sábado, 28 de febrero de 2015

La destrucción de la conciencia en la Academia Nacional de las Ciencias de EE UU. Entrevista

    
                 


Marshall Sahlins · David H. Price 
24/03/13
 
El pasado viernes, Marshall Sahlins, un respetado antropólogo de la Universidad de Chicago, dimitió formalmente de la Academia Nacional de las Ciencias (NAS), la sociedad científica más prestigiosa de los Estados Unidos. Con este motivo, otro reputado antropólogo, David H. Price le entrevistó para CounterPunch.

Sahlins dice que dimitió debido a sus «objeciones a la elección de (Napoleón) Chagnon y a los proyectos de investigación militares de la Academia.» Sahlins fue elegido miembro de la Academia Nacional de las Ciencias en 1991. Para explicar su dimisión emitió el siguiente comunicado:

«Según la evidencia de sus propios escritos, así como el testimonio de otros, entre ellos los pueblos amazónicos y los académicos de la región, Chagnon ha ocasionado importantes daños a las comunidades indígenas en las que investigó. Al mismo tiempo, sus declaraciones «científicas» acerca de la evolución humana y de la selección genética para la violencia masculina –como en el famoso estudio que publicó en 1988 en Science– han demostrado ser superficiales y sin fundamento, lo que perjudica a la ciencia antropológica. En el mejor de los casos, su elección para la NAS ha sido un golpe intelectual y moral a parte de los miembros de la Academia. Tanto, que mi propia participación en la Academia se ha vuelto embarazosa.

Tampoco quiero participar en la ayuda y el apoyo que la NAS está proporcionando a la investigación en ciencia social para mejorar la actuación en combate de los militares de EE UU, teniendo en cuenta el peaje que los militares han pagado en sangre, riqueza y felicidad del pueblo norteamericano y el sufrimiento impuesto a otros pueblos en las innecesarias guerras de este siglo. Creo que si la NAS se implica en este tipo de investigación debería ser para estudiar como promover la paz, no como hacer la guerra.»

Napoleón Chagnon saltó a la fama a raíz se su trabajo de campo entre los yanomami (también conocidos como yanomamo) en las selvas lluviosas de la cuenca del Orinoco al nordeste de Sudamérica, en los años 1960 y 70. Escribió una etnografía, que fue un bestseller, que se utilizó en las clases introductorias de antropología en todo el mundo, en la que describía a los yanomami como un «pueblo violento» debido a los elevados niveles de guerra, intra e inter grupo,  observados durante su trabajo de campo, propensión a la guerra que describía como innata y representativa de la humanidad en una especie de imaginado estado natural.


Actualmente Chagnon está disfrutando de su celebridad en una gira nacional para el lanzamiento de un libro (Nobel Savages) en el que pinta al grueso de los antropólogos norteamericanos como cretinos postmodernos anti-ciencia y con el cerebro reblandecido, enzarzados en una guerra contra la ciencia.

La verdad es que, excepto en el espacio distorsionado del New York Times y otros pocos medios por el estilo, no hay ninguna «guerra científica» en la antropología. Por el contrario, el amplio rechazo del trabajo de Chagnon por parte de muchos antropólogos tiene que ver con la baja calidad de su investigación. En su blog Anthropomics, el antropólogo Jon Marks describía recientemente a Chagnon como un «antropólogo incompetente», añadiendo:

“Permítanme que les aclare mi utilización de la palabra «incompetente». Sus métodos para recoger, analizar e interpretar los datos no pueden considerase como una práctica antropológica aceptable. Es verdad que vio a los yanomamo haciendo cosas desagradables. Pero al concluir de sus observaciones que los yanomamo son innata y primordialmente «violentos» ha perdido su credibilidad antropológica porque no ha demostrado nada en este sentido. Tiene derecho a sus puntos de vista, como lo tienen los creacionistas y los racistas, pero la evidencia no apoya la conclusión, lo que la hace científicamente incompetente”. 

El amplio rechazo de las interpretaciones de Chagnon entre los antropólogos proviene de la poca calidad de su trabajo y de la orientación sociobiológista de su análisis, no de una oposición a la ciencia.

Entre los más acérrimos críticos de Chagnon se encuentra el director de mi tesis doctoral, el antropólogo Marvin Harris, él mismo un archipositivista y gran defensor del método científico. Sin embargo, Harris rechazó a Chagnon y sus resultados sociobiológicos en unos duros debates académicos que duraron décadas, no porque Harris fuera anti-ciencia, sino porque Chagnon era un mal científico (quiero señalar que Harris y Sahlins también tuvieron debates famosos sobre diferencias teóricas fundamentales; no obstante ambos están de acuerdo al objetar la militarización de la disciplina y en el rechazo del trabajo sociobiológico de Chagnon).

Supongo que si realmente hubiera batallas a favor o en contra de la ciencia dentro de la antropología, me encontraría en el campo de la ciencia como el que más; pero si realmente existieran tales divisiones no estaría más dispuesto a aceptar la validez y fiabilidad (las señales distintivas de la buena ciencia) de los hallazgos de Chagnon que los de aquellos que supuestamente rechazan los fundamentos de la ciencia.

En el 2000 hubo, en efecto, una crisis importante y muy dolorosa en la Asociación Antropológica Americana a raíz de la publicación del libro de Patrick Tierney, Oscuridad en El Dorado, en el que se hacían numerosas acusaciones de explotación (y aún peor) contra Chagnon y otros antropólogos que trabajaban con los yanomami (ver el ensayo de Bárbara Rose Johnston sobre el film de José Padilla, Secretos de la Tribu). Sin entrar en todos los detalles y rodeos que fueron necesarios para demostrar el daño hecho por Chagnon y la insuficiencia de sus conclusiones, baste con decir que la decisión de ofrecer uno de los puestos más selectos de la Sección 51 de la Academia Nacional de las Ciencias al Dr. Chagnon es una ofensa a un amplio grupo de antropólogos, se identifiquen o no a sí mismos como científicos.

La dimisión de Marshall Sahlins es una heroica denuncia contra la subversión de la ciencia por parte de aquellos que declaran que la violencia humana es naturalmente innata, así como una oposición a la creciente militarización de la ciencia. Aunque las credenciales de Sahlins como activista contra la militarización del conocimiento están bien establecidas –es ampliamente reconocido como el creador del «teach-in» como forma de protesta, que organizó por primera vez en febrero de 1965 en la Universidad de Michigan– no le debe haber resultado fácil dimitir de este prestigioso puesto.

A finales de 1965 Sahlins viajó al Vietnam para conocer de primera mano la guerra y los norteamericanos que luchaban en ella, siendo su resultado su fundamental ensayo «La destrucción de la conciencia en Vietnam». Se convirtió en una de las voces más lúcidas y fuertes contra los esfuerzos (en la Norteamérica de los años 60 y 70 y luego, otra vez, después de los 09/11) para militarizar la antropología.

En 2009 participé en una conferencia en la Universidad de Chicago, que examinaba críticamente los renovados esfuerzos de las agencias militares y de espionaje de EE UU para utilizar datos antropológicos en campañas contra-insurgencia. La ponencia de Sahlins en la conferencia argumentaba que «en Vietnam la famosa estrategia contra-insurgente fue buscar y destruir; aquí es investigar y destruir. Quizás sea una buena noticia que la apropiación militar de la teoría antropológica es incoherente, simplista y pasada de moda –por no decir tediosa– incluso si sus protocolos etnográficos para estudiar la sociedad y la cultura local son fantasías imposibles».

Anteayer, Sahlins me envió un correo electrónico, que había estado circulando entre los miembros de la Sección 51 (Antropología) de la NAS, que anunciaba  dos nuevos «proyectos de consenso» bajo el patronazgo del Instituto de Investigación del Ejército. El primer proyecto examinaba «El contexto del entorno militar : los factores sociales y organizacionales», el segundo «La medida de las capacidades humanas: el potencial de actuación de individuos y colectivos». Leyendo el anuncio de estos proyectos enviado por Sahlins está claro que los militares buscan la ayuda de los científicos sociales, que pueden orientar las operaciones militares utilizando la ciencia social y la ingeniería social, para hacer posible que unidades intercambiables de personas que trabajan en proyectos militares interactúen sin problemas. Este parece ser cada vez más el papel que los norteamericanos asignan a los antropólogos y otros científicos sociales: el de mediador militar.

He aquí el intercambio que tuve con Sahlins sobre su dimisión, la elección de Chagnon a la Academia Nacional de las Ciencias y las  relaciones de la Academia con los proyectos militares.

Price: ¿Como ha conseguido Chagnon que los numerosos ataques a su investigación éticamente preocupante y a sus métodos y conclusiones científicamente cuestionables, se hayan convertido en algo que es ampliamente considerado como un ataque a la ciencia en sí misma ?

Sahlins: En el campo de Chagnon no se ha hablado de los temas, en especial de las críticas a sus supuestos resultados empíricos, como el artículo de Science de 1988 y las numerosas críticas de los antropólogos amazónicos a su superficial etnografía y su retrato perversamente distorsionado de los yanomami. Estos científicos pro-Chagnon simplemente rechazan discutir los hechos etnográficos. En vez de esto lanzan ataques ad hominem: antes era contra los marxistas, ahora contra los «humanistas desorientados». Mientras, intentan presentarlo como una persecución ideológica anti-ciencia. De nuevo, irónicamente, desviando el tema para eludir la discusión de los hechos empíricos. Mientras, el importante daño, físico y emocional, inflingido a los yanomami, además de la mezquina instigación a la guerra de sus métodos de trabajo, se ignoran completamente en nombre de la ciencia. Investiga y destruye, como califiqué el método. Un absoluto escaqueo moral.

Price: La mayor parte de la publicidad que gira alrededor de su dimisión de la Academia Nacional de las Ciencias se centra, o bien en la elección de Napoleón Chagnon a la Asociación, o en las supuestas «guerras científicas» en la antropología, mientras que los medios han prestado muy poca atención a sus declaraciones contra las crecientes relaciones de la NAS con los proyectos militares. ¿como reaccionaron los miembros de la Sección 51 de la NAS a la convocatoria de octubre 2012 dirigida a los miembros de la Academia para la realización de investigaciones con el objetivo de mejorar la eficacia de las misiones militares ?

Sahlins: La Academia Nacional de las Ciencias como tal no realizaría la investigación. Más bien alistaría gente de sus diversas secciones –como en las notas de la sección 51– y así participaría probablemente en la revisión de los informes antes de su publicación. El Consejo Nacional de Investigación es quien organiza realmente la investigación, obviamente en colaboración con la NAS. Aquí tenemos otro tentáculo de la militarización de la antropología y otras ciencias sociales, del que tenemos un ejemplo familiar en el Sistemas de Territorio Humano, que es tan pérfido como insidioso.

Price: ¿Hubo algún tipo de diálogo entre los miembros de la Sección 51 de la NAS cuando se publicaron estas convocatorias para estos nuevos proyectos financiados por el Instituto de Investigación del Ejército ?

Sahlins: No he tenido acceso a ningún tipo de correspondencia, si es que hubo alguna, lo ignoro, ya sea entre los funcionarios de la Sección o entre los miembros.

Price: ¿qué reacciones ha recibido de parte de otros miembros de la NAS, si es que ha habido alguna ?

Sahlins: Virtualmente ninguna. Alguien dijo que yo siempre he sido contrario a la sociobiología.

Price: combinando temas que impregnan las declaraciones de Chagnon sobre la naturaleza humana, y el apoyo de la Academia Nacional de las Ciencias a la ciencia social al servicio de los proyectos militares norteamericanos; ¿puede hablarnos del papel de la ciencia y de las sociedades científicas en una cultura, como la nuestra, tan centralmente dominada por la cultura militar?

Sahlins: Hay uno o dos párrafos en mi panfleto sobre Las ilusiones occidentales sobre la naturaleza humana, del que no tengo ahora ninguna copia, que cita a Rumsfeld respecto  a que (parafraseando a una frase del guión de la película Full Metal Jacket) dentro de cada musulmán del Oriente Medio hay un norteamericano en potencia, un americano amante de la libertad por su propio interés y que no tenemos más que ayudarla a salir o sacar a la fuerza los demonios que están imponiendo otras ideas en sus mentes (ver la pag. 42 de Sahlins; Las ilusiones occidentales sobre la naturaleza humana). ¿Acaso la política global norteamericana, especialmente la política neo-con, no está basada en la confusión entre la ambición capitalista y la naturaleza humana? No hay más que liberarla de sus ideologías equivocadas e impuestas externamente. En cuanto a las alternativas, ver el panfleto mencionado anteriormente sobre el parentesco único y universal y el pequeño libro que publiqué el pasado mes: Qué es parentesco – y qué no lo es.

Price: Usted menciona el deseo de que las tendencias fundamentalmente militaristas se conviertan en pacifistas. ¿Tiene alguna idea de que hacer para conseguirlo?

Sahlins: no he pensado en ello, probablemente porque la idea de que la Academia Nacional de las Ciencias pueda hacerlo es impensable actualmente.

Hay una creciente respuesta internacional en apoyo de la posición de Sahlins. Marshall recibió un mensaje, que me mostró, del profesor Eduardo Viveiros de Castro, del Museo Nacional de Río de Janeiro, en el que Castro escribía :

«Los escritos de Chagnon sobre los yanomami del Amazonas han contribuido enormemente a reforzar los peores prejuicios contra este pueblo indígena, que ciertamente no necesitan de este tipo de antropología seudo-científica estereotipada que Chagnon ha decidido seguir a coste de ellos. Los yanomami son cualquier cosa excepto los robots socio-biológicos, crueles y desagradables que pinta Chagnon – que probablemente proyecta su percepción de su propia sociedad (o personalidad) en los yanomami-. Hay indígenas que, contra todo pronóstico, han conseguido sobrevivir de acuerdo con sus tradiciones en una Amazonia cada vez más amenazada por la destrucción medioambiental y social. Su cultura es original, robusta e inventiva ; su sociedad es infinitamente menos «violenta» que las sociedades brasileña o norteamericana.
Prácticamente todos los antropólogos que han trabajado con los yanomami, muchos de ellos con mucha más experiencia de campo entre esta gente que Chagnon, encuentran objetables (por decirlo suavemente) sus métodos de investigación y fantástica su caracterización etnográfica. La elección de Chagnon no honra a la ciencia norteamericana ni a la antropología como disciplina y, además, es de mal augurio para los yanomami. Por lo que a mí respecta considero a Chagnon como un enemigo de los indios amazónicos. Tengo que felicitar al profesor Sahlins por su valiente y firme posición en defensa de los yanomami y de la ciencia antropológica».

No nos queda más que preguntarnos que será de la ciencia, ya sea practicada con una «C» mayúscula (a veces ciega) o con una variedad inquisitiva en minúscula, si quienes cuestionan algunas de sus prácticas, errores de aplicación y resultados son cada vez más marginalizados, mientras que aquellos cuyos resultados se alinean con nuestros valores culturales guerreros, más extendidos, son bienvenidos. Cuando la NAS toma partido por una figura tan  divisiva como Chagnon y demoniza a sus críticos pretendiendo que atacan no sus prácticas y teorías sino a la misma ciencia, está dañando la credibilidad de estos científicos. Es lamentable que la Academia Nacional de las Ciencias se haya puesto a sí misma en esta difícil situación.

La dinámica de este tipo de disensiones no se limita a este pequeño segmento de la comunidad científica. En su ensayo de 1966 sobre «La destrucción de la conciencia en Vietnam» Sahlins argumentaba que para poder continuar la guerra, EE UU tenía que destruir su propia conciencia –que enfrentarse a quienes han sido destruidos por nuestras acciones era demasiado duro para la nación, que era una forma de mostrarse al desnudo, y escribía: «La conciencia debe destruirse: tiene que terminar en la mira del rifle, no puede acompañar a la bala. Así, toda la lógica a su alrededor desaparece en los antecedentes. Se convierte en una guerra con un objetivo trascendente y en este tipo de guerra todos los esfuerzos en el lado de Dios son virtuosos y todas las muertes son, por desgracia, necesarias. El fin justifica los medios».

Estamos ante una situación trágica cuando la buena gente con conciencia ve como única alternativa la dimisión; pero, a veces, decisión de dimitir es la forma de protesta más valiente.





Marshall Sahlins, patriarca de la antropología en EE UU, profesor emérito de las Universidades de Columbia y Michigan, realizó intensos estudios de campo en Melanesia y Polinesia,. En los años 70, inspirándose y continuando la obra de Karl Polanyi, revolucionó la concepción del neolítico con su Economía de la Edad de Piedra (Akal, 1983). En los años 90, fue el principal crítico de la sociobiología en Uso y Abuso de la biología: crítica antropológica de la Sociobiología (Siglo XXI, 1990).  David H. Price es profesor de antropología en la Universidad de Sant Martin, en Lacey, Washington. Es el autor de La militarización de la antropología : la ciencia social al servicio del Estado militarizado, publicado por Counter Punch Books. 

Traducción para www.sinpermiso.info: Anna María Garriga Tarré

lunes, 23 de febrero de 2015

Reseña de "El capitalismo histórico" de Immanuel Wallerstein. Un lúcido y brillante análisis del Capitalismo

Luis Roca Jusmet




El capitalismo histórico
, de Immanuel Wallerstein, Traducción de Pilar López Mañez, Madrid, S.XXI, 2012


Immanuel Wallerstein es un analista clave para entender la sociedad en que vivimos. Lo es desde la perspectiva rigurosa, clara y crítica de un científico social que niega la división de las dos culturas, la científica y la humanística. Y que plantea una concepción integrada de todas las ciencias sociales: lo que él llama la sociología histórica. Esta sociología no sólo no está separada de la historia sino que además rompe las barreras entre la antropología, la sociología, la economía y la política. Porque esta división lo que marca una concepción del saber que se corresponde con el tipo de sociedad que emerge a partir del siglo XV y que ya está globalizada el siglo XIX. Esta sociedad es lo que Wallerstein llama un Sistema-Mundo. Con este término se refiere a un tipo de sociedad que tiende a la máxima expansión, a un dominio global. Hasta ahora estos sistemas eran los Imperios, que estaban basados en un poder político absoluto. Pero el Sistema-Mundo moderno es una Economía-Mundo. Esto quiere decir que su dominio no es político sino económico. Este dominio económico es impersonal, es la lógica que rige el funcionamiento del sistema, que es el de la acumulación de capital. Todo se ha ido ordenando alrededor de esta finalidad, que es totalmente irracional.

En contra de otros planteamientos, Wallerstein no cree que lo esencial del capitalismo sea su naturaleza de economía de mercado. En este sentido sigue la línea del historiador Fernand Braudel y el economista Karl Polanyi al considerar que el capitalismo es, en cierta forma, una economía anti-mercado. Lo es en la medida en que la lógica del sistema tiende al oligopolio o al monopolio y no a la libre competencia. Aunque lo que sí es cierto es que esta acumulación de capital la realiza a partir de una mercantilización progresiva de todos los elementos sociales. Otra cosa es lo que dice el liberalismo, que es una ideología que oculta más que muestra el funcionamiento real del capitalismo. Aquí es fundamental entender el papel del Estado, pieza fundamental para garantizar este mecanismo. El Estado es ambivalente. Aunque pueda recoger los frutos de los movimientos reivindicativos (a los que él llama antisistémicos) y ser así un elemento de redistribución de los recursos, no hay que olvidar su papel fundamental. El Estado crea las infraestructuras (de comunicación, de información, de energía..), las fronteras y la legalidad que necesita el capitalismo. Tiene además el monopolio de la violencia, que le permite garantizar el orden interno centrado en la propiedad privada (policía) como la competencia por los mercados (ejército) . Pero también se dedica a socializar las pérdidas de los oligopolios y los monopolios a través de subvenciones, los beneficios fiscales o simplemente inyectandoles el dinero que necesitan para seguir acumulando capital. Hoy más que nunca me parece que es evidente esta última afirmación. Otro elemento fundamental en el planteamiento de este gran sociólogo es la división entre países centrales y países periféricos. No se trata de algo contingente o accidental sino de algo sustancial. Hay un intercambio desigual que hace que las clases trabajadores de los países centrales recojan una parte del beneficio del excedente de esta relación de dominio de unos países sobre otros. Aunque aquí hay que decir que no es justo atribuir a Wallerstein la sustitución de la lucha de clases por la lucha entre países. Son dos aspectos del sistema que hay que entender de manera entrelazada como manifestaciones de la lucha de clases. La realidad es compleja, aunque sea más fácil verla de manera simplificada.

En este denso resumen que Immanuel Wallerstein hace en este libro de sus propias teorías hay otros aspectos que vale la pena remarcar. En primer lugar su noción de estructura dinámica, de crisis y de bifurcación. Estos conceptos los extrae de un científico que es Ilya Prigogine. Como él mismo este Premio Nobel de Química quiso trazar un puente entre las ciencias naturales y las sociales. Una estructura dinámica es un sistema ordenado de una determinada manera. Cada estructura tiene un inicio, una desarrollo, una crisis y dos salidas posibles. Aplicado a la sociedad humana la historia es la transformación de estructuras (larga duración) o lo que ocurre en cada estructura (corta duración). En este proceso no se contempla la idea de revolución porque un sistema se acaba por sus propias contradicciones internas y es en este momento cuando la acción humana decide cual será la salida. El capitalismo no fue resultado de una revolución burguesa, que según Wallerstein nunca existió, sino de una salida favorable a los grupos más poderosos del feudalismo, que se transformaron en la nueva burguesía. Otra opción hubiera sido la formación de comunidades más igualitarias de pequeños propietarios. El capitalismo llegará pronto a su fin porque es incapaz de resolver sus contradicciones internas. Será la lucha entre las élites económicas y los movimientos antisistémicos la que decidirá lo que vendrá después, que puede ser mejor o peor en función de quien gane la lucha. Sí se le puede criticar a Wallerstein la poca precisión de este término, por lo menos tal como aparece en el libro al situar en un mismo plano el nacionalismo y el socialismo (que por otra parte tiene un contenido muy poco matizado).

Desde el punto de vista ideológico el capitalismo es paradójico porque vive la tensión entre el universalismo y el particularismo. Su universalismo es el del mercado y el de la ciencia. Su particularismo es el del nacionalismo, el racismo y el sexismo. Wallerstein es contundente: el racismo es un invento del capitalismo para justificar las desigualdades económicas. Antes del capitalismo existió xenofobia, no racismo. Respecto al sexismo también sostiene que nunca fue tan claro como con el capitalismo, donde se convierte a la mujer en un ser improductivo y se forma una familia nuclear patriarcal. Aquí, evidentemente, habría mucho que discutir porque en lo que respecta al sexismo lo cierto es que el capitalismo ha sobrevivido a la crisis del patriarcado en los países centrales. Respecto al racismo habría aquí toda una reflexión sobre si hay un racismo cultural que es herencia del racismo genético.

Wallerstein no es marxista. Respeta a Marx pero considera que tuvo sus aciertos y sus errores, como podemos comprobar por los comentarios anteriores. Pero quizás la diferencia básica es que para Wallerstein el capitalismo no tuvo un carácter progresivo. Es un sistema totalmente irracional, sin ninguna función histórica y que ha empobrecido a la mayor parte de los habitantes del planeta, que viven peor que antes. Tampoco es comunista, ya que para él el llamado socialismo real no fue nunca una alternativa a la Economía-Mundo capitalista. Esta es una de las contradicciones de los movimientos antisistémicos: al tomar el poder del Estado se acaba convirtiendo en una pieza más dentro del sistema global. Esta afirmación es, sin duda, un escándalo para muchos sectores de la izquierda.

Quizás esta reseña sea un resumen del propio resumen que es en sí mismo el libro, sobre todo de su monumental estudio El moderno sistema mundial. Pero no puedo evitar dar a conocer en estas líneas la teoría del quizás más importante analista crítico del capitalismo en el momento actual. Nacido en Nueva York en 1930 Immanuel Wallernstein completa su inmenso trabajo teórico ( con una indudable base empírica) con artículos y entrevistas sobre el momento presente. Comprometido en una posición claramente de izquierdas nos proporciona un material que es, bajo mi punto de vista, imprescindible para cualquiera que quiera entender lo que estamos viviendo hoy a nivel mundial. No es desde lo más simple como vamos entendiendo lo más complejo (los ilusorios “hechos” del positivismo) sino construyendo un marco global dinámico como podemos ir situando y entendiendo lo más concreto. 

domingo, 22 de febrero de 2015

El pensamiento de Karl Marx

El análisis de la sociedad y su profundo sentido humano llevó a Karl Marx durante el siglo XIX a plantear un nuevo sistema económico de producción en el que las riquezas y los bienes sociales pertenecerían a la clase trabajadora y no a un determinado grupo como sucede en el Capitalismo. Esta corriente de pensamiento fue asumida por los intelectuales y la clase trabajadora que impulsó la Revolución Bolchevique en octubre de 1917 en Rusia. A este proceso los filósofos lo consideran un ensayo..




lunes, 9 de febrero de 2015

Movimientos sociales, toma del poder y transformación del Estado





Miguel Ángel Adame Cerón

Dr. en Antropología, Profesor-Investigador de la Escuela Nacional 

de Antropología e Historia. (ENAH-INAH)

adameguel@yahoo.com.mx
 


Fragmento del libro Movimientos sociales, políticos, populares y culturales. La disputa por la democracia y el poder en el México neoliberal (1982-2013), Itaca, México, 2013, 157 p. que se presentó en la XXXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el domingo 22 de febrero de 2015.


Varios de los analistas e investigadores de las protestas, las movilizaciones, las resistencias, las luchas, los conflictos, las sublevaciones y los movimientos sociopolíticos y culturales de los últimos 30 años, han venido discutiendo la cuestión del sentido, la orientación y los objetivos implícitos y explícitos de dichas acciones colectivas. ¿En última instancia hacia dónde conducen (o hacia dónde conducir las luchas) y/o hacia dónde se dirigen (o hacia dónde dirigir sus propósitos) a mediano y largo plazos? Una de las tendencias influyentes respecto a dicha cuestión ha sido la de plantear que los nuevos movimientos han rechazado la necesidad de tomar del poder, se han alejado o distanciado de la famosa estrategia simplificada por Wallerstein (2008) como de dos pasos: tomar el poder y luego desde allí llevar las transformaciones políticas y socioeconómicas para construir una sociedad diferente u otro mundo (p. 142). 

Esto es, ya no se trata de enfocar y concentrar las fuerzas y los objetivos en la toma del poder estatal y luego implementar los cambios. Pero esta estrategia que se desarrolló durante el siglo XX, dicen varios analistas, fracasó estrepitosamente, por tanto ya no es opción para las luchas antisistémicas de hoy. E. Wallertsein señala: “Una vez que la etapa uno estaba completada, y ellos habían llegado al poder, sus seguidores esperaban que cumplieran la promesa de la etapa dos: ‘transformar el mundo’. Y lo que descubrieron, si es que no lo sabían ya, fue que el poder estatal era más limitado de lo que habían pensado” (p. 145). Es más –abundan los críticos de esta supuesta “estrategia revolucionaria”, como Jorge Alonso (2013)– las “revoluciones anteriores evidencian que han sido realizadas por los de abajo, pero que han sido usurpadas por los nuevos de arriba, por la verticalidad imperante en esos cambios, lo cual convirtió a estos últimos en un nuevo poder opresor. En cambio, la perspectiva de los de abajo que se oponen al margen [¡sic!] del capital y del Estado es la de proporcionar de manera paulatina una convergencia horizontal, que a largo plazo mediante nuevas formas de hacer política construya autónomamente una convivencia horizontal” (pp. 115-116). 

Y más concretamente: la revolución socialista (y la revolución de liberación nacional agregaría Wallerstein), como planteamiento teórico-práctico predominante del siglo XX, intentó la toma masiva y armada del poder para intentar desde ahí, producir cambios sociales estructurales que condujeran a un nuevo modo de producción, “pero fracasó pese a que insistía en que era indispensable recorrer un largo tramo de transición” (Alonso 2013, ídem). 

Ninguna de esas revoluciones que se llamaron socialistas creó un nuevo modo de producción. Los modos de producción estatuidos “no implicaron rupturas totales, sino que se asemejaron a cambios evolutivos” (Alonso, ídem); específicamente cambios unilineales. Por lo que Jorge Alonso (2013), siguiendo a John Holloway  señala que para los cambios no hay una línea prefijada y determinista sino que existe la multilinealidad que depende de la participación de los sujetos (p. 124). En efecto, no hay teleología determinista ni menos fatalista, sino un telos que brota de la participación, del nivel de conciencia y organización, de las necesidades y de las capacidades  histórico-concretas de los sujetos.

Lo planteado por los intelectuales de izquierda que están desencantados de las revoluciones “socialistas” fracasadas, traicionadas, simuladas, defraudadas, etc., de que existe una imposibilidad constatada históricamente (principalmente durante el siglo XX) de triunfo democrático y auténtico con la estrategia de la conquista o toma del poder del Estado capitalista, tampoco es cierta o tan cierta. Pues si bien es evidente, que no ha habido hasta ahora una revolución socialista-comunista que haya cumplido completamente la trasformación radical del modo de producción capitalista, sí ha habido ejemplos históricos no sólo durante el siglo XX, sino también durante el XIX, de revoluciones de corte socialista que han sido inicialmente exitosas en la estrategia de apoderamiento del poder central capitalista y de la implementación de un conjunto de medidas radicalmente democráticas. Esto lo señala adecuadamente el historiador y economista Carlos Aguirre Rojas (2012:169-194 y 2013: 131-160), refiriéndose  a la Comuna de París de 1871, a la Revolución Rusa de los Soviets de 1917, la República de los Consejos de Hungría y a las experiencias de los Consejos obreros alemanes, italianos y a la Revolución Cultural China. 

En estas experiencias revolucionarias y de control político sustancial (aunque más o menos breve en términos temporales debido a su posterior represión o deformación bajo condiciones de hostigamiento militar y económico de las burguesías nacionales e internacionales) por parte de esas instancias populares democráticas como las comunas, soviets, consejos y comités; se establecieron medidas radicales de ejercicio de poder popular que abonaron históricamente a la posibilidad real de concretarlas, continuarlas y ampliarlas. Nos referimos específicamente a las más básicas: la toma de decisiones colectivas, la gestión y administración colectiva de las funciones,  la elegibilidad, revocabilidad, rendición de cuentas, rotación y responsabilidad (en todos los momentos) de los representantes y/o delegados, vasos comunicantes abiertos y fluidos entre las instancias de toma y ejecución de decisiones; es decir, en la toma de poder central se ejerció ampliamente la democracia directa, participativa y amplificada en los diferentes órdenes y niveles del autogobierno popular.

Pero vamos por partes, respecto a las contundentes afirmaciones de Jorge Alonso hay que cuestionar varios aspectos, ¿a qué se refiere con los de abajo?, ¿quiénes son los nuevos de arriba que usurpan la revolución?, ¿se trata de los mismos sujetos o de otros?, ¿cuáles son las condiciones socioeconómicas, políticas, militares, geoestratégicas, demográficas, internacionales, etc., que hacen posible la usurpación? ¿sólo la verticalidad los convirtió en nuevos opresores?, ¿por qué dice que no se lograron rupturas totales sino cambios evolucionistas unilineales?, ¿la convergencia horizontal, la horizontalidad convivencial, la autonomía y ponerse al margen del capital y del Estado (suponiendo que esto último realmente se pudiera hacer en el capitalismo salvaje y globalizado actual) son ingredientes suficientes para agrietar el sistema capitalista y crear otro modo de producción?. Y para cerrar nuestras interrogaciones: ¿esta estrategia de cambiar el mundo, agrietarlo o fisurarlo desde abajo sin el apoderamiento del Estado-gobierno –podríamos preguntar devolviendo el cuestionamiento del investigador Jorge Alonso y al teórico J. Holloway­–  dónde y cuándo ha triunfado en la instalación de una sociedad poscapitalista o un modo de producción diferente al del capitalismo?

Bien, nos parece que la llamada estrategia de dos pasos, es una caricatura política de los procesos revolucionarios, y que como el mismo E. Wallerstein dice, las condiciones, contextos, situaciones y procesos histórico-concretos son mucho más complejos y han intervenido e intervienen factores diversos y múltiples: intranacionales, nacionales generales e internacionales; tales como: guerras, sitiamientos, crisis, relaciones interestatales, escaseces, falta de unidad, traiciones, rupturas, abusos, saqueos, recomposiciones sociopolíticas, crisis económicas, intervencionismos, autoritarismos, resistencias, dinamismo social, asambleísmos, frentes y convergencias, festividades, creatividad popular y social, etc., etc. 

El “asalto al cielo” es un gran y dialéctico complejo desafío, y hoy día bajo las paradójicas condiciones del dominio subordinante y decadente del capital mundial, desarrollar y efectivizar un proceso revolucionario nacional e internacional es un desafío titánico. Quizá sea históricamente el máximo y contradictorio desafío consciente en que se ha encontrado el género humano y las sociedades concretas contemporáneas: tan cerca de terminar con la prehistoria humana (es decir terminar con las desigualdades, limitaciones  e injusticas de las sociedades escasas y clasistas), pero tan difícil de realizar mediante las revoluciones necesarias, suficientes y definitivas (y la revolución socialista-comunista total) para terminar con el capitalismo y superarlo con gobiernos auténticamente populares que lleven a sociedades a terminar con la lucha de clases y las clases mismas (las desigualdades, la explotación del humano por el humano, las opresiones, las discriminaciones, la propiedad privada, las inequidades y miserias, etc.); que conduzcan firmemente hacia sociedades  emancipadas, ricas en fuerzas productivas y relaciones interhumanas de calidad, sociedades de libres asociaciones de colectivos e individuos, etc., etc.

Las revoluciones, en efecto, no se circunscriben a la toma del poder, y específicamente la revoluciones socialistas del porvenir tienen que basarse en  procesos y experiencias efectivas y amplias de autogestión en todos los planos y niveles  de la vida productiva y reproductiva, a nivel micro, meso y macro;  antes, durante y después de las tomas de poder. Se trata de desarrollar y crear revoluciones integrales o totales. Pero los fracasos del pasado no tienen que negarnos o cancelarnos –para nada, sino por el contrario enseñarnos- la posibilidad objetiva-subjetiva de realizar revoluciones exitosas y permanentes: ¡que cumplan  verdaderamente el objetivo magno de desaparición  y superación positiva de sociedades enajenadas y desarrollen la plenitud humana en todas sus dimensiones! Pero algo fundamental para el arranque de dichas revoluciones es que necesaria y obligadamente tienen que pasar de una u otra manera por la toma del poder estatal, puesto que dicho poder tiene que ser apropiado por las masas trabajadoras y populares y luego transformado radicalmente hasta disolverlo a mediano plazo. ¿Por qué?, porque el Estado y sus regímenes y formas de gobierno estatales son el resultado histórico de la división social del trabajo, de la formación de las clases y sectores sociales divididos y su confrontación y guerra en múltiples planos. El Estado encarna e instrumentaliza a nivel supraestructural y estructural el poder de las clases y sectores dominantes, y concentra y centraliza sus dispositivos que garantizan (no sin contradicciones entre ellas mismas y con los dominados) su poder hegemónico, su reproducción, su violencia, su opresión y su control; ya que desde el Estado clasista centralizan y monopolizan  burocrática y parasitariamente fuerzas y capacidades creadas y practicadas por el conjunto de la sociedad. 

El Estado es, pues, una maquinaria regulativa y amortiguadora compleja a nivel político, jurídico, ideológico, simbólico y también económico que está controlada, subsumida  y funciona a favor de los intereses económicos, militares, judiciales, legislativos, fiscales, comunicativos, educativos, científicos, tecnológicos, médicos, artísticos, de vigilancia, de formación familiar y de reproducción cotidiana de las clases y sectores hegemónicos y dominantes, que reprimen y aplastan en general las iniciativas, la creatividad y la vitalidad de la inmensa mayoría de la población (que pertenece a las clases, sectores y grupos dominados y subalternos populares). Específicamente, en el caso del Estado capitalista moderno que nos incumbe, velan primordialmente por los intereses y el hambre de despojo acumulativo plusvalórico de los sectores capitalistas imperialistas y de vanguardia; aunque, en lo global, velan por la reproducción simple y ampliada de todo el sistema capitalista mundial y sus expresiones geopolíticas macroregionales y nacionales, tratando de incidir en el  amortiguamiento de sus crisis y  sus excesos sobreproductivos; y buscando paliar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia intrínseca a este modo de producción. 

Eso no quiere decir que como parte de la guerra de clases no se puedan crear espacios, órganos, movimientos, redes, relaciones antisistémicas y de convivencia real y experimental autogestivas y autónomas; pues de eso se trata también en la lucha revolucionaria: de crear,  inventar  y recuperar formas y laboratorios experienciales comunitarios autogestivos (como las comunas radicales juveniles de los 60 a la actualidad[1], o como los caracoles y municipios autónomos neozapatistas en Chiapas) que mellen las relaciones privadas, mercantilizadas, autoritarias, atomizadas y egoístas capitalistas y que potencien la perspectiva y la vida alternativa anticapitalista y procomunista: enriqueciendo la cultura política antisistémica, vivenciando, intercambiando experiencias-saberes[2] y prefigurando en los hechos el nuevo modo de producción y reproducción socialista-comunista. Empero por más que puedan extenderse  y conectarse esos tejidos alternativos bajo condiciones harto complicadas y a contracorriente (insertadas y acosadas constantemente y siempre por todas partes por el plusvalor, la mercancía, el capital, la propiedad privada, el mercado y el capitalismo avasallador), y ello pueda más o menos crear algunas islas, áreas, grietas y/o fisuras revitalizadoras (tal vez donde participen decenas de movimientos antisistémicos y anticapitalistas y  donde están activos la autogestión y el autogobierno de miles de personas), mientras millones y millones de personas ubicadas en cientos de pueblos y naciones sigan en la enajenación, en la opresión, en la exclusión, en la subsunción y en el consumismo capitalista, no se podrá terminar real y definitivamente con el sistema[3]

Sin la participación del sujeto histórico (diverso pero unificado) en el apoderamiento del monstruo-Estado (K. Marx: “Primer esbozo de la guerra civil en Francia”, 1978) para con determinación y sostenimiento de clase y de pueblo comenzar a darle un vuelco transformador; todo bajo su poder y sus intereses clasistas, liberadores, anticapitalistas y antisistémicos, intereses que son los de la inmensa mayoría de las poblaciones en todos los países del mundo; no habrá verdadera y permanente liberación humana (individual, de colectivo y de género). En efecto, hoy aproximadamente somos más del 95% de la población mundial no propietaria, frente a un 4% de las clases y sectores propietarios y un 1% de una minoría burguesa extraordinariamente privilegiada que superelitistamente toma decisiones en torno a los rumbos que debe seguir el sistema capitalista a su favor a través del control férreo y gansteril –espionaje, criminalizaciones, amenazas, represiones, guerras, torturas, intervenciones, etc.– de gobiernos, de organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OCDE, G-10, G-5, COP, etc.), ejércitos poderosos y tecnologías constantemente renovadas y cada vez más nocivas para el planeta y la humanidad como tal. Así pues, insisto, sin dicho apoderamiento no hay posibilidad de asegurar, respaldar y tener las palancas para romper el poder burgués y sus instancias, agencias, aparatos, dispositivos y mercados, tanto en el plano político como en el socioeconómico y cultural.

Esto tenemos que entenderlo con claridad meridiana pues las limitaciones (aunque de buena voluntad, pero finalmente ingenuas y parciales) de “cambiar el mundo sin tomar el poder” o de “revolucionar desde abajo el poder” sin generar la condiciones y luego efectivamente empoderase masiva, contundente y consistentemente conquistando la maquinaria central y determinante en la reproducción y permanencia del sistema; son eso, se quedan en eso: limitaciones del pensamiento y de la praxis revolucionarias que –de una u otra forma– contribuyen peligrosamente (o cuasi apocalípticamente dada la situación gravísima y cuasi-cataclísmica en que tiene a la humanidad y al planeta el capitalismo salvaje, expoliador y depredador) a aplazar las revoluciones nacionales, macroregionales y la revolución mundial global que son urgentes, pero que desgraciadamente han tardado en desarrollarse y avanzar en este básico “asalto” popular al poder. Entendiendo que son inmensas las tareas organizativas, coordinativas, concentradoras y desconcentradoras, etc., que hay consolidar; y que son gigantescos y numerosísimos los obstáculos que existen en las telarañas y relaciones capitalistas que hay que combatir y superar.

El apoderamiento revolucionario del Estado y sus regímenes y gobiernos para transitar racional y humanamente hacia una sociedad socialista-comunista es eje esencial, es una condición sine quan non, que dependiendo de las condiciones y la participación directa, consciente, decidida y democrática de las masas, en cada país y en varios y muchos países de manera intervinculada, cooperativa y coordinada, será más o menos violenta y dramática: entre mayor y mejor participación activa masiva, más pacífico, racional y tranquilo será ese apoderamiento del poder político nacional e internacional. El concepto científico dialéctico de dictadura del proletariado (que se mantiene en el poder y lo ejerce democráticamente como clases y sectores populares) implica una aparente paradoja, pues contra la dictadura de una minoría superprivilegiada de explotadores, saqueadores y opresores, se impone una dictadura revolucionaria o poder político revolucionario de la inmensa mayoría de trabajadores explotados, oprimidos y marginados. Dictadura necesaria, para en primer lugar combatir la resistencia furiosa de los capitalistas; en segundo lugar para descabezar los cuerpos represivos del monopolio de la violencia y reemplazarlos por cuerpos formados por trabajadores y gente del pueblo; en tercer lugar para sustituir a todos los funcionarios-burócratas de los órganos y agencias estatales por gente del pueblo (que rinda cuentas, que sean elegibles, responsables, revocables, etc.); en cuarto lugar para llevar a cabo las expropiaciones de las riquezas nacionales; en quinto lugar para efectuar las medidas para colectivizar todos los medios de producción y fuerzas productivas tecnológicas arrancados a los burgueses; en sexto lugar para decretar las medidas de apropiación de las instancias fundamentales del poder político, social, jurídico, judicial, comunicativo, educativo, salutífero y artístico-cultural-patrimonial[4]

Obviamente que con en estas acciones-dictados se destruirá la cabeza y los brazos del monstruo-Estado, pero –como los guajolotes cuando se decapitan– hay que dejarlo vivir sus estertores e irle arrancando de la supeditación de los capitalistas  todos los aparatos, dispositivos y estructuras por medio de los cuales los capitalistas controlaban y regulaban su poder hegemónico y dominante; subordinándolos y subsumiéndolos al poder de las comunidades, comunas, consejos, comités de base, asambleas, etc.; poder directo y representacional, poder autogestivo y coordinado; poder democrático y consensuado, poder mayoritario y diversificado; poder igualitario y desigual; poder recuperado y revitalizado por el conjunto  de los  miembros de los pueblos; en suma: poder de los de abajo y poder popular.

La dictadura del proletariado –si garantiza la democracia participativa y directa inmensamente mayoritaria–, no es/no tiene que ser/no será, pues, una dictadura unilateral y antidemocrática sino una dictadura que tiene que dictar (decretar) y llevar a cabo dictados (decretos) que lleven a corto, mediano y largo aliento a la liberación humana a través de o mediando provisoria y transitoriamente un Estado o nueva modalidad de Estado. Que como dijo Federico Engels –y hemos visto arriba– tiene que ser modificado a fondo antes que pueda cumplir sus nuevas funciones. Pero no puede ser destruido completamente en lo inmediato, como han propuesto las corrientes anarquistas[5], pues hacerlo así en el momento inicial: significaría: “destruir el único instrumento con cuya ayuda el proletariado victorioso puede utilizar el poder recién conquistado, aplastar a sus enemigos y llevar a cabo la revolución económica de la sociedad” (1978, p. 36).

Dicho de otra manera es un Estado que se convierte inmediatamente –sin dejar de ser totalmente un Estado– en un no Estado, anti-Estado o contraEstado que inaugura “la reasunción del poder estatal por la sociedad”. Pero dicha dictadura, y sus dictados democráticamente generados y efectivizados, es transitoria o es la forma transicional que se extinguirá como tal; y en ese sentido, extinguirá y mandará a los museos de la historia (junto otras reliquias de la prehistoria humana como la industria lítica, la rueca, los telares de vapor, la familia, la propiedad privada, etc.) al Estado mismo y bajo esa dinámica transformadora conducirá hacia la abolición a mediano-largo plazos de todas las clases, de todas las jerarquizaciones, las estratificaciones, las opresiones, las discriminaciones y las enajenaciones-reificaciones de las sociedades humanas habidas hasta entonces.

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ADAME Miguel Ángel (2005). “Comunas contraculturales: ¿Antifamilias o nuevas familias?, en Revista Casa del Tiempo. UAM, febrero. En http://www.difusioncultural.uam.mx/revista/feb2005/adame.html
ALONSO Jorge (2013). Repensar los movimientos sociales. CIESAS, Casa Chata, México.
AGUIRRE Carlos Antonio (2012). Movimientos antisistémicos, pensar lo antisitémico a inicios del siglo XXI. Protohistoria. Rosario.
ENGELS Friedrich (1978). “Principios de comunismo”, en C. Marx y F Engels, Obras completas, tomo 4, progreso, Moscú, pp. 355-360.
MARX Karl (1978). “Primer esbozo de la guerra civil en Francia”,en C. Marx y F Engels, Obras completas, Progreso, Moscú, pp.250-321.
WALLERSTEIN Immanuel (2008). Historia y dilemas de los movimientos antisistémicos. Contrahistorias, México.
ZIBECHI (2013). “Sobre la forma superior de lucha”, en La Jornada, 27 de diciembre, p. 26.




[1] Véase Migue Ángel Adame C. (2005: 64-73).
[2]Raúl Zibechi señala al respecto que: “Siento que hay múltiples diálogos entre todas estas experiencias [de los nuevos movimientos y organizaciones sociales latinoamericanos de los últimos 20 años] no al estilo de encuentros formales y estructurados, sino intercambios directos entre militantes, capilares no controlados, sino el tipo de trueques de saberes y experiencias que necesitamos para potenciar el combate al sistema”   (2013: 26).
[3] Real e idealmente: mientras no se haya emancipado el conjunto de la humanidad no existirá un solo humano libre; mientras haya un solo ser humano miserable y/o oprimido, no seremos verdaderamente felices.
[4] F. Engels en uno de sus escritos planteó que la revolución tendrá que crear la dominación política del proletariado, o sea el régimen político democrático, que utilizará inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas [instrucciones, decretos, implementaciones, operaciones, expropiaciones, puestas en marcha, etc.] que tendrán que atentar directamente contra la propiedad privada como las siguientes: expropiaciones con pago o sin pago a los propietarios de fábricas, buques, ferrocarriles, talleres, etc.; confiscación de otros bienes; organización del trabajo y ocupación de los trabajadores y masas populares urbanas y rurales de fábricas, fincas y centros de trabajo; aumento de estos; trabajo obligatorio y formación de ejércitos de trabajadores en las industrias; cultivo de todas las tierras; educación para todos y todas en escuelas públicas en todos los niveles; construcción de viviendas y destrucción de las insalubres y mal construidas; concentración y organización del transporte, etcétera (“Principios de comunismo”, 1978).
[5]Ese aspecto ha sido un eje constante de discusión entre corrientes  (pro) anarquistas y marxistas; sin embargo extraña que Carlos A. Aguirre que al parecer se reivindica marxista, insista que se trata desde el comienzo de la conquista del poder, de la destrucción completa del Estado, no sólo de la destrucción del poder central o dominante  burocrático-militar del Estado-gobierno burgués.

jueves, 29 de enero de 2015

La Revolución de Ayotzinapa. Los hechos que sacudieron a México


 Manifestación en la Ciudad de México: Foto: La Sexta Nius.

Las revoluciones constituyen verdaderas necesidades. Cierto que hay muchos cambios continuos, pero al acumularse se producen cambios bruscos. Georges Politzer



Víctor Manuel Ovalle Hernández
Escuela Nacional de Antropología e Historia, México
Publicado en Rebelión (www.rebelion.org)
29-12-2014 




El asesinato de 6 personas, 25 heridos y la desaparición con vida de 43 normalistas de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, hechos orquestados por el Gobierno de la República en los que participaron el Ejército, la Policía Federal[1] y elementos de seguridad del municipio de Iguala, Guerrero, el pasado 26 y 27 de septiembre de 2014, generó una ola de protestas alrededor del mundo: movilizaciones masivas principalmente en los estados de Guerrero, Michoacán, Oaxaca y el Distrito Federal; tomas de edificios de gobierno, radiodifusoras, carreteras, casetas de cobro, gasolineras, puentes internacionales y aeropuertos; cierres de tiendas de autoservicio trasnacionales y bloqueos a instituciones bancarias en todo el país; paros escalonados de estudiantes en más de 115 planteles –los principales del país- de educación superior que incluyen a la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, La Universidad Pedagógica Nacional, La Universidad Autónoma de Chapingo y la Escuela Nacional de Antropología e Historia; manifestaciones en consulados y embajadas mexicanas; pronunciamientos en el medio intelectual y artístico; declaraciones de organizaciones de derechos humanos y organismos internacionales y la proliferación de publicaciones en las redes sociales.

Una respuesta social que no se había registrado en otros hechos brutales de negligencia, violencia y represión estatal como el incendio de la Guardería ABC en el que fallecieron 49 niños, 76 resultaron heridos de entre cinco meses y cinco años de edad en Hermosillo, Sonora en 2009; la localización de más de 193 cadáveres en 47 fosas clandestinas en el municipio de San Fernando, Tamaulipas en 2011, o el asesinato y desaparición sistemática de luchadores sociales en todo el país, sucesos que tienen en común, haber quedado impunes, como cientos de casos más en nuestro país.

El caso Ayotzinapa confirmó e hizo visible el hartazgo, la desesperación y la indignación de la población trabajadora a un sistema político carente de legitimidad, que promueve medidas económicas para incrementar las ganancias de las corporaciones trasnacionales que operan en nuestro país y que orilla a la inseguridad y la degradación económica a las personas que debería proteger. El secuestro de los normalistas también parece representar el inicio de un periodo revolucionario en nuestro país como a continuación veremos.   

El ambiente socioeconómico
En la historia de los pueblos pueden distinguirse dos tipos de eventos: los hechos históricos, que son sucesos cotidianos: políticos, económicos, culturales y tecnológicos, que pueden documentarse bibliográfica, gráfica y audiovisualmente; se manifiestan en la continuidad social -la cual no es estática, ni ausente de conflictos-, en muchos casos intentando trastocarla y se presentan aparentemente aislados o desconectados del todo social. Y los acontecimientos revolucionarios, que son los que desencadenan procesos de cambio social, se insertan o aparecen como resultado de estos procesos. Son eventos que alteran la continuidad e inercia del sistema social o modo de producción predominante.

De esta manera, los sucesos de la Guardería ABC, los asesinatos de San Fernando y la represión sistemática de luchadores sociales, aparecen como hechos históricos, y a la vez, como cambios cuantitativos que fueron erosionando la legitimidad y la continuidad del régimen político, hasta desembocar en la represión estatal a los normalistas de Ayotzinapa, que se manifiesta como un detonante social y acontecimiento revolucionario, el cual desestabiliza al sistema y abre la puerta de la revolución social, desplegando cambios cuantitativos en cascada, que pueden desembocar en cambios de calidad.

¿Cómo distinguimos un periodo revolucionario? El proceso se inicia cuando el modo de producción predominante –el Capitalismo en este caso- no es capaz de retroalimentar regiones sustanciales de su estructura. Aparece entonces el conflicto en forma de cambios cuantitativos que pretenden reparar los daños que afectan al sistema social. Estos cambios se manifiestan en la continuidad del modo de producción y se perciben como hechos aislados a través del tiempo, aun cuando irrumpan con profundo dramatismo. Son cambios que soporta el sistema social sin alterar su naturaleza económica.

Surge entonces un detonante que no sólo sacude la conciencia social, sino que articula y da sentido a los cambios cuantitativos, vinculándolos entre sí, haciendo visible y nítido el encadenamiento de procesos económicos y políticos. A partir de entonces, se transforma en un referente histórico que alimenta cambios cuantitativos en cascada, que el sistema ya no es capaz de soportar. Sintiéndose herido y en peligro de muerte, se defiende con una vehemencia contrarrevolucionaria de extrema violencia, intentando eliminar los elementos desestabilizadores o absolverlos con sus mecanismos adaptativos.

El proceso puede desembocar en un salto brusco o cambio de calidad. El modo de producción se colapsa regionalmente y cede ante la nueva conformación o disposición del sistema. La revolución se consuma y se inicia un reacomodo en las relaciones sociales de producción que deben articularse con las relaciones políticas. En tanto, el modo de producción predominante no haya sido superado históricamente, los elementos residuales en contubernio con los poderes globales continuarán ejerciendo presión y generando conflicto, reagrupándose continuamente con el objetivo de regresar al estado anterior, que las fuerzas contrarrevolucionarias conciben como el estado ideal de la sociedad.     
      
Marx (1983:251) decía que al llegar a cierta fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o con las relaciones de propiedad que es su expresión jurídica. De este postulado teórico se deriva una consecuencia: las fuerzas productivas requieren sostener correspondencia con las relaciones de producción. Si esto no ocurre, dichas relaciones se convierten en trabas suyas. En el siglo XXI, observamos que las fuerzas productivas están al servicio del mercado y la acumulación de capitales a nivel mundial. Esto quiere decir que los  beneficios de este desarrollo no alcanzan a la mayor parte de la población mundial que se debate en la sobrevivencia, aun cuando en esta mayoría, se ubican los que producen la riqueza social: los trabajadores de la ciudad y del campo.

La imposibilidad de acceder a los bienes sociales suficientes para mejorar sus condiciones de vida, está ligada a las recurrentes recesiones económicas planetarias, que aparecen cuando el ciclo de la producción-distribución-cambio y consumo de mercancías se interrumpe o no se completa cabalmente debido a la imposibilidad de las personas de acceder plenamente a dicho ciclo. 

Aunado a ello observamos –como también lo explicó Marx- que el Capitalismo es un sistema depredador que se autodestruye al devorar sus dos fuentes de riqueza y de reproducción: la naturaleza y el trabajo. El caso de Grecia en 2012 ejemplifica plenamente esta situación. En ese país europeo el poder legislativo aprobó un plan de austeridad que incluía el recorte de 15 mil plazas en el sector público, la flexibilización de las leyes laborales en prejuicio de los trabajadores y una reducción del salario mínimo de 751 a 600 euros (12 mil 637 a 10 mil 96 pesos mexicanos). De esta manera, la población era obligada a pagar los costos de las turbulencias financieras y la indisciplina fiscal de los sucesivos gobiernos griegos (La Jornada 2012).

También en México, los gobiernos de los últimos 30 años han impuesto medidas en contra de los trabajadores, como comprimir salarios, atacar sus derechos sindicales y los contratos colectivos de trabajo, reducir sus prestaciones, además de privatizar casi todas las empresas estatales, satisfaciendo con ello las demandas de los acreedores financieros internacionales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) de acabar con el Estado benefactor e imponer el modelo neoliberal. Por si esto fuera poco, recientemente el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el gobierno, impulsó y aprobó en la Cámara de Diputados y en la de Senadores un paquete de 11 reformas y 81 cambios en leyes secundarias, que en el discurso oficial están destinadas a generar mayor eficiencia y competitividad para reactivar la economía del país, pero que también eliminan obstáculos legales a los capitales extranjeros que ya operan en los sectores estratégicos de la economía, como petróleo, gas y minería. 

De acuerdo a Cartocrítica, una organización civil independiente, el gobierno de Enrique Peña Nieto ha concesionado casi 5 millones de hectáreas para la explotación petrolera en territorios indígenas: 210 municipios de Tabasco, Veracruz, Campeche, Chiapas, Hidalgo, Coahuila Hidalgo, Puebla, Tamaulipas y Veracruz. Casi la totalidad del territorio de los chontales ha sido comprometido; 38% de los totonacos, 31% de los popolucas y 20% de los huastecos y náhuatl (Ánimas 2014). 

En el caso de Guerrero, éste es uno de los estados que registran mayores niveles de pobreza en México. De acuerdo a cifras del Banco de Información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) esta entidad contaba con 3,388,768 habitantes, de un total de 112,336,538 en la República Mexicana en 2010. Cifras oficiales indican que el porcentaje de población guerrerense en situación de pobreza fue de 69.7%, es decir 2.44 millones de personas al cierre de 2012, lo que representa un incremento frente al 67.6% de 2010. Sus actividades económicas predominantes son la agricultura, en la que destaca la producción de maíz, de cocotero, café, mango, limón, melón, sandía y okra (Luna 2014) y el turismo, principalmente de Taxco, Zihuatanejo y Acapulco, en los que actualmente se registra una caída estrepitosa, debido a la recurrencia de tormentas tropicales y huracanes, la violencia delictiva y el conflicto reciente que ha orillado al cierre de negocios, pérdida de empleos y cancelación de reservaciones para la época de vacaciones decembrinas.

De 2011 a 2013, el crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) fue de apenas 0.5% en promedio, en contraste con el 3% de la media nacional, señala un reporte de Banamex. Las actividades terciarias (comercio, turismo, servicios, etc.) contribuyen con el 73.4% del PIB, mientras que el peso del sector secundario (industria) es de 21.3% (contra 35.3% del nacional). No obstante, en 2013, la entidad recibió 110.3 millones de dólares por concepto de inversion extranjera directa, principalmente por el sector minero, en donde operan compañías como Minera Gold Corp, Minaurum Gold, Zhong Ning Mining Investment de China, Vedome Resources, entre otras. (Luna 2014).

En Guerrero, ha sido común el cobro de cuotas a ganaderos, comerciantes y transportistas por parte de las organizaciones delictivas coludidas con los gobiernos y la policía municipal, y el mal uso de los recursos públicos que la Federación transfiere a los estados y municipios para educación, salud, infraestructura básica, seguridad pública, programas alimenticios y se asistencia social (Goche 2014). A la explotación económica se suma también la dominación política y la degradación cultural.

Las condiciones objetivas para un levantamiento popular ya existían en Guerrero desde décadas atrás. No obstante, las condiciones subjetivas de fragmentación ideológica y aislamiento social, no habían sido las propicias para generar un movimiento del alcance de Ayotzinapa, el cual rebasó los límites regionales para obtener eco más allá de las fronteras nacionales.   

Manifestación en Barcelona exigiendo justicia en México, octubre de 2014.


El  proceso revolucionario
Un proceso revolucionario plantea la existencia de un escenario de condiciones materiales de precariedad, inestabilidad económica, explotación extrema y represión, por un lado, y condiciones subjetivas de lucha, que combatan al Estado políticamente, por el otro.

Asimismo, requiere una base organizativa, que en el caso de Guerrero recae principalmente en la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación (CETEG), y la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC) y los mismos estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, que son organizaciones de masas influenciadas por partidos y núcleos proletarios que cuentan con un programa político de organización clasista. Tales organizaciones luchan por mejorar sus condiciones laborales y educativas, además de proteger a sus comunidades de la delincuencia, en particular del narcotráfico y que mantienen movilizaciones en todo el estado. Asimismo, forman parte de la Asamblea Nacional Popular (ANP) que incluye a más de 50 organizaciones sociales de Guerrero y del país. A esto se debe que la respuesta al ataque a los muchachos normalistas haya sido tan contundente. No fue el caso de la Guardería ABC en la que no existían antecedentes de lucha equivalentes.

Tras el secuestro de los estudiantes, miembros de la Policía Comunitaria resguardan las instalaciones de la Normal Rural de Ayotzinapa. Foto: Revolución 3.0


Una revolución puede rebasar las fronteras del Estado-Nación, como ocurrió con los países de Centroamérica, en que el triunfo de la Revolución Sandinista de Nicaragua en 1979, alentó procesos similares en Guatemala y el Salvador, que se desarrollaron en la siguiente década; o con los países que protagonizaron la “primavera árabe” en el año 2010, que se inició con revueltas populares en Túnez y en Egipto, que derrocaron a sus respectivos gobiernos y continuó con Libia y Siria, donde los gobiernos se resistieron a dejar el poder y la población tomó las armas. En Libia derrocaron al gobierno con ayuda de la OTAN y en Siria continúa la guerra civil.

Una revolución también puede ser delimitada territorialmente dentro de un Estado-Nación, como en el caso de la lucha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que descartó la idea de tomar el poder político federal y se concentró en desarrollar la autonomía de facto en los territorios que controla, subsistiendo como contradicción al Capitalismo, con los conflictos que esto conlleva.

En un periodo revolucionario se manifiestan las distintas formas de lucha: la lucha armada organizada se acompaña de manifestaciones callejeras, acciones de desobediencia civil, huelgas de trabajadores, paros estudiantiles, toma de edificios de gobierno e instauración del poder popular y todo tipo de acciones de propaganda contra el régimen en lugares públicos, masivos, eventos ceremonias, manifiestos, declaraciones en medios y ahora publicaciones en las redes sociales. Los símbolos de poder son denigrados y ridiculizados. El 13 de octubre integrantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa incendiaron el Palacio de Gobierno de Chilpancingo, la capital del estado, después de una manifestación en la que participaron maestros, padres de familia y estudiantes para exigir la presentación con vida de los 43 estudiantes desaparecidos (Ar Pim 2014). El 11 de noviembre integrantes de la CETEG irrumpieron en la sede del PRI, también en Chilpancingo, donde hicieron destrozos y prendieron fuego a una parte del lugar (Aristegui Noticias 2014).  Durante la Marcha multitudinaria del 20 de noviembre se quemó un muñeco del presidente en el Zócalo de la Ciudad de México, el corazón del país. Estos actos desafían al régimen político y permiten a las clases explotadas distinguirse de sus opresores. Al adquirir conciencia de clase, los trabajadores adoptan sus propios símbolos.  

                             Foto/Twitter/@diario24horas. Juan Luis Ramos

El estado de Guerrero ha sido muy prolífico en organizaciones guerrilleras. Allí surgieron el Partido de los Pobres (PDLP), dirigido por Lucio Cabañas Barrientos y la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), encabezada por Genaro Vázquez Rojas en las décadas 1960-70. Ambos maestros rurales egresados de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. El Ejército Popular Revolucionario (EPR) irrumpió en este estado, el 28 de junio de 1996, en el primer aniversario de la matanza de 17 campesinos de Aguas Blancas, del municipio de Coyuca de Benítez, en la región de la Costa Grande.

En el mes de octubre de este año, el Ejército Popular Revolucionario (EPR), el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Milicias Populares y las Fuerzas Armadas Revolucionarias-Liberación del Pueblo emitieron 13 comunicados en los que se exige la aparición con vida de los 43 normalistas y se hace responsable de los hechos al gobierno de Peña Nieto (Gil 2014). El 6 de octubre, El ERPI anuncia la conformación de la “Brigada Popular de Ajusticiamiento 26 de Septiembre” para enfrentar a los sicarios del Estado, los denominados “Guerreros Unidos”, a quienes se atribuye la desaparición de los normalistas. 

                 El Ejército Popular Revolucionario (EPR) en 1997. Foto: Reuters 

Una revolución toma forma a través de sucesivas luchas de obreros y campesinos, tras continuas derrotas: la Revolución Mexicana tiene sus antecedentes en la huelgas obreras de Cananea, Sonora en 1906 y de Río Blanco, Veracruz en 1907; y concluye en 1917 con la promulgación de una nueva Constitución; La Revolución Rusa ensayó sus primeras insurrecciones obreras entre 1905 y 1906, pero es hasta 1917 cuando los bolcheviques, dirigidos por Lenin, toman el poder político en esa extensa región del planeta.

Las revoluciones son grandes conmociones sociales, capaces de cambiar el  perfil de una época, acelerar los ritmos del desarrollo de grandes regiones, incluso de todo la humanidad, modificar la secuencia de los procesos históricos y acelerar el progreso. Aunque hunden sus raíces en las contradicciones y necesidades económicas, las revoluciones son hechos políticos, jalones mediante los cuales las clases emergentes desplazan a los representantes del viejo orden, destruyen las estructuras que sostenían su poder e imponen las suyas… suelen ser traumáticas y violentas, no tanto por ellas mismas como por la enconada resistencia que han de vencer. La crueldad, las venganzas, los ajustes de cuentas y el terrorismo caracterizan mejor a la contrarrevolución que a la revolución. Por la grandeza de sus metas y propuestas, las revoluciones se abren paso con dificultad, no sólo por lo arduo que resulta destruir el viejo orden, sino por lo complejo de construir uno nuevo (Gómez 2007).

La revolución no es entonces un evento puntual delimitado en espacio-tiempo; el derrocamiento de una clase social y la toma del poder político por otra, es tan sólo un momento del proceso revolucionario que incluye un antes y un después de este acontecimiento: se inicia con la generación del entorno socio-económico de explotación extrema y el estancamiento de las fuerzas productivas; continúa con la aparición de un detonante ideológico –que generalmente es un acto de brutal represión del Estado- el cual confirma la necesidad colectiva de cambiar las condiciones materiales de vida y abre las puertas a un periodo revolucionario en el que se profundiza la lucha de clases; prosigue con la toma del poder político por parte de la vanguardias políticas de la clase que aspira al poder; y concluye con el despliegue y aplicación del proyecto político revolucionario, que busca consolidar las nuevas relaciones sociales para facilitar la evolución de las fuerzas productivas en beneficio de un mayor número de personas. De esta manera, la revolución puede consolidarse o ser destruida por la contrarrevolución, en alguna de sus fases. Algunos procesos revolucionarios ceden a las reformas del régimen y se desmovilizan militarmente, porque son reconocidos como fuerza beligerante y obtienen garantías para continuar la lucha política. Tal fue el caso del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) que firmaron sus respectivos acuerdos de paz en 1992 y 1996.

Es evidente la dificultad de contar con un fechamiento preciso de las distintas fases por las que atraviesa un proceso revolucionario. De allí que se enaltezca la toma del poder político como la referencia fundamental.

Una revolución o proceso revolucionario puede ser destruido, aun cuando se haya tomado el poder del Estado, debido a que las contradicciones sociales propias del modo de producción predominante siguen operando a nivel internacional.

La desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y del Bloque de Países Socialistas de Oriente nos deja dos lecciones: en primer lugar, que la humanidad no se dirige irreversiblemente al Socialismo, en forma lineal y absoluta. Antes, el Capitalismo nos puede destruir a todos, como lo está haciendo. Esto quiere decir, que no existe garantía de un triunfo del proletariado en el mundo, aunque esto no impide que se luche por ello; y en segundo lugar, el Socialismo no puede desarrollarse plenamente en un solo país como pensaba el Stalinismo, aunque sí puede desarrollarse como contradicción dentro del modo de producción capitalista –como en el caso de Cuba y Venezuela- y pugnar por expandirse hasta lograr desterrar al Capitalismo del planeta y entonces sí podrá consolidarse. Para ese entonces, no habría necesidad de conservar las fronteras de los Estados-Nación actuales.


El detonante social
Los detonantes sociales sacuden y dinamizan la conciencia de clase; generan la movilización política y la toma de posición de todos los sectores que componen la sociedad, que se ubican en algún extremo de la lucha entre el Capital y el trabajo. Se trata de acontecimientos que profundizan la lucha de clases, la cual aflora con toda su crudeza y beligerancia.

Ayotzinapa constituye un detonante de cambio social de la misma forma que el Movimiento estudiantil de 1968, que aunque no desembocó en el derrocamiento del Estado -quien implementó la denominada “guerra sucia” contra el movimiento armado y la disidencia política-, si generó cambios económicos, políticos y educativos en los años siguientes a las movilizaciones masivas, que hoy se perciben en la cultura contemporánea.

Las imágenes de los estudiantes normalistas atacados brutalmente por las fuerzas del Estado, aglutinaron la indignación, el repudio y el enojo social que desplegó el movimiento en todas direcciones. Los normalistas rurales lograron generar una identidad plena con la clase trabajadora de la ciudad y del campo e importantes núcleos de la clase media, que vieron en los normalistas -quienes emplean un gran esfuerzo para salir adelante en condiciones adversas de vida-, un símbolo de lucha y dignidad. A ellos se suma la figura de sus padres, que buscan incansablemente a sus hijos desaparecidos, generando empatía con millones de padres dentro y fuera del país, quienes comprenden la desesperación e incertidumbre de perder a un hijo y obtener de las autoridades de los todos los niveles de gobierno: simulación y retórica populista en lugar de solucionar su demanda.

  Padres de los normalistas en la Marcha en la Ciudad de México el 5 de  noviembre. Foto: Antonio Cruz, Sin embargo

El desprecio por los humildes, aunado a la torpeza e insensibilidad del régimen, condujo al presidente Peña a manifestar su deseo de “que realmente superemos esta etapa de dolor, demos un paso hacia adelante y estemos dispuestos a construir un mejor entorno”, el cual le redituó mayor repudio y descrédito entre la población, pues aunque se han realizado más de 70 detenciones de presuntos responsables de la desaparición de los normalistas, queda la certeza generalizada de que el principal responsable de los acontecimientos en Iguala es el Estado; y cuando se confirmó la muerte de Alexander Mora Venancio, uno de los 43 normalistas desaparecidos, por medio de análisis realizados a restos óseos, por el Laboratorio de Genética de la Universidad de Medicina de Innsbruck, Austria -presuntamente recuperados en el basurero de Cocula, Guerrero, según la PGR-, ningún representante del gobierno federal o estatal se acercó a los padres del estudiante para informarles sobre su fallecimiento, hecho que fue tomado por ellos mismos como una humillación.

En esta situación de intensa lucha social, resulta emblemático que sean algunos de los mismos padres quienes llamen al pueblo a la revolución:
… ya se requiere que entremos en otras cosas más fuertes, porque las marchas ya no dejan nada, más que armarse e ir sobre ellos, el que sea, y quitar a las autoridades que están. Si la gente nos ayuda, hay que entrarle y quitar a todo este mal gobierno, pero hay que entrarle con una revolución; ya hay que armarse, porque ya no hay de otra. Marchas, marchas y marchas, pues ya no dejan nada… armarse para quitarlos y poner a gente honesta, que vea por el pueblo y que trabaje bien, porque el mismo gobierno solapa a todos los delincuentes y asesinos, y eso los va tirar la gente (Ocampo y Morelos 2014).

La VII Asamblea Nacional Popular reunida en la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa el pasado 20 de diciembre, se pronunció por un boicot a las elecciones federales que se llevarán a cabo en 2015, y llama a intensificar las acciones como bloqueos de puertos, aeropuertos, liberación de casetas, cierre de autopistas, tomas de gasolineras y distribución gratuita, toma de los medios de comunicación, bloqueo total al Distrito Federal como parte de las acciones a enmarcarse en las “Jornadas Acción Global por Ayotzinapa”, que buscan generar las condiciones para una Huelga Política General en el país (Sinembargo 2014-a).

Ni las 10 medidas para fortalecer a las instituciones en materia de seguridad pública, así como de procuración e impartición de justicia, presentadas por el presidente en Mensaje a la Nación a finales de noviembre, ni las acciones anunciadas a principios de diciembre para reactivar la economía de Guerrero, que incluyen incentivos fiscales, impulso al turismo y medidas de seguridad, devolvieron al Gobierno de la República la escasa credibilidad y legitimidad que contaba antes de los hechos de Iguala. Con estas medidas -u ocurrencias-, pretende generar la imagen de que la corrupción y la delincuencia vienen de fuera, de elementos contaminantes y no desde adentro del Estado como realmente ocurre. Villanueva concluye (2014): Peña no entiende que “él forma parte de lo que se debe cambiar”.

A más de tres meses de ocurridos la desaparición de los normalistas, el proceso de Ayotzinapa ya presenta consecuencias políticas, sociales, económicas y culturales relevantes en forma de una avalancha de cambios cuantitativos:

1) Ha logrado mantener el interés y la indignación de la población en el caso durante estos meses en las calles y en los medios privados de difusión masiva, aun en época de vacaciones de fin de año. Desde los primeros días, a los editorialistas y conductores de noticias no les quedó otra alternativa que “sumarse” al reclamo social de que aparezcan los estudiantes con vida. Las redes sociales han rebasado a los medios tradicionales de difusión de noticias, adelantándoseles incluso, en compartir los contenidos multimedia al momento de estar ocurriendo una movilización o un hecho represivo y no han dado tregua al sistema político, al que se han encargado de evidenciar cotidianamente su carácter corrupto, en particular, de la pareja presidencial.  
2) Alentó a trabajadores, estudiantes y campesinos a profundizar sus luchas y en algunos casos, a asumir la autonomía en sus comunidades: en diciembre de 2014 pobladores del Estado de Guerrero habían tomado 35 palacios municipales, lo que representa el 43 por ciento del total de ayuntamientos en la entidad. En cinco ayuntamientos se instalaron gobiernos autónomos, con concejos y asambleas populares (Goche 2014). El Movimiento Popular de Tecoanapa, Guerrero informó que todos los municipios de la Costa Chica, de Guerrero ya habían sido tomados por los concejos municipales populares y que las movilizaciones contra el gobierno continuarían (Lara 2014).
3) La lucha por la aparición con vida de los normalistas de Ayotzinapa se hermanó con otro movimiento de gran trascendencia histórica: el de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional que generó un Paro generalizado de labores en más de 40 escuelas debido a la imposición de un reglamento autoritario y la adecuación de los planes de estudio a los requerimientos del Capital imperialista. No sucedía un hecho de esta naturaleza desde 1987 en que desarrolló una lucha contra el porrismo[2] en esa institución. A la par de su movimiento, los estudiantes politécnicos se dieron tiempo y espacio para apoyar a sus compañeros normalistas. La influencia de Ayotzinapa llevó a las autoridades federales a aceptar la mayoría de las demandas de los politécnicos y firmar acuerdos públicos en diciembre. Los políticos se dieron cuenta que la posible radicalización del movimiento estudiantil se podría articular con la lucha de las organizaciones guerrerenses, acelerando una insurrección popular de magnitudes impredecibles.
4) Consigue la renuncia del gobernador del Estado de Guerrero, quien había sido acusado de participar con el narcotráfico, siendo éste un hecho inédito en los últimos años, en que ningún mandatario había dejado su cargo por las movilizaciones sociales, aun cuando este ejemplo podría replicarse en otras entidades federativas. Asimismo, se logra la separación del cargo, como presidente municipal de Iguala, de José Luis Abarca Velázquez, quien fue posteriormente detenido al lado de su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, ambos responsables de los hechos del 26 y 27 de septiembre.
5) Opone a la imagen idílica y fantasiosa que ha promovido el gobierno de México en el extranjero, la imagen real de una nación saqueada, degradada económica y culturalmente por los mismos que hoy ven “un país de oportunidades”. En octubre del presente año 16 diputados del Parlamento Europeo se manifestaron “profundamente consternados” por los hechos ocurridos en el estado de Guerrero y solicitaron que el proceso de modernización del Acuerdo Global entre México y la Unión Europea (UE), que negocian actualmente las partes, sea suspendido hasta poder “reconstruir la confianza” con las autoridades mexicanas en materia de derechos humanos (Appel y Alcaraz 2014). Y en noviembre intelectuales y catedráticos de 25 universidades del mundo convocaron al Foro Global “México y la herida abierta del mundo”, con el cual invitaban a estudiantes, comunidades académicas y ciudadanía en general para que, entre noviembre y diciembre, generaran espacios de información, reflexión y diálogo sobre la crisis de ingobernabilidad y violaciones de derechos humanos que vive México y que ha sido puesta en evidencia con la desaparición de 43 estudiantes normalistas (Sinembargo 2014-b).
6) Debilita sustantivamente, a lo interno como externo de nuestro país, la imagen de Peña Nieto, quien representa la irracional embestida neoliberal en nuestro país. Apuntalado en los medios de divulgación masiva y en los partidos políticos oficiales, había impulsado y logrado que se aprobaran meses atrás en el Congreso, un conjunto de reformas que daban garantía al Imperialismo financiero para acceder sin obstáculos legales, a la producción de los principales recursos de la economía nacional, como el gas, el petróleo y la minería. Dentro de este paquete se encuentra la Reforma educativa, cuyo objetivo no explícito, era acabar con el pensamiento crítico en las escuelas, en particular con las normales rurales sobrevivientes. La presión social e internacional orilló a Peña a firmar una minuta con los padres de los desaparecidos y los representantes de la normal de Ayotzinapa, en el cual se compromete a entregar los recursos necesarios para estas escuelas (Romero y Ramírez 2014). Los principales diarios, publicaciones y cadenas de noticias internacionales, señalaron el derrumbe político del actual presidente: el diario estadounidense The New York Times dedicó su espacio editorial del 11 de noviembre a hablar del fracaso del gobierno de Peña. Por su parte The New Yorker, en su edición del 12 de noviembre señala que Peña Nieto es a menudo descrito como un “actor”, en México y en el extranjero se vendió a sí mismo como un modernizador neoliberal y reformador que iba a llevar a cabo el “Momento de México”, pero hoy su gobierno de violencia y corrupción, asola el país. The Washington Post aseguró el 19 de noviembre que el Presidente Enrique Peña Nieto, quien ha tratado de dirigir la narrativa nacional lejos de la violencia del narcotráfico y hacia la Reforma Económica, se encuentra justo donde no quería estar.  El Analista en seguridad Alejandro Hope comenta en BBC News de Londres que el caso se combinó con la compra de una mansión de US $7 millones por parte de su esposa, Angélica Rivera y el conflicto de interés que representa. Observa que el desempeño de la economía es uno de los temas que más críticas ha causado entre los especialistas, pues las expectativas eran muy altas y concluye que “el país está al borde de una recesión”. El influyente diario francés Le Monde publicó una nota de portada con la cabeza: “Revuelta de los mexicanos contra el Estado-mafia”. La televisión pública RT de Rusia publicó un reportaje enmarcado en el segundo aniversario de Enrique Peña en el poder y aseguró que su popularidad ha caído al nivel más bajo para un presidente mexicano desde 1995. Televisión Nacional de Chile (TVN) destacó que el crimen de Iguala es uno de los peores de la historia reciente de América Latina. TeleSUR de Venezuela realizó un reportaje titulado: Mexicanos rechazan políticas del gobierno de Enrique Peña Nieto (Palestino 2014). La Revista Forbes indicó que la crisis política y social detonada por la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa despertó serias dudas sobre la capacidad del gobierno de Peña Nieto para hacer frente al problema de violencia en el país (La Jornada 2014).
7) Las movilizaciones han obligado al Estado mexicano a resolver el caso pronta y satisfactoriamente. El alargamiento de las investigaciones, el montaje de hechos inverosímiles, como la versión del Procurador General de la República de que los estudiantes fueron asesinados, quemados y reducidos a cenizas por miembros de un Cártel del narcotráfico o el intento de desviar la atención con noticias escandalosas y distractores, ha abonado mayor descrédito al actual régimen.
8) Asimismo, el movimiento logró contener y evidenciar la represión del Estado, aun cuando los normalistas tomaron la sede del Congreso local e incendiaron el Palacio de Gobierno de Guerrero, el pasado 13 de octubre y teniendo como antecedente la represión sistemática a las manifestaciones contra el régimen, aumentando con ello el número de presos políticos en el país. El Gobierno Federal ha fracasado en su intento de desacreditar y aislar a los profesores de Guerrero y más recientemente a los padres de familia. Tanto padres, estudiantes de la Normal de Ayotzinapa como integrantes del Movimiento Popular en Guerrero han sido amedrentados continuamente para que abandonen la lucha: los presionan para que dejen de movilizarse, los vigilan afuera de sus casas y a los papás les están ofreciendo dinero para que dejen de buscar a sus hijos (Sinembargo 2014-c). El Gobierno Federal lleva a cabo una estrategia para desprestigiar a todas las organizaciones que apoyan el movimiento: las autoridades ya habían intentado vincular a los jóvenes normalistas con el grupo delincuencial Los Rojos; el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional “fichó” a los abogados que acompañan a los familiares de las víctimas, el Secretario de Marina Vidal Francisco Soberón Sanz afirmó que los padres de los normalistas eran “manipulados” por grupos que sólo buscan intereses particulares y el domingo 14 de diciembre, un grupo de policías en estado de ebriedad rompió las vallas del sitio donde se iba a realizar un concierto en apoyo al movimiento, provocando un enfrentamiento entre activistas solidarios y la policía (Camacho 2014). La represión alcanzó a las movilizaciones de la Ciudad de México, donde se provocaron enfrentamientos con la policía y se pudo documentar la detención arbitraria de personas, agresiones físicas y psicológicas a manifestantes, defensores de derechos humanos y periodistas. A 11 personas detenidas tras la Manifestación del 20 de noviembre se les intentó imputar los cargos de motín, asociación delictuosa y tentativa de homicidio. De acuerdo a versiones de funcionarios consultados por el diario La Jornada (Méndez 2014), los agentes ministeriales que tenían a cargo la investigación, recibieron la indicación de sus mandos superiores de acreditar también el delito de terrorismo a los detenidos. Y aunque se les trasladó a penales de alta seguridad fuera de la Ciudad de México, para dificultar su defensa, 9 días después fueron liberados por falta de elementos para procesarlos. En el norte del país, elementos del Ejército mexicano ingresaron a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila. Uno de los estudiantes denunció que entraron armados, tomaron fotografías y vídeos, además, traían nombres de alumnos que habían participado en la manifestación del 20 de noviembre (El Siglo de Torreón 2014). El pasado 2 de diciembre, con el voto mayoritario del PRI y los partidos de derecha, se aprobó en la Cámara de Diputados una Ley de Movilidad, que consiste en reformas a los artículos 11 y 73 de la Constitución Política Mexicana y que puede servir al Estado para criminalizar las protestas, reprimiendo las manifestaciones con el pretexto de garantizar la movilidad de otros ciudadanos. El dictamen fue enviado al Senado, quien podrá aprobarlo en los próximos meses.

De esta manera, el Movimiento Internacional por Ayotzinapa representa una ventana abierta, que permite visualizar escenarios alternativos al de la violencia y la inseguridad institucionalizadas, el despojo de los recursos naturales y la explotación desmedida de la fuerza de trabajo mexicana. 

  Mexicanos en Francia exigen justicia para los normalistas de Ayotzinapa. Foto: Mónica Delgado

La brutal represión a los normalistas evidenció de manera nítida que los sicarios del narcotráfico -por un lado-, y el ejército -por el otro-, constituyen los brazos armados del Estado mexicano, que donde quiera que se establecen –el segundo con el pretexto de combatir a los primeros- inhiben en las poblaciones el ejercicio de sus derechos colectivos y garantías individuales, como los de libre tránsito, libertad de expresión y manifestación; impiden también que defiendan sus recursos naturales como sucede en el Estado Guerrero, en el que las mineras trasnacionales -principalmente canadienses-, pretenden despojar y controlar amplios territorios de las comunidades campesinas y evitar que defiendan su derecho mismo a la vida.

Ayotzinapa se levanta vigorosa, renovada y digna; aportando dirección y sentido a la fragmentada lucha social, resultado de sucesivas derrotas políticas. Su fuerza radica en la justeza de sus demandas: presentación con vida de los 42 normalistas desaparecidos y castigo para los autores materiales e intelectuales de los hechos, renuncia de Enrique Peña Nieto porque no representa los intereses, ni aspiraciones del pueblo mexicano, que han permitido aglutinar a los trabajadores del campo y la ciudad, a estudiantes, intelectuales, amas de casa, junto a organizaciones de lucha social y política.

El principal desafío es mantener la unidad del movimiento, promoviendo la inclusión de los diversos sectores sociales en una lucha revolucionaria e imaginativa, en la que uno de sus objetivos estratégicos sea construir organizaciones permanentes, que se preparen para profundizar la lucha de clases, que confronten sus ideas y posturas políticas en debates francos y en los que se respeten los acuerdos. El movimiento debe prepararse para generar cambios políticos a su paso, a la par que evade la represión…  

La humilde familia de Felipe Arnulfo Rosa, uno de los 43 estudiantes de Ayotzinapa  desaparecidos. http://regeneracion.mx/




REFERENCIAS DOCUMENTALES

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Víctor Manuel Ovalle Hernández es arqueólogo, profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de México, investigador de los movimientos sociales en este país y miembro del Comité Ejecutivo de la Coalición de Profesores de Asignatura y Asistentes de Investigación del Instituto Nacional de Antropología e Historia.




[1] La versión que ha sostenido el Gobierno Federal es que se trató de un hecho aislado del crimen organizado. En realidad fue una acción coordinada de las fuerzas del Estado, para hostigar a una de las Escuelas con mayor tradición de lucha social en México, que estorba a la Reforma Educativa impulsada por el gobierno en turno y a la que pretendía desaparecer. Una investigación periodística, basada en documentos oficiales (informes inéditos y declaraciones judiciales), vídeos y testimonios obtenidos por la Revista Proceso y analizados con el apoyo del Programa de Periodismo de Investigación de la Universidad de Berkeley, California, revela que fuerzas federales actuaron directamente en el atentado contra los normalistas. De acuerdo con la información obtenida por Proceso en la Normal de Ayotzinapa, el ataque y desaparición de los estudiantes fue dirigido específicamente a la estructura ideológica y de gobierno de la institución, pues de los 43 desaparecidos uno formaba parte del Comité de Lucha Estudiantil, máximo órgano de gobierno de la escuela y 10 eran “activistas políticos en formación” del Comité de Orientación Política e Ideológica (COPI). Un informe inédito del gobierno de Guerrero –fechado en octubre y entregado a la Secretaría de Gobernación (Segob) hace más de un mes– señala que desde su salida de las instalaciones de la Normal de Ayotzinapa, los estudiantes eran monitoreados por agentes de las administraciones estatal y federal (Hernández y Fisher 2014). Organizaciones de la sociedad civil expresaron en un comunicado que “testigos estudiantes y gente local, afirman que los atacantes, después del incidente recogieron los casquillos; que la calle estaba cerrada por policías encapuchados, con armas largas y uniformes oscuros (distintos de los de la policía municipal) y que estaban equipados con pecheras, rodilleras, cascos, coderas, y pasamontañas; que una patrulla traía soporte para ametralladora, además de que en uso de los camiones se encontraron residuos de gas lacrimógeno”. También aseguran que el Procurador General de la República miente cuando dice que los normalistas fueron asesinados y quemados. El titular del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Jorge Montemayor, demostró que tal como lo presentó la dependencia de gobierno a la opinión pública resulta imposible haberlo realizado: “la hipótesis de que fueron quemados en el basurero de Cocula no tiene ningún sustento en hechos físicos o químicos naturales”. (Sinembargo 2014). Denunciaron también que el ataque en Ayotzinapa no es un hecho aislado y que las agresiones se deben a que “Guerrero es un estado que se encuentra en la franja de oro del país, tiene 705 concesiones a trasnacionales mineras vigentes que amparan una superficie de 1,317,452 hectáreas, equivalentes al 20.5% del total de su territorio y a tan sólo una hora de Iguala, se encuentra la mina de oro más importante de Latinoamérica, de la que se pretende extraer más de 60 millones de toneladas del metal áureo”. 

[2] En México se les denomina porros a los jóvenes y adultos que operan en la Escuelas públicas de Educación Media Superior y Superior (bachilleratos y universidades). Suelen asistir a los partidos de futbol soccer y americano  –de allí el nombre- y se comportan violentamente. Algunos de estos grupos funcionan como grupos de choque, ya que son financiados por las autoridades estatales para atacar, vejar, robar,  generar miedo en las escuelas e impedir la organización estudiantil.

Imperio sin industria, imperio de papel

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