lunes, 25 de marzo de 2019

Organización, conflicto y persistencia en las sociedades etnológicas o precapitalistas (Primera Parte)


Víctor Manuel Ovalle Hernández
Egresado y Profesor de Asignatura de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)

"El planteamiento de Marx abarca más allá de la sola crítica a la sociedad capitalista, y persigue la comprensión total de la antropologización. El marxismo implica la crítica más radical, más profunda, jamás propuesta, de la condición humana en las circunstancias de la sociedad dividida en clases y de la expresión política de esa división: el Estado".
Andrés Fabregas.

Este escrito es el avance de una investigación documental en la que se analiza a sociedades etnológicas o precapitalistas (sociedades comunales y tribales) como manifestaciones concretas de modos de producción con ausencia y presencia de clases sociales, subsistentes en nuestra época, en relación conflictiva (dialéctica) con el Capitalismo como modo de producción predominante. Se examinan las transformaciones sociales que presentan estos grupos humanos de cazadores, recolectores, pescadores y agrícultores, como resultado de la confrontación histórica que se inicia en el Siglo XVI y actualmente continúa. Asimismo, se reflexiona sobre los desafíos que enfrentan estos grupos étnicos durante el presente siglo.


En la presente investigación documental intento contribuir a precisar el conocimiento que se tiene sobre las relaciones económicas de las sociedades etnológicas o precapitalistas -definidas como bandas y tribus en el lenguaje neoevolucionista[1]-, persistentes en el planeta bajo el dominio del Capitalismo. Para ello, utilizo la perspectiva marxista, ubicando la centralidad en la categoría de modo de producción como principal herramienta de análisis.

Son diversas las preguntas que aun podemos hacernos acerca de estas sociedades a las que nos hemos aproximado a través de los alcances etnográficos: ¿Qué mecanismos sociales han permitido la supervivencia de grupos humanos de origen ancestral, con relaciones de producción distintas al Capitalismo expansionista, en varias regiones del planeta?

¿Están condenadas a desaparecer estas sociedades por las presiones del Capitalismo global o constituyen proyectos viables de sociedad a futuro, como lo han sido hasta nuestros días?

Parto de las premisas de que estas sociedades: a) son receptivas a todo lo que acontece en su entorno físico y social, b) son heterogéneas, c) también son contradictorias –dinámicas y cambiantes en el tiempo- y d) especializadas, lo que les ha permitido establecer intercambios y alianzas diversas, ampliando su repertorio de recursos materiales y simbólicos, preservando así su modo de vida.

El reconocimiento de la heterogeneidad en las sociedades etnológicas o precapitalistas nos permite entender que comparten un importante inventario de rasgos culturales, pero que también presentan considerables diferencias.

Estas diferencias de mayor profundidad rebasan las expresiones culturales como el lenguaje, la simbología, la ritualidad, las relaciones de parentesco, las prácticas de obtención de alimentos, el arte, las formas constructivas y la elaboración de utensilios y herramientas. Son diferencias sustanciales que se localizan en la forma de producir, distribuir y consumir sus bienes materiales; en las formas de propiedad establecidas y en la manera de relacionarse intragrupalmente y con otros grupos humanos externos. Es decir, en los modos de producción, que integran los procesos económicos de las comunidades etnológicas en diversas regiones del planeta.     

La hipótesis que guía esta investigación plantea que se pueden reconocer tres distintos modos de producción entre las sociedades etnológicas o precapitalistas, que han coexistido en forma conflictiva con el Capitalismo en su evolución histórica y que aun no es posible vislumbrar su desenlace.

De esta suposición se deriva la idea de que es factible la coexistencia entre distintos modos de producción en diversas épocas, aun cuando haya uno predominante y que tal coexistencia no se lleva acabo de manera armónica, articulada, ni mucho menos pacífica, sino que está determinada por el conflicto permanente, traducido en guerra, despojo y dominación, debido a la tendencia expansionista de algunos de ellos, por lo que no puede haber coexistencia estable y duradera entre distintos modos de producción que entran en contacto.

Entre los modos de producción de las sociedades etnológicas o precapitalistas definiremos uno de tipo comunitario, sin clases sociales; y dos más con una clara división clasista: el esclavista-tribal y el cacical-tributario.


Sociedades etnológicas o precapitalistas

Denomino sociedades etnológicas o precapitalistas a los grupos humanos de cazadores-recolectores, pescadores y agrícolas contemporáneos; agrupados por lazos de parentesco (por consanguinidad o afinidad);[2] que han estado vinculados a un territorio ancestral, aun cuando han sido desplazados violentamente de las tierras más fértiles por el Colonialismo; son productores de mercancías con valores de uso y en distintas medidas con valores de cambio; no utilizan la escritura y se distinguen del modo de vida occidental (mantienen formas de vida y tradiciones de origen milenario); provienen de formaciones económico sociales anteriores al Capitalismo y actualmente se encuentran insertos en el proceso histórico global.

En el plano simbólico expresan un profundo respeto y aprecio por la naturaleza a la cual conciben en forma estrecha, no como un ente superior, ni inferior, sino como una unidad en que la sociedad forma parte. De esta manera, la tierra y el espacio circundante constituyen la base de su identidad; sostienen una cosmovisión cíclica y mitificada del universo en el que las diversas deidades representan fuerzas de la naturaleza; la ritualidad recrea los orígenes del mundo y promueve su equilibrio y continuidad en el tiempo; elaboran ofrendas, realizan sacrificios rituales y rinden culto a los antepasados míticos (totemismo)[3].



Se pueden distinguir por su filiación étnica, pero además por el tipo de relaciones de producción que sostienen entre sí.

Las sociedades etnológicas o precapitalistas pueden agruparse en tres modos de producción:

a) Modo de producción comunal: se integra por grupos humanos de población reducida -denominados bandas o cazadores recolectores en la literatura antropológica-, agrupados por parentesco y generalmente acotados a un territorio poco fértil para la agricultura; y tribus agrícolas sedentarias, que son ya propietarias del objeto de trabajo: la tierra y pueden complementar la producción de alimentos con la caza, la recolección y la pesca. La división del trabajo es flexible, por lo que cualquier miembro del grupo puede realizar labores productivas sin restricciones definitorias importantes; cuentan con jerarquías y liderazgos -que se definen por la edad y experiencia- pero no clases sociales, ni Estado; por lo que no existe la explotación del trabajo ajeno. Las fuerzas productivas están dirigidas a garantizar la apropiación y producción de alimentos. Se implementan relaciones sociales de producción en las que predomina la cooperación y la reciprocidad; la mayor parte de los medios de producción, son de propiedad comunitaria, aunque existe la posesión individual de diversos objetos y herramientas; la distribución y redistribución de los bienes producidos es proporcional a las necesidades de cada persona. Aunque este sistema socio-económico constituye la evolución contemporánea de un modo de producción comunal primitivo el cual fue alguna vez predominante –hace miles de años-, manifiesta particularidades históricas que lo distinguen de su antecesor. 

b) Modo de producción esclavista-tribal: corresponde a grupos humanos de mayor población por lo que la división del trabajo se amplía y se establece por diferencias de edad, de sexo y de linaje; los jefes basan su poder en la capacidad de redistribuir y retener para su clan las tierras más fértiles y los bienes producidos o intercambiados a otras comunidades y justifican su poder en el prestigio religioso y militar de su grupo. Las fuerzas productivas se incrementan en la producción agrícola y aparece su contradicción: las fuerzas destructivas, que son empleadas en la guerra con las comunidades rivales. Se establecen relaciones de producción inequitativas en las que se explota el trabajo de esclavos, que son los prisioneros de guerra que provienen de otros clanes y grupos étnicos. Se trata de sociedades clasistas, por lo que cuentan con un Estado.

c) Modo de producción cacical-tributario: se despliega también entre grupos humanos más numerosos que las sociedades comunales, lo que permite que la división del trabajo se amplíe: además del sexo, la edad y la pertenencia a linajes particulares, existe una marcada diferencia entre el trabajo especializado de culto que se realiza en las principales poblaciones en las que se concentra el poder económico-político y las regiones periféricas dedicadas a la producción de alimentos y mercancías que generan los excedentes para el tributo y los intercambios. Las fuerzas productivas están concentradas en las labores agrícolas y la guerra es ya una práctica institucionalizada que es dirigida por especialistas. Las relaciones de producción están basadas en la explotación clasista de unos clanes sobre otros, por lo que han implementado un Estado; la propiedad de la tierra está en manos de caciques o terratenientes que se encuentran enlazados en distintos niveles de mando, quienes exigen tributo a los grupos subordinados militarmente.


En nuestra aproximación teórica las sociedades etnológicas o precapitalistas son:

1.1. Sociedades receptivas: las sociedades comunales son sensibles a lo que acontece en su entorno natural y fuera de él; tienden a establecer intercambios sociales y culturales, y a la búsqueda de mejores condiciones ambientales para satisfacer sus necesidades de subsistencia y simbólicas, por lo que no deben concebirse como sistemas cerrados:

… se nos induce a imaginar a cada grupo desarrollando su forma social y cultural en relativo aislamiento y respondiendo, principalmente, a factores ecológicos locales, inserto en el curso de una historia de adaptación fundada en la invención y la adopción selectiva. Según ello, esta historia ha producido un mundo de pueblos separados con sus respectivas culturas y organizados en una sociedad que, legítimamente, puede ser aislada para su descripción como si fuese una isla (Barth 1976:12).

La interacción entre grupos étnicos distintos requiere generar un espacio de códigos y valores compartidos. En palabras de Barth, una estructura de interacción que permita la persistencia de las diferencias culturales:

… por un lado, existe un conjunto de preceptos que regulan las situaciones de contacto y que permiten una articulación en algunos dominios de la actividad y, por otro, un conjunto de sanciones que prohíben la interacción interétnica en otros sectores, aislando así ciertos segmentos de la cultura de posibles confrontaciones o modificaciones (Barth 1976:12).

Aun las sociedades en aislamiento, han delineado su modo de vida en respuesta a los estímulos externos que han sido o podrían ser traumáticos para su población. Campbell (1985:43-47) documentó que los pigmeos mbuti practicaban la caza y la recolección, pero también comerciaban con cultivadores asentados en aldeas: “Suministran materiales de construcción, carne y miel de la selva, así como algunos servicios en las plantaciones, a cambio de productos de las mismas como mandioca, arroz, judías y bananas, tanto como tabaco y vino de palma”. Y aunque dependían de los aldeanos, quienes les proporcionaban instrumentos de metal (cuchillos, hojas de hacha y puntas de flecha) y alfarería, podrían subsistir produciendo puntas de flecha envenenadas de madera, redes y lanzas a partir de productos de la selva.

En nuestro continente, los rarámuri de la Sierra de Chihuahua, México; implementan una estrategia de reciprocidad generalizada a través de lo que llaman kórima, en que se apoyan mutuamente. En esa lógica van a las ciudades a buscar apoyo a cambio de apoyo, lo que en términos occidentales se interpreta como limosna (Gotés 2012:7).


1.2. Sociedades heterogéneas: para Redfield (1963:12-13) las sociedades que existieron antes de la aparición de las ciudades eran sociedades folk, así como las que no habían sido afectadas por las grandes civilizaciones actuales. Planteaba que estos grupos humanos compartían las características de aislamiento y homogeneidad. Se puede aclarar hoy, que dicho confinamiento en zonas de difícil acceso se debe al expansionismo capitalista que ha restringido las opciones de vida y de movilidad a dichas comunidades. No obstante, aunque una población humana comparta rasgos físicos externos: complexión del cuerpo, el color de la piel, la estatura, la forma del cráneo, de la cara, los ojos, la nariz y la boca, el tipo de cabello, al dispersarse en ambientes distintos como la costa, la planicie desértica, la selva o la montaña y al entrar en contacto con otros grupos humanos[4], experimentará diferencias socioeconómicas y culturales, que contribuirán a delinear, ampliar y enriquecer su variabilidad étnica dentro de un amplio territorio.

En la Melanesia o “islas de los negros”, llamada así por los exploradores europeos que encontraron en esta región del Pacífico Sur, gentes de cabello encrespado y piel más oscura que la de los polinesios e indonesios, presenta una amplia heterogeneidad en la que se reconocen 20 áreas culturales, cada una con sus tribus, sus lenguas, sus límites territoriales, su propia organización política y su sistema de parentesco. Así, en la costa de Nueva Guinea se hablaban todavía en época reciente hasta un millar de lenguas diferentes (Cruz 2007:24-27). Lo mismo sucede en África: en Etiopía[5] se hablan 82 lenguas distintas y solo en el Valle del Omo conviven más de una docena de grupos étnicos. 

Las sociedades etnológicas son el resultado de un proceso histórico de Colonialismo (genocidio, despojo territorial, asimilación a los Estados nacionales) y resistencia étnica que ya está presente en el siglo XVI; pasa por la lucha entre las potencias imperialistas de los siglos XIX y XX, quienes se disputan sus territorios y continua con una nueva fase de despojo territorial asociado a las necesidades de control geopolítico, de obtención de recursos naturales y de expansión de los mercados de los bloques imperialistas del siglo XXI, al que denominamos Neocolonialismo.  

 


1.3. Sociedades contradictorias, y dinámicas en el tiempo: la visión antropológica culturalista que ha concebido a las sociedades etnológicas como totalidades culturales, armónicas con su entorno natural en aislamiento, supone la sobrevivencia de sociedades estáticas en el tiempo –como reliquias del pasado-, sin mayor preocupación que la de conseguir sus alimentos cotidianos, realizar sus tradiciones y costumbres, sin enfrentar las tensiones de la sociedad moderna. Sobre los onas de Tierra del Fuego, Argentina; se escribía hace más de medio siglo:

En la soledad de la extrema punta meridional del continente americano estos hijos de la naturaleza llevaban desde hacía siglos una vida feliz y satisfactoria. Las generaciones sucedían a las generaciones, y se adaptaban a un modo de existencia perfectamente válido y lleno de energía. Otras generaciones habrían podido sucederías sin causar perjuicio a nadie en el vasto mundo. Un puñado de europeos se instaló en sus terrenos de caza para hacer fortuna, y en menos de cincuenta años, una antigua tribu india, cuyo pasado se perdía en la noche de los tiempos, fue exterminada (El Correo 1954:16).

No obstante, no son grupos perfectamente coherentes, equilibrados, funcionales y armónicos con el todo social en el cual se manifiestan (Rodríguez 1985:97). Enfrentan presiones y oposiciones en su relación con la naturaleza, conflictos internos y externos, transgresiones al orden social, por lo que se transforman y se adaptan a las nuevas condiciones materiales y superestructurales a través del tiempo: “Las comunidades primitivas no están cortadas todas por el mismo patrón. Su conjunto forma, al contrario, una serie de agrupamientos sociales que difieren en tipo y edad y señalan fases de evolución sucesivas” (Marx y Engels 1980:5).

Las contradicciones sociales internas y externas han generado, respuestas evolutivas que han derivado en distintas formas de producción y de relaciones económicas entre sus miembros, predominando las relaciones de explotación en nuestra época.

Godelier (1983:39-41) observó entre los Barurya de Nueva-Guinea, formas claras de desigualdad social: algunos clanes se habían apropiado de los rituales, los territorios de caza y agricultura que pertenecían a los demás clanes; además, registró relaciones de dominación de los hombres hacia las mujeres, las cuales debían servir a sus maridos y a los jefes del clan. En épocas ancestrales, el dominio de género, pudo haber antecedido al surgimiento de las clases sociales y el Estado.

Las relaciones ideológico-simbólicas de dominación no podrían germinar sin una correspondencia o sustento en la base económica: la apropiación de los territorios de caza y agricultura que habían pertenecido a los clanes dominados.

Las relaciones de dominación se presentan como un comportamiento natural, producto de la tradición, recreada a través del tiempo. De esta forma, la ritualidad justifica las jerarquías, apelando al origen mítico y superior de los clanes dominantes y de los adultos varones al interior de los mismos:

Lo que llama mucho la atención en la tribu Barurya, es que los hombres son iniciados para hablar un idioma secreto… Existe entonces una especie de monopolio de algunos conocimientos por parte de los hombres y esto se traduce en el lenguaje por un código, un lenguaje secreto… Por consiguiente, las mujeres no saben exactamente de qué están hablando los hombres, porque piensan que están hablando de otra cosa… Los Barurya piensan que el hecho de conocer la palabra “secreta” de una cosa es tener poder sobre ella (Godelier 1983:39-40).

Se trata de un sistema de dominación en el cual tanto los hombres como las mujeres consienten comportarse bajo determinadas reglas jerárquicas:

Un varón que separan de su madre (y todos los varones son separados de su madre cuando llegan a la edad de nueve años), empieza a aprender las palabras para designar a las mujeres, las palabras que sólo los hombres pronuncian cuando están juntos… Por su lado, las mujeres reciben también una iniciación secreta y tienen también palabras para designar a los hombres… De hecho, los hombres saben mucho acerca de lo que hacen las mujeres y las mujeres saben mucho acerca de lo que los hombres hacen en sus rituales secretos, pero los unos y los otros tienen que comportarse como si no lo supieran… (Godelier 1983:40).

Observamos entonces, que en este sistema de dominación subyace la desigualdad económica: la propiedad comunal subsiste, pero ahora pertenece a menos personas que en el pasado; el modo de producción comunal se va disolviendo en un sistema clasista tribal, en el que un grupo menor, especializado en actividades del culto, adquiere la capacidad de disponer de los recursos como la tierra y los yacimientos de materia prima. Con este poder, domina a los grupos vecinos, ubicando a su comunidad en los albores de una sociedad de clases. El proceso de disolución de una sociedad sin clases a una de tipo clasista en la actualidad surge de las contradicciones internas, alentada por la dinámica cultural y económica del Capitalismo, que desde el exterior ejerce su influencia a través de las políticas públicas de los Estados nacionales.

En otros grupos humanos, la propiedad individual permanece subordinada a la propiedad comunal, por lo que las relaciones de producción se mantienen relativamente estables: entre los pigmeos mbuti, de la cuenca del Congo, en África Central se reconoce la propiedad individual de algunos utensilios como las redes para cazar y reciben las piezas de animales pequeños, mientras que las piezas grandes son compartidas entre las familias participantes (Campbell 1985:45-46).

Las sociedades etnológicas –como todas las sociedades humanas- contienen en su estructura social[6] varias posibilidades de relaciones sociales, tanto las de cooperación y reciprocidad, como las de opresión y explotación. De ahí, que puedan transformarse, diluirse en un modo de producción dominante o afirmarse en el tiempo. El cambio social es posible debido a que existen contradicciones internas que en la confrontación, desembocan en situaciones inéditas. De otra forma, no existiría el devenir histórico, las sociedades serían estáticas y al no haber problemas y desafíos que indagar, la ciencia no tendría razón de ser.

1.4. Sociedades especializadas: presentan múltiples interacciones sociales y ambientales, procesos y dinámicas internas de distintos niveles: en la Melanesia se documentan amplias redes comerciales de cientos de kilómetros que integran a diversos pueblos con lenguajes y culturas distintas:

A modo de ejemplo, los papúes de la costa se han especializado en la producción alfarera; los del interior, que viven entre pantanos, en la recolección de la fécula de sagu; los baruya de Nueva Guinea se han especializado en la producción de sal… Los motu, que habitaban el área del actual Port Moresby, se especializaron en la producción de cerámica… Los siassi de la costa noroeste supieron aprovechar sus habilidades como navegantes para comerciar con perros, cerdos y cerámica, creando una red comercial entre Nueva Guinea y las islas de Nueva Bretaña (Cruz 2007:48).

Cuentan con un profundo conocimiento de su entorno y sobre los ciclos de la naturaleza:

Los grupos indígenas amazónicos son agudos observadores de los ritmos naturales y han acumulado un amplio y sofisticado conocimiento de los ciclos estacionales… son conscientes de índices ecológicos complejos que ordenan la interrelación de los ciclos del agua, los vientos y la temperatura, y de sus efectos en los ciclos reproductivos de los peces, la fauna terrestre y los frutales silvestres, y en la regulación de las actividades rituales y productivas de la gente (Echeverri 2009:15).

En la selva tropical del sudeste de Suriname, los curanderos wayana conocían y utilizaban más de cien diferentes especies de plantas con fines curativos a finales del siglo pasado (Plotkin 1994:15). 

También en la producción de vestido se puede observar la especialización, resultado de la acumulación de conocimientos y repetición de procesos productivos a través de miles de años:

El vestido típico melanesio es objeto de una compleja elaboración, fabricado con fibras vegetales y cortezas. La técnica de procesado y tratamiento de la corteza de árbol se conoce como tapa. La tela de corteza se fabrica utilizando cortezas adecuadas, convenientemente esponjosas. Es preciso separar sus capas y sumergirlas en agua, con lo que ganan en flexibilidad y blandura. Una vez hecho esto, se procede a machacar las capas consiguiendo que las fibras ganen en cohesión y manipulando su tamaño y grosor. Cuando se han machacado lo suficiente, las telas así elaboradas son fáciles de trabajar y, sobre todo, flexibles, adaptándose al cuerpo. La parte final del proceso en su decorado, pintando la tela con vivos colores y engrasándola para facilitar su conservación (Cruz 2007:27).

Las sociedades etnológicas poseen una tecnología adecuada para garantizar la reproducción social, además, sus prácticas y mecanismos de subsistencia le han permitido transitar a través de milenios de evolución humana. La escasez observada en estas sociedades por el evolucionismo y la antropología colonial, valorada como un rasgo de inferioridad cultural, es en realidad una construcción ideológica, que surge de la comparación con la sociedad occidental, a la que se ha pretendido ubicar en el pináculo del progreso.

Estos grupos humanos han subsistido en una riqueza ambiental y social fuera de los parámetros de la sociedad burguesa. De ahí que la mayoría de los conceptos con los que se ha pretendido definirlas, resultan inapropiados: sociedades primitivas, rudimentarias, arcaicas, bárbaros, salvajes, vestigios de sociedades antiguas, supervivencias del pasado; que expresan -más bien- la pobreza analítica y el sesgo de presunta superioridad que imponen los estudios coloniales y neocoloniales de los últimos 150 años.


Fundamentos teóricos

Mi enfoque teórico sigue la tradición de los planteamientos de Marx (1989) en las Formaciones económicas precapitalistas, que forman parte de un trabajo más amplio: Gründrisse der Kritik der politischen oekonomie (Elementos fundamentales para la crítica de la Economía política), en el que trasciende la evolución unilineal para sugerir diversos caminos de evolución social transitados por la humanidad en su desarrollo histórico. Y del Marx (Marx y Engels 1980) que resalta la propiedad común de la tierra en la comuna rural rusa (campesinos rusos) para transitar al Socialismo a través de una revolución, sin pasar por la forma burguesa de propiedad.

Además, la nuestra es una antropología con una postura crítica que abandona el enfoque de las “sociedades primitivas”, como reliquias del pasado, aisladas e inalteradas durante milenios. La tecnología y las manifestaciones culturales de las sociedades etnológicas no deben ser definidas como rudimentarias, porque resultan funcionales y armónicas con la organización social que actualmente sostienen. Son también producto de la evolución histórica de su modo de producción. Las comparaciones que se hacen con la cultura occidental expresan la falsa superioridad moral que pretenden seguir imponiendo los evolucionistas vulgares. 

Coincido asimismo con la Arqueología del Presente, la cual sostiene que el cambio que viven muchas sociedades tradicionales en la globalización, no tiene nada de natural, inevitable y positivo; es un cambio traumático impuesto por las sociedades dominantes y el Capitalismo (González 2008:21).

Tras la desaparición de la Unión Soviética y el Bloque Socialista del Este -que significó un triunfo parcial del Estado neoliberal, trasnacional e imperialista sobre el Estado-nacional, regulador, intervencionista, keynesiano; y no sobre el sistema socialista, como se dice-, el Capitalismo continuó su expansión y dominio por el mundo, no sin complicadas resistencias regionales y profundas crisis económicas como las más recientes de 2008 y 2020. No obstante, subsisten en nuestra época comunidades aborígenes en distintos puntos del planeta, que aunque han sido impactados socioeconómica y culturalmente, mantienen relaciones de producción, tradiciones, expresiones culturales ancestrales y antagónicas al modo de producción predominante. ¿Cómo explicamos este hecho?

Ya en un trabajo previo (Ovalle 2011), presentado en el Primer Coloquio Internacional de Marxismo y Antropología, llevado a cabo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de la Ciudad de México, me preguntaba si el mundo entero se encontraba bajo el dominio absoluto del Capitalismo. De confirmarse esta idea, las sociedades preexistentes habrían desaparecido o habrían sido integradas a la lógica de la acumulación del Capital financiero internacional. Este dominio supondría también la desaparición de las contradicciones económicas mundiales –la competencia internacional-, incluyendo a los bloques y corporativos financieros menos poderosos, cediendo la hegemonía mundial a un solo bloque imperialista a nivel planetario.

No obstante, el Capitalismo funciona de otra manera: cada época de expansión de las fuerzas productivas, culmina con la imposibilidad de continuar el crecimiento debido a la sobreproducción de mercancías, la competencia desleal e inequitativa y la caída en el consumo. La consecuencia es entonces, que al no encontrar más posibilidades de expansión, y una vez agotados los mercados tradicionales, el Capitalismo entra en periodos de estancamiento y recesión mundial cíclicos que lo acercan al colapso. Basta señalar que una de las condiciones básicas de su existencia, es expandirse continuamente por el mundo, revolucionando continuamente las fuerzas productivas y habilitando nuevos mercados para obtener así, tasas de ganancia constantes:

Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes (Marx 1984:31). 

En el presente trabajo, parto de la suposición de que el Capitalismo del Siglo XXI es incapaz de lograr la supremacía sistémica mundial sólida, plena y duradera, porque sus prácticas y valores de explotación del trabajo, exclusión social, competencia desleal, opresión de clases, consumismo, individualismo y dominio cultural, son incapaces de superar los principios de comunidad insertos en otras formas de organización social, incluyendo al Socialismo, que ya se manifiesta como contradicción interna en algunas regiones del planeta. Es decir, el Imperialismo no ha logrado sostener con plenitud su dominio económico y cultural a nivel planetario y se encuentra lejos de lograrlo, aun cuando parece tener el control de la población mundial a través de la ideología burguesa, los mercados internacionales y su poderío militar.

El Capitalismo ha desarrollado maravillosamente las fuerzas productivas sociales, pero así mismo, su desarrollo no es más que una historia de antagonismos, de crisis, de conflictos y desastres. En última instancia, ha revelado a todo el mundo, salvo a los ciegos por interés, su carácter puramente transitorio (Marx y Engels 1980:48).

Además de su contradicción fundamental depositada en el trabajo y en la organización de clase del proletariado, el Capitalismo expansionista genera diversas contradicciones secundarias, las que se manifiestan como movimientos reivindicativos de campesinos, colonos, mujeres, estudiantes, profesores, intelectuales revolucionarios y pequeños comerciantes entre otros.

El sistema burgués también se confronta entre distintos bloques imperialistas que se disputan la supremacía mundial y conmocionan al planeta con sucesivos e irreconciliables conflictos económicos, bélicos -como el que se lleva a cabo en Ucrania- y hasta de salud pública -como la epidemia de Covid-19 y el Cambio Climático-, que han conducido a la humanidad a una crisis civilizatoria de la que difícilmente podremos salir durante el presente siglo.

Otro frente de confrontación es el del Imperialismo con los países de economía estatal e ideología nacionalista como Siria; de ideología teocrática como Irán y ahora nuevamente Afganistán; o con inclinación al Socialismo como Cuba, Venezuela, Vietnam y Corea del Norte.[7]

También podemos reconocer los antagonismos del sistema capitalista con las sociedades etnológicas, que aun cuando han sido sometidas a una presión constante y han asimilado elementos culturales de los mercados burgueses, mantienen su legado histórico-cultural y algunas sostienen sus prácticas económicas fundamentales.

De esta manera, la lucha de clases se manifiesta en todos los niveles sociales a nivel planetario: local, regional y mundialmente. Todas estas contradicciones fundamentales y secundarias impiden que el Capitalismo se despliegue cabalmente por el planeta, homogenizando los comportamientos y las diversas formas culturales, en pautas redituables de consumo, logrando –entonces sí- la supremacía sistémica plena y duradera. Dichas contradicciones son las que conducen a este modo de producción a las recurrentes crisis económicas que padece, al ser incapaz de expandir sus mercados al ritmo de una constante tasa de ganancia. 

El modo de producción capitalista ha pretendido integrar a su esfera económica y política a las sociedades etnológicas: sus pobladores como fuerza de trabajo disponible para sus fines expansivos y a sus territorios como fuentes y reservas de materias primas para la elaboración de mercancías. Pero al intentar asimilar a estas comunidades, se confronta con un conjunto de prácticas económicas y culturales antagónicas a las relaciones de producción capitalistas, generando con ello, un conflicto permanente entre modos de producción distintos. 

Las sociedades etnológicas subsisten como modos de producción alternativos, en una coexistencia violenta con el sistema burgués, que sólo es posible superar históricamente con la desaparición total de varios de los modos de producción en pugna. La síntesis de esta confrontación en un modo de producción híbrido no es posible, puesto que no modifica la contradicción fundamental: Capital-trabajo industrial, que emana de las entrañas del mismo Capitalismo.

En los casos en que se registra una extinción total o una asimilación de las sociedades tradicionales al sistema de mercado, se trata de episodios históricos de una misma obra dramática, que tiene como principal ingrediente al conflicto permanente y cuyo desenlace aun se prolonga.

En una formación económico social tienen cabida una pluralidad de proyectos históricos que representan distintas maneras de organizar el trabajo, a los cuales denominamos: modos de producción.

El modo de producción o estructura económica de una sociedad es la unidad de los procesos productivos y reproductivos[8] en un momento particular del devenir histórico. Integra a las fuerzas productivas, que son los elementos necesarios que permiten a los individuos generar sus condiciones materiales de existencia a través del proceso de la producción e incluye también a las relaciones de producción, que en el Capitalismo son los vínculos que se establecen entre capitalistas y trabajadores en el proceso de trabajo y que se expresan a través del salario. Las relaciones de producción, a su vez, definen las formas de propiedad.

El modo de producción y la superestructura jurídico-política e ideológica[9] constituyen la esfera sociocultural. El ámbito social descansa en la base económica, mientras que la cultura, que se traduce en símbolos, significados, ideas y concepciones del mundo, compone la superestructura.

El modo de producción predominante puede integrar a otros modos de producción preexistentes a su ámbito de dominio: la acumulación de Capital, lo cual significa su destrucción parcial. Pero este modo de producción reinante puede también fracasar en su intento de asimilación y sostener confrontaciones permanentes con aquellos. En este caso, los modos de producción subordinados mantienen cierto margen de independencia dentro de la formación económico social. La principal fuente de disputa entre los modos de producción es el objeto de trabajo: la Naturaleza.

Es necesario asentar que no puede haber coexistencia pacífica entre modos de producción diferentes, cuando se involucra al menos un modo de producción clasista-expansionista, es decir, de explotación del trabajo.


Tribu Mursi de Etiopía.

De esta manera, la confrontación de clases dentro del Capitalismo, integra la oposición de otros proyectos histórico-sociales, que lejos de ser superados, han subsistido dialécticamente (conflictivamente) a través del tiempo: comunalismo, esclavismo y cacicazgo-feudalismo:

Es en las épocas de transición histórica donde se muestran con claridad la multiplicidad de opciones y la lucha entre éstas. En la sociedad de economía política, dividida en clases antagónicas, el conflicto entre las alternativas es una lucha entre clases, porque las clases mismas son proyectos históricos. Cuando uno de estos proyectos históricos, cuyos contenidos concretos son los intereses de clase, logra dominar a los demás en el transcurso del conflicto, impone un nuevo modo de producción; es decir, una nueva formación social en la que quedan contenidos los otros proyectos (Fabregas 1977:52-53).

Difiero con la posición que plantea la articulación armónica, compatible o congruente de otros modos de producción con el predominante, ya que esta propuesta teórica supone la desaparición del conflicto, lo cual, la realidad misma desmiente:

… acepto que la formación social constituye un todo en el que se articulan el modo de producción característico, modos residuales, relaciones de producción que tienen que ser compatibles con el modo de producción fundamental, superestructuras y formas de conciencia (ideologías) que también deben ser congruentes con el modo de producción básico, aun cuando queden supervivencias de formaciones antiguas, en la medida que sean tolerables dentro del sistema (Olivé 1986:37).

En mi perspectiva, la articulación entre los modos de producción precapitalistas con el predominante, se lleva a cabo de manera desordenada y poco congruente, aun con los que comparte la explotación del trabajo como el esclavista y los cacicales-feudales, ya que en momentos particulares del desarrollo de las fuerzas productivas y del crecimiento de los mercados, los sistemas subordinados actúan en forma conservadora, encerrándose en sí mismos para evitar ser arrastrados por el oleaje expansionista[10]

De la confrontación histórica entre el modo de producción capitalista y los modos de producción precapitalistas los resultados son variados:

a) La destrucción dialéctica (transformación sin extinción) del modo de producción precapitalista, en el que las poblaciones étnicas asimilan las relaciones económicas capitalistas (cesión de elementos socioculturales): la desaparición de las tierras comunales y la imposición de la parcela trae como consecuencia, la propiedad individual de los medios de producción, la explotación del trabajo, la aparición o afirmación de las clases sociales, la inserción al proceso de la producción y el consumo, la usura y el intermediarismo. La soberanía política es asumida por el Estado nacional.

No necesariamente desaparece la identidad étnica y cultural. En algunos casos se registra la asimilación económica con autonomía política-territorial, en que las comunidades, una vez integradas a la esfera del mercado capitalista, anteponen su legado histórico-cultural como fuente de identidad y resistencia. Se construyen nuevas relaciones comunitarias y la Autonomía se constituye en la base jurídico-ideológica de su resistencia.

Es el caso de las comunidades étnicas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el estado de Chiapas, México; quienes con las armas resguardadas, han desarrollado un proceso autonómico que abarca las esferas de la economía, la política, la educación y la cultura en los territorios donde tienen influencia; y de los habitantes de la comunidad purépecha de Cherán, en el estado mexicano de Michoacán, quienes tras haber sufrido la explotación, la tala ilegal de sus bosques, el despojo de sus tierras, el rapto de sus mujeres y la opresión de los partidos políticos oficiales, decidieron desaparecer la policía municipal y crear una policía comunitaria, expulsar a los partidos políticos, declarar la Autonomía y elegir un Concejo Mayor de Gobierno Comunal con representación de sus cuatro barrios, mediante el voto directo y presencial a mano alzada en Asamblea General, de acuerdo a los usos y costumbres. 

 

b) La subsistencia del modo de producción precapitalista, con asimilación de rasgos culturales, tecnológicos y prácticas económicas del Capitalismo: que no modifican cualitativamente su esfera sociocultural, aunque la tendencia apunta en esa dirección. La soberanía política es también reclamada por el Estado nacional.

En la Melanesia, los pobladores utilizan materiales naturales como fibras vegetales y cortezas en el vestido y plumas multicolores, conchas, colmillos de cerdo, pieles de animales, flores, vainas de semillas, fibras aplastadas, hojas, palos de bambú como adornos corporales, aunque en tiempos recientes se han incorporado materiales como cuentas de plástico y cristal (Cruz 2007:27-28).

A principios del Siglo XX, ya circulaban entre las tribus del interior de Nueva Guinea, productos europeos como hachas y herramientas de acero, hechas en las fábricas de Solingen en Alemania y en la de Sheffield de Inglaterra, aun cuando no sabían de la existencia de estos colonizadores. Una vez colonizadas estas comunidades, tuvieron que adoptar la moneda occidental (Godelier 1995:168). 

La adopción de un rasgo o herramienta externa no debe concebirse como una simple imposición de la cultura occidental, sino como una valoración conciente por parte de las sociedades etnológicas sobre las ventajas que puede proporcionar determinado utensilio en la producción y reproducción social. Un instrumento de metal puede acarrear mayores beneficios que un instrumento de madera, que presenta mayor desgaste en el mismo tiempo de uso.

Los nuunamiut y los taremiut, son dos grupos de esquimales de Alaska septentrional que han sustituido a los perros y trineos clásicos por trineos automóviles y realizan la caza de caribúes con armas de fuego. Esto les permite contar con un excedente alimentario que venden en la costa (Campbell 1985:162).

Y en la Amazonia colombiana los grupos indígenas con autonomía territorial, que se sustentan con los recursos del bosque, dependen de la horticultura de roza y quema, la pesca, la cacería y la recolección de frutos silvestres, tienen contacto con la sociedad nacional, los visitantes externos, la economía de mercado y tienen acceso a los servicios de salud y educación públicas (Echeverri 2009:15, 24, 25).

El proceso parece conducir a la destrucción dialéctica del modo de producción comunitario en la región: los hombres jóvenes utilizan el dinero para asistir a la educación nacional y emigran fuera de sus comunidades para trabajar en cultivos de coca o en la extracción de madera para sostener a su familia. Además familias enteras migran fuera de los “resguardos” (Echeverri 2009:27).


 Danzante de Camerún.

c) La subsistencia del modo de producción precapitalista, en relativo aislamiento: que se desarrolla en regiones inhóspitas, de climas extremos y de difícil acceso que imposibilitan o limitan la práctica de la agricultura y el sostenimiento de grandes poblaciones humanas.

En general, constituyen reductos de poblaciones étnicas importantes, que tras ser diezmadas por invasión o epidemias, se han mantenido alejados de los centros actuales de población: los andamaneses viven en la densa selva tropical en las islas indias de Andamán; son pigmeos parecidos a los de Malaya y del Congo; la población era de unos 5,500 habitantes, pero los europeos introdujeron la sífilis, el sarampión y la gripe, despoblando las islas desde 1890. En los años 1970 unos 40,000 pigmeos del Congo africano vivían en el interior de la selva y tenían poco contacto con los habitantes de los poblados (Service 1984:13-14).

Debido a la expansión de los europeos, los bosquimanos san se hallan confinados al desierto de Kalahari en Botswana, Sudáfrica y Angola (Campbell 1985:165-167).

El confinamiento a una región particular del planeta no ha representado garantía de supervivencia, ni estabilidad: los awás, son cazadores-recolectores que viven en la Amazonia brasileña. Se estima que subsisten unos 350 ya contactados y 100 más que han decidido mantenerse aislados en la selva (Survival International 2014). Todos ellos están en peligro debido a la presencia de madereros, ganaderos y colonos que han invadido ilegalmente sus tierras:

La forma de contacto de los awá con el resto del mundo entre los años 70 y 80 del siglo pasado fue en forma de ocupación de sus tierras, motivada por intereses económicos nacionales y globales. Hasta 1973 habían permanecido completamente aislados en la selva amazónica. A partir de entonces, el pueblo awá fue diezmado y recluido en reservas, donde hoy vive todavía, en un grave proceso de desestructuración social y sometido a invasiones de campesinos empobrecidos y madereros (González 2008:21).

 

d) La extinción étnica o desaparición de un modo de producción preclasista: en el que tras un genocidio o padecer epidemias, los sobrevivientes se mezclan con las nuevas poblaciones desapareciendo como grupo étnico, como la sufrida por incontables sociedades de los territorios del Norte de México durante la Colonia española y el siglo XIX, o los indios de Tierra del Fuego: selk’nam, más conocidos como onas, que el joven Charles Darwin estudió algunas semanas en 1832, fueron diezmados por enfermedades como el sarampión, la tosferina, las fiebres tifoideas y la viruela a partir de 1880 (Service 1984:13). Aunque el impacto más importante, fue la introducción de la cría de ovejas en sus territorios en forma extensiva, por lo que los colonizadores llevaron a cabo un genocidio en el que perdió la vida alrededor del 90% de esta población aborigen. Actualmente, varios cientos de descendientes mestizos –quienes preservan el idioma de los selk’nam-, han logrado el reconocimiento jurídico por parte del Estado argentino a  través de la devolución de tierras en la isla.

Un caso que causó indignación a nivel internacional fue El “Informe Figueiredo”, un encargo del ministro del Interior de Brasil en 1967, que reveló los crímenes contra la población indígena, llevado a cabo por poderosos terratenientes y el Servicio de Protección Indígena (SPI) del Gobierno entre los años 1947-1967:

El documento, de 7.000 páginas, fue recopilado por el fiscal Jader de Figueiredo Correia, y detallaba los asesinatos en masa, las torturas, la esclavitud, la guerra bacteriológica, los abusos sexuales, el robo de tierras y el descuido generalizado contra la población indígena de Brasil. Algunas tribus fueron completamente erradicadas como resultado de estas prácticas, y otras resultaron diezmadas (Survival International 2013).

Debido al Informe, un pequeño grupo de ciudadanos preocupados por el asunto, fundaron dos años más tarde la organización por el respeto de los derechos indígenas: Survival International.



Jovenes Himba, Namibia. Shuttle Namibia.



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NOTAS

[1] Una banda es un grupo humano reducido, agrupado por relaciones de parentesco, que basa su actividad económica en la caza, la recolección y la pesca. Este tipo de sociedad no se complica por el reconocimiento de clanes y linajes, tan típicos de las sociedades tribales más extensas (Service 1984:16). Una tribu es la unión provisoria de un cierto número de grupos de parentesco asociados para explotar y defender un territorio particular. Una tribu antes de la colonización era un grupo local que afirmaba su soberanía sobre un territorio y que existía, por ende, como una unidad política. En cambio desde hace tiempo la soberanía política pertenece a los Estados (Godelier 1995:163).

[2] Cuando implementan alianzas matrimoniales con otros grupos (exogamia), dan forma a linajes o clanes. Un linaje o clan es un grupo de personas que descienden de manera real (parentesco biológico) o ficticia de un antepasado común, hombre o mujer, a menudo mítico y a veces representado por un tótem, en línea masculina o femenina y descendencia multilocal. 

[3] Existen unos 150 millones de indígenas tribales, pero es imposible calcular el número de pueblos, puesto que depende de cómo se cuenten. Por ejemplo, los españoles pueden contabilizarse como un único pueblo o como varios. Hay pueblos indígenas tribales en todos los continentes habitados, repartidos en unos sesenta países. Sus vidas están íntimamente vinculadas a los territorios ancestrales que son la base de su sustento y de sus modelos de sociedad”.  survival.es/sobrenosotros

En África se localizan más de 3,000 grupos étnicos distintos. Civilización, para qué? ¡Bytes, Documento electrónico: 

http://ibytes.es/blog_memorias_de_africa.html

[4]  La práctica de la exogamia permite fortalecer los lazos interétnicos y con ello, garantizar el apoyo mutuo en épocas de escasez o de guerra con otras comunidades.

[5] Este país no fue colonizado por Occidente como los demás países de África (Manzano 2011).

[6] Denomino estructura social a la unidad del modo de producción y la superestructura jurídico-política e ideológica.

[7] Rusia y China son dos casos excepcionales de naciones, que sin abandonar el proteccionismo estatal, logran expandir sus economías, insertándose en la lucha imperialista a nivel mundial.

[8] Bate (1989:15), pone énfasis en “la amplia gama de actividades y relaciones sociales que median la reproducción y la reposición cotidiana de la población, concebidas como modo de reproducción”.

[9] Que modela la conciencia social.

[10] Y protegiéndose con la coraza del Estado nacional como ocurre en algunas regiones del Medio Oriente. Afganistán podría ser un caso apropiado de estudio al respecto.

lunes, 18 de marzo de 2019

Los Reglamentos de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)

Fotografía: Autor anónimo.


Víctor Manuel Ovalle Hernández
Profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Mi agradecimiento profundo a Daphne Dávila, Montserrat Díaz y Jorge Canchola, por la información proporcionada para documentar los casos aquí presentados de Etnohistoria, Arqueología y Antropología Social.

Imágenes: Fondo Víctor Ovalle


La Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) ha tenido varios reglamentos a lo largo de su existencia. En el presente trabajo, disertaré sobre los más recientes: uno de 1948, otro de 1958, uno más de 1981 y el vigente de 1993. Cada uno de ellos ha sido resultado de las condiciones geoeconómicas que dividían al mundo e influenciaron la vida política y cultural de México. Así, los dos primeros se distinguen por su verticalidad y autoritarismo, y sus escasos artículos reflejan las pequeñas dimensiones de la Escuela en ese entonces (alojada en la calle de Moneda no. 13 y posteriormente en Moneda no. 16 en el Centro Histórico de la Ciudad de México). Ambos corresponden a un momento de consolidación y auge del Estado-nacional mexicano, en el que las estructuras de poder pretendían ser incuestionables. El Reglamento de 1981 democratiza sus funciones académicas y administrativas al finalizar una época de auge de las Ciencias Sociales críticas con predominancia del marxismo (durante la “Guerra Fría”) y el Reglamento de 1993 regresa al INAH la dependencia y subordinación política-burocrática de la Escuela, en un periodo histórico de crisis internacional de los referentes ideológicos del Socialismo y el pensamiento crítico; y de dominación de la doctrina neoliberal y las corrientes culturales posmodernas.

Definición
La denominación y objeto o razón de ser, expresan los anhelos e intereses intelectuales y políticos que predominaban en cada época por las que atravesó nuestra Escuela.
El Reglamento de 1948 define claramente en su Artículo 1º que la ENAH “es una Institución de educación superior profesional que forma parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia, dependiente de la Secretaría de Educación Pública”. El carácter de “establecimiento de educación superior dependiente del Estado” aparecerá en el único Considerando del Reglamento de 1958, regresará al Artículo 1 del Reglamento de 1981 y se transformará en un “órgano” del INAH, dependiente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 1993. Es relevante mencionar que el Reglamento del 81 le asigna a la Escuela “un régimen autónomo para el desarrollo de sus funciones académicas y administrativas” (Art. 1), como se define a otras universidades públicas. 
El Reglamento de 1948 facultaba a la Escuela para otorgar títulos profesionales (Art. 5º) y señalaba el convenio concertado con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para que le otorgara los títulos de maestría y doctorado en antropología y en historia (Art. 6º). Este convenio ya no aparece en el Reglamento del 58. El Reglamento del 48 señala que la función de la ENAH es “la preparación académica para las profesiones de antropólogo físico, etnólogo, arqueólogo, lingüista, historiador (especializado en Historia de América o en Historia del Arte en México) y museógrafo. Además está facultada para impartir la enseñanza de todas aquellas profesiones afines a las ya mencionadas, que demanden el desarrollo y las necesidades del país” (Art. 2º).
En el mismo sentido el Reglamento del 58 manifiesta en su Considerando que la Escuela “tiene por objeto la formación de profesionistas y la investigación científica en las diversas ramas de la ciencia antropológica e histórica”. Ambas definiciones remiten al carácter integral de la Antropología y a la implementación del proyecto de nación mexicana, sustentado en la industrialización capitalista.




El Reglamento de 1981 reivindica el carácter nacionalista de la ENAH y pone énfasis en los destinatarios de la práctica profesional antropológica. De esta manera la Escuela “tendrá como objetivo fundamental el estudio de la realidad nacional, considerando los intereses populares y la defensa de la integridad y soberanía del país” (Art. 3). Esta denominación coincidía con la reiterada solidaridad que mostró la Escuela hacia las luchas sindicales, de colonos, étnico-campesinas y de Liberación Nacional en Centroamérica.


El Reglamento de 1993 -de vocación neoliberal y posmoderna-, abandona su definición nacionalista y diluye a sus destinatarios: “Será su función formar profesionales de la Antropología y de la Historia de alto nivel académico, comprometidos con la investigación, enseñanza, defensa, custodia y difusión del patrimonio cultural nacional tangible e intangible” (Art. 3; subrayado mío). De esta manera la ENAH incursionaba en la época de los estándares de calidad, la competencia extrema por las plazas de investigador-docente (niveles y subniveles) a través de la acumulación de puntos escalafonarios, la relativización de los temas de investigación y de los objetos/sujetos de estudio. Con ello, la razón de ser de la Escuela se desplaza de los estudiantes hacia los investigadores-profesores de tiempo-completo que acaparan derechos y privilegios a través de las Academias de las Licenciaturas y Posgrados, que son convertidos en espacios intocables de poder.






Los órganos de gobierno y colegiados
La elección del Director de la Escuela, exhibe en forma nítida la estructura vertical y autoritaria de la institucionalidad estatal y federal en México. No obstante, entre los años setentas y ochentas del siglo pasado –posterior al movimiento estudiantil de 1968-, la ENAH junto con otras instituciones de educación superior transitaron por un proceso de democratización interna, que les permitió establecer consejos paritarios y elección por voto directo de autoridades. Estos procesos internos de lucha universitaria no lograron consolidarse en forma permanente.
De esta manera, el reglamento del 48 establece que el Director “será nombrado por la Secretaría de Educación Pública a propuesta de la Dirección del Instituto Nacional de Antropología e Historia” (Art. 9). En el mismo tono el Reglamento del 58 mandata que el Director sea nombrado por la SEP a propuesta de la Dirección del INAH, pero además, “oyendo al parecer del Consejo Técnico” (Art. 6). Pero el Reglamento de 1981 corta de tajo el autoritarismo y establece que el Director “será electo por voto universal, directo y secreto de los profesores, estudiantes y trabajadores de la Escuela” (Art. 17). Es claro que una contrareforma eliminaría este derecho y logro democrático, como sucedió con el Reglamento de 1993, que le regresa a la Dirección del INAH esta prerrogativa: “El Director de la Escuela será nombrado por el Director General del Instituto, de una terna que el Consejo Técnico le propondrá; previa revisión curricular y del programa de trabajo de los aspirantes y auscultación por votación ponderada de la comunidad de profesores, alumnos y trabajadores de la Escuela” (Art. 8).
En cuanto a las atribuciones de la Dirección de la ENAH, éstas han cambiado sustancialmente en la normatividad interna. En los Reglamentos de 1948 y 1958 se establecen únicamente 3 obligaciones (Art. 11). En 1981 tiene 13 atribuciones y deberes, que se extienden hasta 22 en 1993. Con ello, se evidencia la concentración interna del poder; se consigue la subordinación de los órganos colegiados: el Consejo Técnico y el Consejo Académico a la administración en turno y le permite a la Dirección del INAH, controlar políticamente a la ENAH, a través de la designación de los Directores, que en la mayoría de los casos han representado los intereses del Instituto y de la política federal, no de la comunidad académica de la Escuela.  
Los órganos colegiados también han mostrado cambios importantes en los 4 Reglamentos:
El de 1948 no consideraba un Consejo Técnico, aunque sí, Consejos de Especialidad que debían estudiar los planes y programas de estudios para proponer “todo lo pertinente al mejoramiento de la enseñanza en la rama respectiva” (Art. 46). El Jefe del Consejo de Especialidad debía ser designado por la Dirección del INAH a propuesta de la Dirección de la Escuela (Art. 48). Existía también un Colegio de Profesores que integraba a todos los docentes: profesores de la Escuela, profesores por convenio y profesores huéspedes y que tenía por principales facultades: “Expedir las normas y disposiciones generales encaminadas a la mejor organización y funcionamiento técnico, docente y administrativo de la Escuela”, resolver sobre las propuestas de nuevas asignaturas y sobre los planes de estudio, así como dictaminar sobre las propuestas de convenios con otras instituciones (Art. 55). Se reconocían cuatro categorías de estudiantes: a) regulares de carreras profesionales, b) regulares, aspirantes al doctorado, c) regulares de carreras subprofesionales y d) oyentes (Art. 27). La sociedad de alumnos de la Escuela estaba legalmente constituida (Art. 44) y podía participar en las reuniones del Colegio de Profesores a través de un representante propietario con voz y voto y uno suplente (Art. 54). 
El Reglamento de 1958 ya cuenta con un Consejo Técnico integrado por el Director y por un representante profesor y alumno propietario y suplente por cada una de las especialidades y tenía la función de estudiar los asuntos técnicos y académicos de la Escuela (Art. 12 y 13). Los docentes continuaron siendo de tres categorías: profesores de la Escuela, por convenio y profesores huéspedes (Art. 19-22) y se mantiene en funciones el Colegio de Profesores (Art. 25:f). En esta época y hasta los años setentas, no existían las plazas de profesor-investigador, por lo que los profesores trabajaban por contrato. En cuanto a los estudiantes se reconocen tres categorías: a) regulares de carreras profesionales, b) post-graduados aspirantes al doctorado y c) oyentes. Se aclara que el Consejo Técnico puede autorizar alumnos especiales (Art. 29). Se vuelve obligatorio “agruparse para formar una Sociedad de Alumnos, la cual se regirá por sus propios estatutos” (Art. 42). Se transita del “los alumnos regulares… podrán agruparse” del Reglamento del 48, al “los alumnos regulares… deberán agruparse” del Reglamento del 58.
La experiencia democratizadora de los años setentas, desembocará en la implementación del Reglamento de 1981, en el cual la ENAH cuenta con 10 órganos de gobierno y administración: 1) Asamblea General 2) Consejo Técnico 3) Director 4) SubDirector 5) Secretaría Administrativa 6) Secretaría de Docencia 7) Secretaría de Investigación 8) Secretaría de Extensión 9) Consejo Académico y 10) Consejo Administrativo. La Escuela está ya instalada en Cuicuilco y su normatividad responde a una institución en crecimiento constante. La Asamblea General es ahora el órgano máximo de decisión superior, es presidida por el Consejo Técnico y en ella participan todos los miembros de la comunidad (Art. 6 y 7). El Consejo Técnico pasa a ser el órgano máximo representativo de cada uno de los sectores: Dirección, profesores, estudiantes y trabajadores administrativos, técnicos y manuales; cuenta con 13 atribuciones que le permiten procurar el adecuado funcionamiento administrativo y académico de la Escuela (Art. 12 y 13). Se acompaña de un Consejo Académico –que sustituye al Colegio de Profesores-, el cual tiene el encargo de “la planificación y coordinación de las labores académicas en la Escuela”, se integra con el SubDirector y los representantes de los profesores de las licenciaturas, maestrías y doctorados (Art.37). Se reconoce ahora 5 categorías de profesores: a) Profesores de carrera de tiempo completo, b) Profesores de carrera de medio tiempo, c) Profesores de asignatura, d) Profesores visitantes y e) Profesores por convenio (Art.52). Como se observa, ya existen las plazas de profesor-investigador –desde los años 70’s- y ha cobrado importancia el profesor de asignatura, debido a que el reducido número de profesores de tiempo-completo no alcanza a cubrir la demanda existente de cursos:
En 1974, la escuela tenía más de mil alumnos, todos los profesores son de asignatura, con algunos investigadores del INAH o la UNAM, intensificándose la demanda de plazas de tiempo completo para la escuela, sustentada en la creciente necesidad con un cuerpo de profesores propio. En 1985, la ENAH tenía 2 mil 768 alumnos de licenciatura y 52 de maestría, 42 plazas de tiempo completo, 5 de medio tiempo y 300 profesores de asignatura que impartían 1 200 cursos en siete licenciaturas (Documento del Delegado Sindical de la ENAH, Comisión Negociadora,1990).
Los profesores de la Escuela -además de organizarse sindicalmente-, tenían como instancias de deliberación académica las reuniones de colegio o academia de profesores (Art. 59:f).  En cuanto a los alumnos, se reconocían tres categorías: a) estudiantes ordinarios, b) estudiantes especiales y c) estudiantes oyentes (Art. 63) y gozaron de los siguientes derechos producto de la lucha estudiantil: participar en el diseño y ejecución de los planes de estudio; participar en la elección del Director de la Escuela y en los órganos de gobierno y administración; participar en la selección de profesores, por medio de los concursos de oposición; participar en la calendarización de los programas de trabajo y evaluaciones; y decidir sobre sus propias formas organizativas (Art. 68).
El Reglamento de 1993 desplaza y desaparece a la Asamblea General cómo máximo órgano de gobierno (con ella se suprimen las instancias de democracia directa de la Escuela) y coloca al Consejo Técnico en su lugar, quien tiene la función de “garantizar que se realicen las tareas sustantivas y adjetivas de la Escuela” (Art.13). Al Consejo Académico le compete orientar y modificar los planes y programas de estudio, la labor docente, la investigación, extensión y difusión de la cultura y dictaminar sobre nuevas licenciaturas, especialidades, cursos, diplomados y posgrados; examinar las sugerencias didácticas y las innovaciones pedagógicas, y conformar el calendario escolar (Art. 21). El personal académico está ahora integrado por cuatro tipos de docentes: a) Profesores de Investigación Científica y Docencia de Tiempo-Completo, quienes integran las Academias en cada licenciatura y posgrado (Art. 26), b) Profesores de Investigación Científica y Docencia de Medio Tiempo, inexistentes en la Escuela, debido a que el INAH no creó plazas con esta categoría, c)  Profesores de Asignatura, quienes son contratados cada seis meses, no obstante, constituir más del 80% de la planta docente y d) Profesores Visitantes, provenientes de otras instituciones nacionales o extranjeras (Art. 55). Bajo este esquema, los profesores de tiempo-completo acaparan privilegios académicos y económicos, como monopolizar cursos, excluir de la planta a profesores no afines a ellos y tomar decisiones que incumben a las licenciaturas y posgrados, sin consultar -la mayoría de las veces- a los profesores de asignatura y estudiantes. De esta manera, los profesores tc también engrosan la burocracia de la Escuela. Los alumnos son ahora a) aspirantes, b) ordinarios y c) especiales. Sus derechos anteriores son suprimidos y se limitan ahora a participar a través de representantes en los Consejos y Academias (Art. 49), votan por el Director de la Escuela y los Jefes de Carrera en forma ponderada (a los alumnos se les asigna un porcentaje de la votación total). No obstante, este Reglamento les permite “construir una o varias organizaciones estudiantiles para promover actividades académicas, culturales, o de otra índole que contribuyan al desarrollo de la Escuela” (Art. 49:IV).

Legalidad y legitimidad
El Reglamento de 1948 gozó de la aprobación del INAH y de la Secretaría de Educación Pública como lo señala el artículo I de sus Transitorios. 
El Reglamento de 1958 fue expedido por el Secretario de Educación Pública y publicado en el Diario Oficial, el martes 25 de noviembre de 1958 (Tomo CCXXXI, No. 20) contando con la rúbrica del Secretario de Educación Pública: Lic. José Ángel Ceniceros, por lo que es una reglamentación legal y que puede considerarse legítima al no haber registro de impugnaciones, oposición política o alguna demanda que cuestionara su viabilidad jurídica. Ambos reglamentos expresan la vinculación estrecha que existía entre la ENAH y el INAH, aunque  la subordinación de la Escuela hacia el Instituto era absoluta.
El Reglamento de 1981 procuró mantener el equilibrio entre los órganos de gobierno: La Asamblea General, El Consejo Técnico, el Consejo Académico y el Director, teniendo este último, 13 atribuciones o deberes (Art. 20). Asimismo, los estudiantes ordinarios tenían sus derechos y obligaciones debidamente señalados en el Capítulo 68. Durante los años del Autogobierno en la ENAH, se vivió una relativa desvinculación orgánica con el Instituto, que se manifestaba reiteradamente en la retención del presupuesto asignado a la Escuela. Aunque este Reglamento se legitimó en un amplio proceso de reestructuración interna, no consiguió su reconocimiento formal al no derogar al anterior de 1958.
El Reglamento de 1993 fue la respuesta de las autoridades del Instituto para desarticular los logros democráticos alcanzados en años anteriores. Este Reglamento es ilegal e ilegítimo. Ilegal porque no ha derogado al de 1958 e ilegítimo porque el 10 de marzo de 1993, la comunidad de la Escuela rechazó la implementación de un nuevo Reglamento en un Referendum impulsado por la misma Dirección, cuya titular era en ese entonces Gloria Artis. Finalmente, este Reglamento fue impuesto en las vacaciones de ese año (para evitar oposiciones), con el contubernio de varios miembros del Consejo Técnico, la Dirección de la ENAH y del INAH a cargo de Teresa Franco. Con el Reglamento de 1993, la relación ENAH-INAH volvió a ser estrecha, aunque de subordinación hacia el Instituto y con una mínima vinculación laboral. La oferta que hicieron las autoridades en esos años de eliminar la Asamblea General y el voto universal directo y secreto en la elección del Director, a cambio de que el Instituto otorgaría mayor presupuesto a la Escuela, no se cumplió y hoy padecemos más que nunca ese compromiso incumplido.




Es entonces evidente que un Reglamento impuesto a espaldas de la comunidad, que desapareció los derechos básicos de sus profesores y estudiantes, que desarticuló las instancias de participación democrática y que consolidó los espacios de poder y la burocratización en la Escuela, habría de generar conflictos internos en los siguientes años.
La elección por voto ponderado en que el Consejo Técnico presenta una terna de tres candidatos al Director del INAH, quien de las tres opciones, elige al nuevo Director, ya causó un conflicto grave en nuestra Escuela: en 2007 Gumersindo Vera Hernández ganó la elección para Director de la ENAH con 39.34% de la votación pero el Director General del INAH, Alfonso de María y Campos no respetó el resultado e impuso a Alejandro Villalobos para el periodo 2008-2011. La Asamblea General del día 9 de enero de 2008 determinó desconocer el proceso de elección y la designación de Alejandro Villalobos como Director e instrumentar un “Paro Activo”, sin afectación de los cursos, impidiendo el acceso únicamente a las instalaciones de la Dirección y la Secretaría Técnica. Finalmente se impuso al arquitecto Villalobos y su gestión se caracterizó por el conflicto permanente.
El voto ponderado también ha causado conflictos en la elección de Jefes de Carrera de las Licenciaturas: en 2012, la Academia de la Licenciatura de Etnohistoria ratificó como Jefa de Carrera a la Maestra Lilia Isabel López Ferman, no obstante el descontento de los estudiantes por el desempeño en su primera gestión y que la Coordinadora elegida no presentó proyecto de trabajo para el siguiente periodo como lo marca el Reglamento para las Licenciaturas en su Artículo 22. Además el proceso de ratificación por parte de la Academia no se realizó en tiempo y forma; se llevaron a cabo reuniones en el Consejo Técnico y la Academia Ampliada en la que los alumnos inconformes fueron agredidos verbalmente y no se tomaron en cuenta sus peticiones. El Director José Luis Vera, pidió a los estudiantes darle un voto de confianza a la Jefa de Carrera reelecta y se comprometió a promover la revisión del Reglamento General de la ENAH en el Consejo Técnico, promesa que no cumplió.
En el proceso de votación para elegir al Jefe de Carrera de la Licenciatura en Arqueología en 2015, participaron 6 candidatos, obteniendo el voto mayoritario (de los 16 grupos académicos de estudiantes y 2 votos de profesores de Academia), el Mtro. Omar Olivo del Olmo, quien fue designado Jefe de la Licenciatura por el Director de la Escuela, José Luis Vera. No obstante, parte de la Academia, desconoció el resultado –e incluso, desconoció al Dr. Vera-, argumentando que como la comunidad de la Licenciatura expresó su voto sólo por dos candidatos, no se había podido conformar una terna como lo marca el Reglamento. En protesta, los profesores inconformes cerraron la Coordinación de la Licenciatura y el área de los laboratorios, exigiendo que el Consejo Técnico retomara el proceso de elección, demanda que no consiguieron.
En la elección para Jefe de Carrera de la Licenciatura de Antropología Social en 2017, 14 de 16 grupos académicos de todos los semestres y 3 profesores de la Academia votaron por Yuribia Velázquez Galindo, quien aspiraba a reelegirse en el cargo y 2 grupos académicos, junto con 3 profesores, votaron por el Lic. Bismark Alfredo Hernández Chavelas, quien finalmente fue elegido por la Directora Julieta Valle. La protesta estudiantil fue inmediata con la toma de la Dirección de la Escuela y las Jefaturas de Carrera de las demás Licenciaturas. Tras varios meses en que no hubo acercamiento entre las partes. Las Jefaturas fueron abiertas paulatinamente y la Dirección fue finalmente recuperada por las autoridades durante las vacaciones.
La ausencia de democracia en la ENAH ha provocado que se normalicen prácticas indebidas en la Academias de las licenciaturas como la acaparación de cursos, el acomodo permanente de profesores afines a los profesores de tiempo-completo y la exclusión continua de los profesores de Asignatura, impidiéndoles con ello preservar su continuidad laboral. El Dr. Felipe Bate, Profesor Emérito del INAH y profesor de tiempo-completo de la Licenciatura de Arqueología, denunció en 2015, que cuatro maestros a nombre de la “Academia de Arqueología”, pretendían que todos los profesores de la especialidad, les mandaran a ellos la información para conformar la Planta de Maestros 2016-1, usurpando con ello las funciones del Jefe de Carrera:
El grupo de cuatro maestros firmantes NO SON LA ACADEMIA DE ARQUEOLOGÍA, la cual, de acuerdo al Reglamento para las Licenciaturas (Art. 25) sólo puede ser convocada por el Jefe de Carrera de la Especialidad, al cual dicho grupo pretende desconocer, porque no se presta a sus actos de corrupción académica.
 

En los hechos las Academias de las Licenciaturas han usurpado la función patronal del INAH, al decidir quienes son los profesores de asignatura que mantienen sus cursos y quienes no.

Hacia un nuevo Reglamento
A raíz del Paro de labores efectuado por los estudiantes de la ENAH en septiembre de 2018, ofreciendo apoyo a sus compañeros de la UNAM, que habían sido agredidos por un contingente de porros en Ciudad Universitaria, se inició un proceso crítico de revisión de las condiciones materiales, presupuestarias, reglamentarias y pedagógicas en que subsiste la Escuela, elaborándose un Pliego Petitorio y emplazando a las autoridades a resolverlo. En forma inédita el Director del INAH, Diego Prieto, atendió personalmente las demandas de los estudiantes en la Escuela, agrupados en la Asamblea General (en la que también participan profesores y trabajadores) y se comprometió a respetar los resolutivos de un Congreso Reconstituyente, entre ellos, la aprobación de un nuevo Reglamento para la Escuela durante el primer semestre del 2019. 
Este nuevo Reglamento deberá fortalecer la vida académica y organizativa interna, por lo que debe integrar los siguientes criterios:
1) Una definición clara de la Escuela, que establezca su razón de ser, que no es otra, que preparar profesionales para la investigación, el resguardo, la conservación y promoción del patrimonio arqueológico, histórico-cultural nacional; para la preservación y promoción de las sociedades de tradición étnica-campesina y sus manifestaciones culturales.
2) La integración paritaria del sector estudiantil y de los profesores de Asignatura a la estructura de participación y decisión de la Escuela, de tal forma que todos los sectores estén debidamente representados y gocen de plenos derechos.
3) La armonización de las instancias de gobierno: Asamblea General de la ENAH, Asambleas de Licenciatura y Posgrado, Consejo Técnico y Consejo Académico y Dirección de la Escuela, que permita que la información de los asuntos internos fluya adecuadamente y se tomen decisiones analizadas, condensadas y por lo tanto, legítimas; que promuevan el adecuado funcionamiento académico y administrativo de la Escuela.
De lograr lo anterior, la nueva reglamentación habrá integrado la tradición democrática de la Escuela y estaremos generando una institución sólida y viable para la sociedad mexicana del Siglo XXI.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Sobre de la idea de cambio social a través de la política en México



Víctor Manuel Ovalle Hernández
Profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)


En los últimos años, particularmente en el pasado proceso electoral de 2018, en que ganó la presidencia de México el político tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, ha aflorado una creencia en el imaginario social -principalmente entre los seguidores de este dirigente, tanto en los foros de discusión como en las redes sociales-: que se puede cambiar la situación de degradación social del país, sustituyendo a los “malos” por “buenos políticos”. Los malos, los que violentaron, traficaron, robaron, asesinaron y dejaron al país “en ruinas”; los buenos, los que prometen gobernar con honestidad y han desafiado con perseverancia a los primeros.

Esta noción, aprendida a través de los libros de texto de historia política de nuestro país, en las que se resalta el papel de los personajes heroicos y no el de las masas de trabajadores y campesinos en la conformación del Estado-nacional, se acompaña de otras ideas complementarias:
Que el espacio primordial de los ciudadanos en la política son las elecciones y el espacio de los políticos es el gobierno. Esta dicotomía ciudadanos/gobierno, contribuye a preservar la escasa conciencia política de la población; impide que las personas confronten con argumentos sólidos -a partir de la reflexión crítica de textos, discursos, declaraciones-, las ideas de sus oponentes y de sus mismos candidatos, recurriendo a descalificaciones e insultos y reproduciendo argumentos simplistas del tipo: que en el gobierno se ha enquistado un grupo de políticos: “la mafia en el poder”, que son los responsables de la corrupción, por lo tanto, si se quita a este grupo, desaparece la corrupción. La oposición ciudadanos/gobierno no deja otra opción a los seguidores más que seguir con lealtad a su dirigente y confiar en que sus decisiones serán sensatas y no los traicionará y es también responsable de que una considerable cantidad de población vea la autoorganización independiente para gestionar sus demandas como algo extraño y a la vez lejano. Para ser más claros, este manejo de la política despolitiza y desmoviliza a los trabajadores.

Otra idea con popularidad ha sido que “México ya despertó”, tras décadas de sometimiento por parte de un partido en el poder, ignorando con ello, la tradición de lucha obrera, campesina y popular que ha sido constante durante el último siglo. Esta creencia –que es sólo eso- bien pudo aparecer durante el Movimiento estudiantil de 1968, en las movilizaciones populares tras los sismos de 1985, en los mítines de Cuauhtemoc Cárdenas de 1988, durante el alzamiento zapatista de 1994, en la lucha nacional del Movimiento #Yosoy 132 de 2012 y en las manifestaciones por la aparición con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Asimismo, subyace la idea de que el poder político subordina al poder económico y que por lo tanto, un liderazgo honesto puede cambiar las condiciones materiales de precariedad, miseria y pobreza de la mayoría de la población. Esta creencia no considera que la economía de nuestro país ha estado abierta y dominada por los monopolios trasnacionales: empresariales y financieros –utilizando prácticas y políticas legales e ilegales-, cuando menos durante los últimos 30 años. De esta manera, el Estado y la política, asumen el papel de garantizar que las inversiones fluyan para obtener una alta tasa de ganancia, enfrentando los menores obstáculos posibles, mediante la eliminación de aranceles, la creación de infraestructura, comunicaciones y la facilitación de territorios, fuentes de energía, recursos naturales y fuerza de trabajo dócil y barata, aun y cuando tengan que modificar leyes constitucionales, comprar, engañar, amenazar, despojar, desplazar poblaciones y reprimir las resistencias.

En realidad, el poder político es una expresión del poder económico y por lo tanto queda subordinado a éste. En una sociedad capitalista dividida en clases sociales, el Estado (que incluye al gobierno y demás instituciones) representa los intereses de la clase dominante: la burguesía. No es un órgano que actúe como mediador en los conflictos que surgen entre capitalistas y trabajadores, ni un ente que promueva el bien común, sino el instrumento político que permite garantizar la acumulación constante de riqueza a la burguesía nacional y extranjera, por lo que la forma en que los trabajadores podrían transformar sus condiciones de vida, es apropiándose de los medios de producción y estatizando las empresas estratégicas de la economía nacional. Sólo así, cambiaría el carácter del Estado. 

En declaraciones a la prensa, el entonces candidato López Obrador declaraba que se respetarían las inversiones y que no se realizarían expropiaciones de ningún tipo, y en su primer discurso como presidente electo en el hotel Hilton, dejó claro a quien serviría: “Habrá libertad empresarial… En materia económica, se respetará la autonomía del Banco de México; el nuevo gobierno mantendrá disciplina financiera y fiscal; se reconocerán los compromisos contraídos con empresas y bancos nacionales y extranjeros (https://www.youtube.com/watch?v=sdDupiegQrU)”.

En síntesis, el complejo de creencias que hemos comentado, se ubica en la esfera de la moral y la política – o superestructura ideológica- y no trasciende a la estructura económica, por lo que constituye una cortina de humo, que impide ver que el problema real no es la corrupción, sino la explotación que realizan unas cuantas familias privilegiadas con el trabajo ajeno de millones de seres humanos a nivel planetario, para acumular riqueza material indefinidamente.
  


Imperio sin industria, imperio de papel

Estados Unidos puede ganar las batallas, pero no la guerra de Irán. El dinero no fabrica misiles si no existe la capacidad para hacerlo. Por...