradicciones internas y es en este momento cuando la acción humana decide cual será la salida. El capitalismo no fue resultado de una revolución burguesa, que según Wallerstein nunca existió, sino de una salida favorable a los grupos más poderosos del feudalismo, que se transformaron en la nueva burguesía. Otra opción hubiera sido la formación de comunidades más igualitarias de pequeños propietarios. El capitalismo llegará pronto a su fin porque es incapaz de resolver sus contradicciones internas. Será la lucha entre las élites económicas y los movimientos antisistémicos la que decidirá lo que vendrá después, que puede ser mejor o peor en función de quien gane la lucha. Sí se le puede criticar a Wallerstein la poca precisión de este término, por lo menos tal como aparece en el libro al situar en un mismo plano el nacionalismo y el socialismo (que por otra parte tiene un contenido muy poco matizado).

Desde el punto de vista ideológico el capitalismo es paradójico porque vive la tensión entre el universalismo y el particularismo. Su universalismo es el del mercado y el de la ciencia. Su particularismo es el del nacionalismo, el racismo y el sexismo. Wallerstein es contundente: el racismo es un invento del capitalismo para justificar las desigualdades económicas. Antes del capitalismo existió xenofobia, no racismo. Respecto al sexismo también sostiene que nunca fue tan claro como con el capitalismo, donde se convierte a la mujer en un ser improductivo y se forma una familia nuclear patriarcal. Aquí, evidentemente, habría mucho que discutir porque en lo que respecta al sexismo lo cierto es que el capitalismo ha sobrevivido a la crisis del patriarcado en los países centrales. Respecto al racismo habría aquí toda una reflexión sobre si hay un racismo cultural que es herencia del racismo genético.

Wallerstein no es marxista. Respeta a Marx pero considera que tuvo sus aciertos y sus errores, como podemos comprobar por los comentarios anteriores. Pero quizás la diferencia básica es que para Wallerstein el capitalismo no tuvo un carácter progresivo. Es un sistema totalmente irracional, sin ninguna función histórica y que ha empobrecido a la mayor parte de los habitantes del planeta, que viven peor que antes. Tampoco es comunista, ya que para él el llamado socialismo real no fue nunca una alternativa a la Economía-Mundo capitalista. Esta es una de las contradicciones de los movimientos antisistémicos: al tomar el poder del Estado se acaba convirtiendo en una pieza más dentro del sistema global. Esta afirmación es, sin duda, un escándalo para muchos sectores de la izquierda.

Quizás esta reseña sea un resumen del propio resumen que es en sí mismo el libro, sobre todo de su monumental estudio El moderno sistema mundial. Pero no puedo evitar dar a conocer en estas líneas la teoría del quizás más importante analista crítico del capitalismo en el momento actual. Nacido en Nueva York en 1930 Immanuel Wallernstein completa su inmenso trabajo teórico ( con una indudable base empírica) con artículos y entrevistas sobre el momento presente. Comprometido en una posición claramente de izquierdas nos proporciona un material que es, bajo mi punto de vista, imprescindible para cualquiera que quiera entender lo que estamos viviendo hoy a nivel mundial. No es desde lo más simple como vamos entendiendo lo más complejo (los ilusorios “hechos” del positivismo) sino construyendo un marco global dinámico como podemos ir situando y entendiendo lo más concreto. 

domingo, 22 de febrero de 2015

El pensamiento de Karl Marx

El análisis de la sociedad y su profundo sentido humano llevó a Karl Marx durante el siglo XIX a plantear un nuevo sistema económico de producción en el que las riquezas y los bienes sociales pertenecerían a la clase trabajadora y no a un determinado grupo como sucede en el Capitalismo. Esta corriente de pensamiento fue asumida por los intelectuales y la clase trabajadora que impulsó la Revolución Bolchevique en octubre de 1917 en Rusia. A este proceso los filósofos lo consideran un ensayo..




lunes, 9 de febrero de 2015

Movimientos sociales, toma del poder y transformación del Estado





Miguel Ángel Adame Cerón

Dr. en Antropología, Profesor-Investigador de la Escuela Nacional 

de Antropología e Historia. (ENAH-INAH)

adameguel@yahoo.com.mx
 


Fragmento del libro Movimientos sociales, políticos, populares y culturales. La disputa por la democracia y el poder en el México neoliberal (1982-2013), Itaca, México, 2013, 157 p. que se presentó en la XXXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el domingo 22 de febrero de 2015.


Varios de los analistas e investigadores de las protestas, las movilizaciones, las resistencias, las luchas, los conflictos, las sublevaciones y los movimientos sociopolíticos y culturales de los últimos 30 años, han venido discutiendo la cuestión del sentido, la orientación y los objetivos implícitos y explícitos de dichas acciones colectivas. ¿En última instancia hacia dónde conducen (o hacia dónde conducir las luchas) y/o hacia dónde se dirigen (o hacia dónde dirigir sus propósitos) a mediano y largo plazos? Una de las tendencias influyentes respecto a dicha cuestión ha sido la de plantear que los nuevos movimientos han rechazado la necesidad de tomar del poder, se han alejado o distanciado de la famosa estrategia simplificada por Wallerstein (2008) como de dos pasos: tomar el poder y luego desde allí llevar las transformaciones políticas y socioeconómicas para construir una sociedad diferente u otro mundo (p. 142). 

Esto es, ya no se trata de enfocar y concentrar las fuerzas y los objetivos en la toma del poder estatal y luego implementar los cambios. Pero esta estrategia que se desarrolló durante el siglo XX, dicen varios analistas, fracasó estrepitosamente, por tanto ya no es opción para las luchas antisistémicas de hoy. E. Wallertsein señala: “Una vez que la etapa uno estaba completada, y ellos habían llegado al poder, sus seguidores esperaban que cumplieran la promesa de la etapa dos: ‘transformar el mundo’. Y lo que descubrieron, si es que no lo sabían ya, fue que el poder estatal era más limitado de lo que habían pensado” (p. 145). Es más –abundan los críticos de esta supuesta “estrategia revolucionaria”, como Jorge Alonso (2013)– las “revoluciones anteriores evidencian que han sido realizadas por los de abajo, pero que han sido usurpadas por los nuevos de arriba, por la verticalidad imperante en esos cambios, lo cual convirtió a estos últimos en un nuevo poder opresor. En cambio, la perspectiva de los de abajo que se oponen al margen [¡sic!] del capital y del Estado es la de proporcionar de manera paulatina una convergencia horizontal, que a largo plazo mediante nuevas formas de hacer política construya autónomamente una convivencia horizontal” (pp. 115-116). 

Y más concretamente: la revolución socialista (y la revolución de liberación nacional agregaría Wallerstein), como planteamiento teórico-práctico predominante del siglo XX, intentó la toma masiva y armada del poder para intentar desde ahí, producir cambios sociales estructurales que condujeran a un nuevo modo de producción, “pero fracasó pese a que insistía en que era indispensable recorrer un largo tramo de transición” (Alonso 2013, ídem). 

Ninguna de esas revoluciones que se llamaron socialistas creó un nuevo modo de producción. Los modos de producción estatuidos “no implicaron rupturas totales, sino que se asemejaron a cambios evolutivos” (Alonso, ídem); específicamente cambios unilineales. Por lo que Jorge Alonso (2013), siguiendo a John Holloway  señala que para los cambios no hay una línea prefijada y determinista sino que existe la multilinealidad que depende de la participación de los sujetos (p. 124). En efecto, no hay teleología determinista ni menos fatalista, sino un telos que brota de la participación, del nivel de conciencia y organización, de las necesidades y de las capacidades  histórico-concretas de los sujetos.

Lo planteado por los intelectuales de izquierda que están desencantados de las revoluciones “socialistas” fracasadas, traicionadas, simuladas, defraudadas, etc., de que existe una imposibilidad constatada históricamente (principalmente durante el siglo XX) de triunfo democrático y auténtico con la estrategia de la conquista o toma del poder del Estado capitalista, tampoco es cierta o tan cierta. Pues si bien es evidente, que no ha habido hasta ahora una revolución socialista-comunista que haya cumplido completamente la trasformación radical del modo de producción capitalista, sí ha habido ejemplos históricos no sólo durante el siglo XX, sino también durante el XIX, de revoluciones de corte socialista que han sido inicialmente exitosas en la estrategia de apoderamiento del poder central capitalista y de la implementación de un conjunto de medidas radicalmente democráticas. Esto lo señala adecuadamente el historiador y economista Carlos Aguirre Rojas (2012:169-194 y 2013: 131-160), refiriéndose  a la Comuna de París de 1871, a la Revolución Rusa de los Soviets de 1917, la República de los Consejos de Hungría y a las experiencias de los Consejos obreros alemanes, italianos y a la Revolución Cultural China. 

En estas experiencias revolucionarias y de control político sustancial (aunque más o menos breve en términos temporales debido a su posterior represión o deformación bajo condiciones de hostigamiento militar y económico de las burguesías nacionales e internacionales) por parte de esas instancias populares democráticas como las comunas, soviets, consejos y comités; se establecieron medidas radicales de ejercicio de poder popular que abonaron históricamente a la posibilidad real de concretarlas, continuarlas y ampliarlas. Nos referimos específicamente a las más básicas: la toma de decisiones colectivas, la gestión y administración colectiva de las funciones,  la elegibilidad, revocabilidad, rendición de cuentas, rotación y responsabilidad (en todos los momentos) de los representantes y/o delegados, vasos comunicantes abiertos y fluidos entre las instancias de toma y ejecución de decisiones; es decir, en la toma de poder central se ejerció ampliamente la democracia directa, participativa y amplificada en los diferentes órdenes y niveles del autogobierno popular.

Pero vamos por partes, respecto a las contundentes afirmaciones de Jorge Alonso hay que cuestionar varios aspectos, ¿a qué se refiere con los de abajo?, ¿quiénes son los nuevos de arriba que usurpan la revolución?, ¿se trata de los mismos sujetos o de otros?, ¿cuáles son las condiciones socioeconómicas, políticas, militares, geoestratégicas, demográficas, internacionales, etc., que hacen posible la usurpación? ¿sólo la verticalidad los convirtió en nuevos opresores?, ¿por qué dice que no se lograron rupturas totales sino cambios evolucionistas unilineales?, ¿la convergencia horizontal, la horizontalidad convivencial, la autonomía y ponerse al margen del capital y del Estado (suponiendo que esto último realmente se pudiera hacer en el capitalismo salvaje y globalizado actual) son ingredientes suficientes para agrietar el sistema capitalista y crear otro modo de producción?. Y para cerrar nuestras interrogaciones: ¿esta estrategia de cambiar el mundo, agrietarlo o fisurarlo desde abajo sin el apoderamiento del Estado-gobierno –podríamos preguntar devolviendo el cuestionamiento del investigador Jorge Alonso y al teórico J. Holloway­–  dónde y cuándo ha triunfado en la instalación de una sociedad poscapitalista o un modo de producción diferente al del capitalismo?

Bien, nos parece que la llamada estrategia de dos pasos, es una caricatura política de los procesos revolucionarios, y que como el mismo E. Wallerstein dice, las condiciones, contextos, situaciones y procesos histórico-concretos son mucho más complejos y han intervenido e intervienen factores diversos y múltiples: intranacionales, nacionales generales e internacionales; tales como: guerras, sitiamientos, crisis, relaciones interestatales, escaseces, falta de unidad, traiciones, rupturas, abusos, saqueos, recomposiciones sociopolíticas, crisis económicas, intervencionismos, autoritarismos, resistencias, dinamismo social, asambleísmos, frentes y convergencias, festividades, creatividad popular y social, etc., etc. 

El “asalto al cielo” es un gran y dialéctico complejo desafío, y hoy día bajo las paradójicas condiciones del dominio subordinante y decadente del capital mundial, desarrollar y efectivizar un proceso revolucionario nacional e internacional es un desafío titánico. Quizá sea históricamente el máximo y contradictorio desafío consciente en que se ha encontrado el género humano y las sociedades concretas contemporáneas: tan cerca de terminar con la prehistoria humana (es decir terminar con las desigualdades, limitaciones  e injusticas de las sociedades escasas y clasistas), pero tan difícil de realizar mediante las revoluciones necesarias, suficientes y definitivas (y la revolución socialista-comunista total) para terminar con el capitalismo y superarlo con gobiernos auténticamente populares que lleven a sociedades a terminar con la lucha de clases y las clases mismas (las desigualdades, la explotación del humano por el humano, las opresiones, las discriminaciones, la propiedad privada, las inequidades y miserias, etc.); que conduzcan firmemente hacia sociedades  emancipadas, ricas en fuerzas productivas y relaciones interhumanas de calidad, sociedades de libres asociaciones de colectivos e individuos, etc., etc.

Las revoluciones, en efecto, no se circunscriben a la toma del poder, y específicamente la revoluciones socialistas del porvenir tienen que basarse en  procesos y experiencias efectivas y amplias de autogestión en todos los planos y niveles  de la vida productiva y reproductiva, a nivel micro, meso y macro;  antes, durante y después de las tomas de poder. Se trata de desarrollar y crear revoluciones integrales o totales. Pero los fracasos del pasado no tienen que negarnos o cancelarnos –para nada, sino por el contrario enseñarnos- la posibilidad objetiva-subjetiva de realizar revoluciones exitosas y permanentes: ¡que cumplan  verdaderamente el objetivo magno de desaparición  y superación positiva de sociedades enajenadas y desarrollen la plenitud humana en todas sus dimensiones! Pero algo fundamental para el arranque de dichas revoluciones es que necesaria y obligadamente tienen que pasar de una u otra manera por la toma del poder estatal, puesto que dicho poder tiene que ser apropiado por las masas trabajadoras y populares y luego transformado radicalmente hasta disolverlo a mediano plazo. ¿Por qué?, porque el Estado y sus regímenes y formas de gobierno estatales son el resultado histórico de la división social del trabajo, de la formación de las clases y sectores sociales divididos y su confrontación y guerra en múltiples planos. El Estado encarna e instrumentaliza a nivel supraestructural y estructural el poder de las clases y sectores dominantes, y concentra y centraliza sus dispositivos que garantizan (no sin contradicciones entre ellas mismas y con los dominados) su poder hegemónico, su reproducción, su violencia, su opresión y su control; ya que desde el Estado clasista centralizan y monopolizan  burocrática y parasitariamente fuerzas y capacidades creadas y practicadas por el conjunto de la sociedad. 

El Estado es, pues, una maquinaria regulativa y amortiguadora compleja a nivel político, jurídico, ideológico, simbólico y también económico que está controlada, subsumida  y funciona a favor de los intereses económicos, militares, judiciales, legislativos, fiscales, comunicativos, educativos, científicos, tecnológicos, médicos, artísticos, de vigilancia, de formación familiar y de reproducción cotidiana de las clases y sectores hegemónicos y dominantes, que reprimen y aplastan en general las iniciativas, la creatividad y la vitalidad de la inmensa mayoría de la población (que pertenece a las clases, sectores y grupos dominados y subalternos populares). Específicamente, en el caso del Estado capitalista moderno que nos incumbe, velan primordialmente por los intereses y el hambre de despojo acumulativo plusvalórico de los sectores capitalistas imperialistas y de vanguardia; aunque, en lo global, velan por la reproducción simple y ampliada de todo el sistema capitalista mundial y sus expresiones geopolíticas macroregionales y nacionales, tratando de incidir en el  amortiguamiento de sus crisis y  sus excesos sobreproductivos; y buscando paliar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia intrínseca a este modo de producción. 

Eso no quiere decir que como parte de la guerra de clases no se puedan crear espacios, órganos, movimientos, redes, relaciones antisistémicas y de convivencia real y experimental autogestivas y autónomas; pues de eso se trata también en la lucha revolucionaria: de crear,  inventar  y recuperar formas y laboratorios experienciales comunitarios autogestivos (como las comunas radicales juveniles de los 60 a la actualidad[1], o como los caracoles y municipios autónomos neozapatistas en Chiapas) que mellen las relaciones privadas, mercantilizadas, autoritarias, atomizadas y egoístas capitalistas y que potencien la perspectiva y la vida alternativa anticapitalista y procomunista: enriqueciendo la cultura política antisistémica, vivenciando, intercambiando experiencias-saberes[2] y prefigurando en los hechos el nuevo modo de producción y reproducción socialista-comunista. Empero por más que puedan extenderse  y conectarse esos tejidos alternativos bajo condiciones harto complicadas y a contracorriente (insertadas y acosadas constantemente y siempre por todas partes por el plusvalor, la mercancía, el capital, la propiedad privada, el mercado y el capitalismo avasallador), y ello pueda más o menos crear algunas islas, áreas, grietas y/o fisuras revitalizadoras (tal vez donde participen decenas de movimientos antisistémicos y anticapitalistas y  donde están activos la autogestión y el autogobierno de miles de personas), mientras millones y millones de personas ubicadas en cientos de pueblos y naciones sigan en la enajenación, en la opresión, en la exclusión, en la subsunción y en el consumismo capitalista, no se podrá terminar real y definitivamente con el sistema[3]

Sin la participación del sujeto histórico (diverso pero unificado) en el apoderamiento del monstruo-Estado (K. Marx: “Primer esbozo de la guerra civil en Francia”, 1978) para con determinación y sostenimiento de clase y de pueblo comenzar a darle un vuelco transformador; todo bajo su poder y sus intereses clasistas, liberadores, anticapitalistas y antisistémicos, intereses que son los de la inmensa mayoría de las poblaciones en todos los países del mundo; no habrá verdadera y permanente liberación humana (individual, de colectivo y de género). En efecto, hoy aproximadamente somos más del 95% de la población mundial no propietaria, frente a un 4% de las clases y sectores propietarios y un 1% de una minoría burguesa extraordinariamente privilegiada que superelitistamente toma decisiones en torno a los rumbos que debe seguir el sistema capitalista a su favor a través del control férreo y gansteril –espionaje, criminalizaciones, amenazas, represiones, guerras, torturas, intervenciones, etc.– de gobiernos, de organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OCDE, G-10, G-5, COP, etc.), ejércitos poderosos y tecnologías constantemente renovadas y cada vez más nocivas para el planeta y la humanidad como tal. Así pues, insisto, sin dicho apoderamiento no hay posibilidad de asegurar, respaldar y tener las palancas para romper el poder burgués y sus instancias, agencias, aparatos, dispositivos y mercados, tanto en el plano político como en el socioeconómico y cultural.

Esto tenemos que entenderlo con claridad meridiana pues las limitaciones (aunque de buena voluntad, pero finalmente ingenuas y parciales) de “cambiar el mundo sin tomar el poder” o de “revolucionar desde abajo el poder” sin generar la condiciones y luego efectivamente empoderase masiva, contundente y consistentemente conquistando la maquinaria central y determinante en la reproducción y permanencia del sistema; son eso, se quedan en eso: limitaciones del pensamiento y de la praxis revolucionarias que –de una u otra forma– contribuyen peligrosamente (o cuasi apocalípticamente dada la situación gravísima y cuasi-cataclísmica en que tiene a la humanidad y al planeta el capitalismo salvaje, expoliador y depredador) a aplazar las revoluciones nacionales, macroregionales y la revolución mundial global que son urgentes, pero que desgraciadamente han tardado en desarrollarse y avanzar en este básico “asalto” popular al poder. Entendiendo que son inmensas las tareas organizativas, coordinativas, concentradoras y desconcentradoras, etc., que hay consolidar; y que son gigantescos y numerosísimos los obstáculos que existen en las telarañas y relaciones capitalistas que hay que combatir y superar.

El apoderamiento revolucionario del Estado y sus regímenes y gobiernos para transitar racional y humanamente hacia una sociedad socialista-comunista es eje esencial, es una condición sine quan non, que dependiendo de las condiciones y la participación directa, consciente, decidida y democrática de las masas, en cada país y en varios y muchos países de manera intervinculada, cooperativa y coordinada, será más o menos violenta y dramática: entre mayor y mejor participación activa masiva, más pacífico, racional y tranquilo será ese apoderamiento del poder político nacional e internacional. El concepto científico dialéctico de dictadura del proletariado (que se mantiene en el poder y lo ejerce democráticamente como clases y sectores populares) implica una aparente paradoja, pues contra la dictadura de una minoría superprivilegiada de explotadores, saqueadores y opresores, se impone una dictadura revolucionaria o poder político revolucionario de la inmensa mayoría de trabajadores explotados, oprimidos y marginados. Dictadura necesaria, para en primer lugar combatir la resistencia furiosa de los capitalistas; en segundo lugar para descabezar los cuerpos represivos del monopolio de la violencia y reemplazarlos por cuerpos formados por trabajadores y gente del pueblo; en tercer lugar para sustituir a todos los funcionarios-burócratas de los órganos y agencias estatales por gente del pueblo (que rinda cuentas, que sean elegibles, responsables, revocables, etc.); en cuarto lugar para llevar a cabo las expropiaciones de las riquezas nacionales; en quinto lugar para efectuar las medidas para colectivizar todos los medios de producción y fuerzas productivas tecnológicas arrancados a los burgueses; en sexto lugar para decretar las medidas de apropiación de las instancias fundamentales del poder político, social, jurídico, judicial, comunicativo, educativo, salutífero y artístico-cultural-patrimonial[4]

Obviamente que con en estas acciones-dictados se destruirá la cabeza y los brazos del monstruo-Estado, pero –como los guajolotes cuando se decapitan– hay que dejarlo vivir sus estertores e irle arrancando de la supeditación de los capitalistas  todos los aparatos, dispositivos y estructuras por medio de los cuales los capitalistas controlaban y regulaban su poder hegemónico y dominante; subordinándolos y subsumiéndolos al poder de las comunidades, comunas, consejos, comités de base, asambleas, etc.; poder directo y representacional, poder autogestivo y coordinado; poder democrático y consensuado, poder mayoritario y diversificado; poder igualitario y desigual; poder recuperado y revitalizado por el conjunto  de los  miembros de los pueblos; en suma: poder de los de abajo y poder popular.

La dictadura del proletariado –si garantiza la democracia participativa y directa inmensamente mayoritaria–, no es/no tiene que ser/no será, pues, una dictadura unilateral y antidemocrática sino una dictadura que tiene que dictar (decretar) y llevar a cabo dictados (decretos) que lleven a corto, mediano y largo aliento a la liberación humana a través de o mediando provisoria y transitoriamente un Estado o nueva modalidad de Estado. Que como dijo Federico Engels –y hemos visto arriba– tiene que ser modificado a fondo antes que pueda cumplir sus nuevas funciones. Pero no puede ser destruido completamente en lo inmediato, como han propuesto las corrientes anarquistas[5], pues hacerlo así en el momento inicial: significaría: “destruir el único instrumento con cuya ayuda el proletariado victorioso puede utilizar el poder recién conquistado, aplastar a sus enemigos y llevar a cabo la revolución económica de la sociedad” (1978, p. 36).

Dicho de otra manera es un Estado que se convierte inmediatamente –sin dejar de ser totalmente un Estado– en un no Estado, anti-Estado o contraEstado que inaugura “la reasunción del poder estatal por la sociedad”. Pero dicha dictadura, y sus dictados democráticamente generados y efectivizados, es transitoria o es la forma transicional que se extinguirá como tal; y en ese sentido, extinguirá y mandará a los museos de la historia (junto otras reliquias de la prehistoria humana como la industria lítica, la rueca, los telares de vapor, la familia, la propiedad privada, etc.) al Estado mismo y bajo esa dinámica transformadora conducirá hacia la abolición a mediano-largo plazos de todas las clases, de todas las jerarquizaciones, las estratificaciones, las opresiones, las discriminaciones y las enajenaciones-reificaciones de las sociedades humanas habidas hasta entonces.

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­
 
 



____________________________________________________
ADAME Miguel Ángel (2005). “Comunas contraculturales: ¿Antifamilias o nuevas familias?, en Revista Casa del Tiempo. UAM, febrero. En http://www.difusioncultural.uam.mx/revista/feb2005/adame.html
ALONSO Jorge (2013). Repensar los movimientos sociales. CIESAS, Casa Chata, México.
AGUIRRE Carlos Antonio (2012). Movimientos antisistémicos, pensar lo antisitémico a inicios del siglo XXI. Protohistoria. Rosario.
ENGELS Friedrich (1978). “Principios de comunismo”, en C. Marx y F Engels, Obras completas, tomo 4, progreso, Moscú, pp. 355-360.
MARX Karl (1978). “Primer esbozo de la guerra civil en Francia”,en C. Marx y F Engels, Obras completas, Progreso, Moscú, pp.250-321.
WALLERSTEIN Immanuel (2008). Historia y dilemas de los movimientos antisistémicos. Contrahistorias, México.
ZIBECHI (2013). “Sobre la forma superior de lucha”, en La Jornada, 27 de diciembre, p. 26.




[1] Véase Migue Ángel Adame C. (2005: 64-73).
[2]Raúl Zibechi señala al respecto que: “Siento que hay múltiples diálogos entre todas estas experiencias [de los nuevos movimientos y organizaciones sociales latinoamericanos de los últimos 20 años] no al estilo de encuentros formales y estructurados, sino intercambios directos entre militantes, capilares no controlados, sino el tipo de trueques de saberes y experiencias que necesitamos para potenciar el combate al sistema”   (2013: 26).
[3] Real e idealmente: mientras no se haya emancipado el conjunto de la humanidad no existirá un solo humano libre; mientras haya un solo ser humano miserable y/o oprimido, no seremos verdaderamente felices.
[4] F. Engels en uno de sus escritos planteó que la revolución tendrá que crear la dominación política del proletariado, o sea el régimen político democrático, que utilizará inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas [instrucciones, decretos, implementaciones, operaciones, expropiaciones, puestas en marcha, etc.] que tendrán que atentar directamente contra la propiedad privada como las siguientes: expropiaciones con pago o sin pago a los propietarios de fábricas, buques, ferrocarriles, talleres, etc.; confiscación de otros bienes; organización del trabajo y ocupación de los trabajadores y masas populares urbanas y rurales de fábricas, fincas y centros de trabajo; aumento de estos; trabajo obligatorio y formación de ejércitos de trabajadores en las industrias; cultivo de todas las tierras; educación para todos y todas en escuelas públicas en todos los niveles; construcción de viviendas y destrucción de las insalubres y mal construidas; concentración y organización del transporte, etcétera (“Principios de comunismo”, 1978).
[5]Ese aspecto ha sido un eje constante de discusión entre corrientes  (pro) anarquistas y marxistas; sin embargo extraña que Carlos A. Aguirre que al parecer se reivindica marxista, insista que se trata desde el comienzo de la conquista del poder, de la destrucción completa del Estado, no sólo de la destrucción del poder central o dominante  burocrático-militar del Estado-gobierno burgués.

Imperio sin industria, imperio de papel

Estados Unidos puede ganar las batallas, pero no la guerra de Irán. El dinero no fabrica misiles si no existe la capacidad para hacerlo. Por...