viernes, 23 de junio de 2017

Bases para la lucha por el Socialismo en el Siglo XXI


Víctor Manuel Ovalle Hernández
Ponencia presentada en el Foro: Educación Superior, Trabajadores y Capitalismo Global, realizado el 15 y 16 de Junio de 2017, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), México.


Para luchar por un objetivo histórico tan importante como la construcción de una sociedad nueva debemos aprender las enseñanzas de la lucha por el Socialismo durante el siglo XX.


Una primera enseñanza es que se puede derrotar al Capitalismo por medio de la lucha revolucionaria, como lo mostró la Revolución bolchevique en Rusia, la Revolución china, la Revolución cubana y las luchas de liberación nacional de Corea del Norte y Vietnam. Ahora también sabemos que la contrarevolución capitalista puede desestabilizar cualquier intento revolucionario en cualquier parte del planeta y hacerlo abortar a corto, mediano o largo plazo como sucedió con el bloque de países del Este; los denominados países socialistas. De esta forma, el Capitalismo recurre a la guerra económica, política, psicológica, militar y terrorista, sin mediar escrúpulo alguno, aun cuando ponga en riesgo a la humanidad entera.

Aquí, cabe aclarar, que el Imperialismo (fase del Capitalismo en la que se fusionan los capitales industriales y financieros), aunque cuenta con el armamento y los recursos tecnológicos suficientes para intervenir militarmente en cualquier parte del mundo, no ha sido capaz de dominar plenamente en el planeta en ningún momento de su historia, debido a sus múltiples contradicciones. Aquí exponemos algunas de ellas:
1) la acumulación constante y desmedida de capital ha generado precariedad y pobreza para millones de personas en todo el mundo, incluso en los países con mayor riqueza concentrada y aunque esta pobreza es funcional para el Capitalismo debido a que configura los Ejércitos Industriales de Reserva, integrados por millones de seres humanos desplazados de la producción, que presionan al proletariado desde la informalidad para mantener los salarios bajos, además de proveer al sistema burgués el número suficiente de policías, soldados y grupos paramilitares que también serán enfrentados a la organización y revuelta proletarias, en algún momento se desborda e impide que el ciclo de la producción y el consumo se realice adecuadamente. La precariedad y la pobreza llegan a relacionarse con la violencia delincuencial, que es promovida desde los centros de poder para disciplinar a las poblaciones, como es el caso del narcotráfico, que impide el ejercicio de las libertades democráticas en las regiones en las que toma el control e impone reglas económicas y de convivencia. 


De esta manera, el narcotráfico se vuelve de facto, el brazo armado del Estado burgués en tareas en las que la presencia del ejército o la policía comprometería su imagen como garante de la seguridad de los ciudadanos y permitiría observarlo como en realidad es: un instrumento de control social, promotor de la acumulación de capital para la clase dominante. Esta relación es clara en la penetración de las empresas mineras canadienses en territorios étnicos en América Latina, que utilizan a los mercenarios para imponer el terror y desplazar a las poblaciones locales de los objetivos económicos de las trasnacionales.
Pero la criminalidad se desborda continuamente debido a las mismas reglas del mercado, haciendo inviable la reproducción de capitales locales y del consumo suficiente de mercancías, lo cual conduce a procesos de recesión económica en importantes regiones del planeta como África, Asia y América Latina.

2) La incesante necesidad del Capitalismo por expandirse; generar nuevos mercados, reservaciones de fuerza de trabajo y materias primas para la producción mundial y garantizar la tasa de ganancia, ha conducido a este modo de producción a incursionar en todos los continentes, imponiendo formas coloniales a través del genocidio, el etnocidio, el saqueo de recursos, el despojo de tierras y el desplazamiento territoriales, la explotación extrema de la fuerza laboral, el dominio e implantación de gobiernos títeres y despóticos, además de la opresión política y el dominio cultural. 


No obstante, los pueblos, las comunidades étnicas, las formaciones sociales precapitalistas o sociedades comunitarias que han sido integradas a la esfera capitalista, no han sido desarticuladas definitivamente, sino que han sufrido una transformación o destrucción dialéctica, es decir, han sido absorbidas por el modo de producción predominante en forma de contradicciones, lo cual les permite oponer rasgos culturales de su legado histórico a la dinámica de los mercados basados en el valor de cambio.
Esta resistencia cultural, que se manifiesta en la construcción de autonomías étnicas en diversas regiones del planeta, impide al Capitalismo disponer de los recursos de la tierra y de la fuerza de trabajo local en forma segura.

3) Además, el Capitalismo debe enfrentar a su contradicción interna fundamental: el trabajo. Las luchas obreras continúan oponiendo franca resistencia en cualquier parte del mundo, como lo mostró la Huelga General en la India que movilizó entre doscientos y trescientos millones de trabajadores (la Huelga General más grande de la historia de la que se tiene noticia) contra la política económica del gobierno, la Huelga General en Francia contra la Reforma Laboral o la lucha de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) en México contra la Reforma Educativa, las tres en 2016, no obstante el discurso posmoderno del fin de la historia, el fin de las ideologías, el fin del Socialismo, del proletariado y todas las proclamas conservadoras que pretendieron dibujar la supremacía capitalista tras la caída del Muro de Berlín y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas entre 1989 y 1991. La crisis financiera capitalista que alcanzó su punto de quiebre en 2008 y que se encuentra lejos de ser reparada en 2017[1], nos indica que en realidad hemos entrado ya a la época del fin de la idea del fin de la historia.

4) A estas contradicciones del Imperialismo actual se suman las de los Estados-nación de gobiernos populistas con economías centralmente planificadas o mixtas, en las que se permiten las inversiones extranjeras con restricciones como en Rusia, China, Irán, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, que constituyeron un dique o muro de contención al Capitalismo expansionista durante el siglo XX y que continúan impidiendo en bloque que éste ejerza el dominio cultural y la explotación económica a nivel planetario en forma plena.


5) La acelerada producción mundial de fuerzas productivas (comunicaciones, infraestructura industrial e industria militar) con las que el Capitalismo pretende demostrar su supremacía, en realidad evidencia la dificultad de abrir nuevos mercados, por lo que la apuesta actual del sistema se concentra en el perfeccionamiento de la explotación, tanto a través del incremento en la productividad con soporte tecnológico, que permite la obtención de plusvalía relativa, principalmente en el área de los servicios, como de la utilización de esquemas flexibles que permiten la diversificación en la producción y el aumento considerable en la obtención de plusvalía absoluta (por jornada laboral), particularmente en la industria cosmética, manufacturera y textil, en las que se requiere mantener cautiva a una cantidad importante de fuerza de trabajo, pero desmovilizada políticamente (José Flores, comunicación personal).

De esta manera, se ha logrado imponer el Toyotismo, sistema flexible de producción que consiste en fabricar pequeños volúmenes de diversos modelos a precios bajos, a diferencia del Taylorismo y el Fordismo que promovían la estandarización y la uniformidad en la producción de amplio volumen:
Al mismo tiempo que el modelo Toyota y sus combinaciones se van aplicando en los distintos países, se puede observar que también se van modificando las estructuras políticas, económicas y jurídicas que conforman al Estado. El discurso que, desde arriba, responsabiliza de la crisis del capitalismo al Estado keynesiano —por su intervención como “regulador” de la economía y de la relación capital-trabajo—, olvida que aquél fue una base decisiva para la maximización de ganancias y el crecimiento del capital… para hacer funcionar el modelo flexible de producción, los países se han apresurado a adoptar modelos económicos neoliberales, funcionales a la economía de mercado. Con esa lógica aparecen las reformas estructurales (“que el país necesita”, nos dicen reiteradamente los de arriba): apertura comercial; privatización de empresas públicas; reformas fiscales, laborales y al sistema de pensiones; retiro de subsidios a la población y creciente disminución del gasto social. Se desvanecen las bases que se sentaron para la “conciliación” de clases, también los derechos adquiridos por la clase trabajadora: a la estabilidad en el empleo, a una jornada laboral máxima, a recibir un salario igual por un trabajo igual, a participar en el reparto de utilidades, a ser protegido contra los accidentes de trabajo, a organizarse con los demás trabajadores, a ser protegido por la seguridad social. (Aguirre, Bravo y Ramírez s/f: 49).
El Toyotismo se combina con el outsourcing, que permite a las empresas controlar la movilidad de la fuerza de trabajo:
El outsourcing o subcontratación es una figura jurídica y fiscal en la que una empresa transfiere a otra el desarrollo de actividades estratégicas o especializadas que le corresponden originalmente a la primera con la finalidad de reducir sus costos; en términos políticos, forma parte de una estrategia que tiene como propósito lograr un mayor control de los trabajadores y sindicatos. En México, desde la década de 1980 el outsourcing o subcontratación se convirtió en una estrategia empresarial de organización y gestión del trabajo que fue ganando terreno, primero, en las tiendas de autoservicio y de comida rápida, posteriormente en las maquiladoras y ahora –con la aprobación de la Reforma Laboral en el 2013- en muchas empresas que buscan: a) reducir sus costos disminuyendo el pago de diversas obligaciones de tipo fiscal, laboral y en materia de seguridad social, b) un mayor disciplinamiento de las y los trabajadores y c) la disminución sino es que la eliminación de los sindicatos (Martínez 2014).
Estos modelos de organización del trabajo permiten aumentar la productividad y extraer mayor cuota de plusvalía a los trabajadores, pero no garantiza la reproducción de sus condiciones de vida, llevando a la clase trabajadora a  incursionar en la esfera de la superexplotación y la precariedad permanente. 


No obstante su relativo predominio, el Capitalismo no ha podido evitar ser devorado por sucesivas crisis y recesiones económicas. La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2017, confirma la decadencia del Imperialismo norteamericano que en los últimos 30 años, no logró controlar el Medio Oriente, ni desestabilizar a la burguesía burocrática rusa, ni provocar la enemistad entre Rusia y China[2]. Todo lo contrario, actualmente Rusia, China, Irán, Siria y Corea del Norte han afianzado sus relaciones militares y comerciales. En cambio Estados Unidos asistió al sepelio de su industria nacional, que es la que invoca hipócritamente Trump, con el fin de legitimar entre la población norteamericana, medidas económicas y militares de mayor dureza, necesarias para intentar imponer el dominio imperialista en aquellas regiones del mundo que impiden la expansión de los mercados.

¿Es esta imposibilidad del Capitalismo por continuar expandiéndose el preámbulo del fin del Capitalismo?

La lucha por el Socialismo del siglo pasado nos advierte que el fin del Capitalismo también puede significar el fin de la humanidad. Una enseñanza importante de las derrotas pasadas es que no existe garantía de que podamos triunfar sobre el Capitalismo e instaurar un sistema equitativo y justo. En el camino podemos perder todo. Basta recordar que el tigre nunca es más peligroso que cuando se encuentra herido y el Imperialismo puede hundirnos a todos en un holocausto nuclear irreparable. 

Aprendimos el siglo pasado que la historia no es lineal, ni avanza hacia el progreso como se lo imaginó el Stalinismo. No hay sociedades que vayan formadas en hilera esperando su turno para la civilización y el Socialismo; tampoco hay escalones evolutivos que se vayan escalando hasta llegar al pináculo de la humanidad en donde nos espera el paraíso terrenal de los trabajadores, donde no habrá más contradicciones sociales y los seres humanos podremos vivir en paz y armonía mundial. No hay una fatalidad histórica que nos garantice que irremediablemente transitaremos del Capitalismo al Socialismo, mañana o en 100 años. Así que el futuro depende de lo que logremos construir en nuestra época.

El Socialismo y el Comunismo son ideales que nos permiten ubicar un objetivo histórico, pero jamás serán sociedades perfectas, porque la realidad material es contradictoria y continuamente cambia de posición, es decir, se encuentra en movimiento constante o dialéctico. Así, que aunque el Comunismo se instaure en el mundo, sus contradicciones estarán allí, esperando para tomar su turno, señalándonos la necesidad de cuidar lo socialmente alcanzado.

Del siglo XX también debemos aprender que el Socialismo no puede germinar en un solo país. Si acaso, puede constituirse como contradicción interna al Imperialismo, pero para poder consolidarse debe trascender los límites del Estado-nación y promover la lucha internacionalista. De otra forma, el Capitalismo llevará siempre la iniciativa, aislando los intentos revolucionarios, hasta desdibujarlos como ocurrió con el bloque de países del Este y como puede ocurrir con Venezuela, Bolivia y Cuba, si no se despliega la lucha socialista por todo el continente americano.

La Revolución Soviética, impulsada por las masas obreras y campesinas en alianza con un sector de la pequeño-burguesía intelectual tuvieron en su momento, dos escenarios posibles: consolidar los soviets o consejos de obreros y campesinos, y promover la Revolución a nivel mundial o lo que finalmente sucedió: desarrollar una Revolución industrial burguesa dirigida por la burocracia estatal, que instauró un férreo control de la producción, realizó purgas políticas al interior del Partido Comunista y desmanteló cualquier brote de crítica y oposición en el país, aunque en el discurso, se presentaba como garante del Socialismo Soviético.

Cabe señalar, que el Socialismo deberá ser un gobierno de y para los trabajadores, tanto del campo como de la ciudad, que se manifestará a través de sus propias organizaciones. Este sistema social tendrá que ser muy respetuoso de las diferencias étnicas de los pueblos, que es donde radica la riqueza cultural de la humanidad. Las autonomías étnicas en América Latina son aliadas de las luchas por el Socialismo, debido a que en el camino han logrado desprenderse de los agentes del Estado burgués como los partidos políticos oficiales, los presidentes municipales, regidores, grupos paramilitares, talamontes o bandas del narcotráfico y de relaciones de explotación como la jornada laboral en el campo y el intermediarismo en la mercantilización de su producción. 


En el Socialismo, el recurso de la fuerza sólo deberá ser dirigido a los enemigos de clase: los burgueses y todo su aparato de explotación, opresión y violencia; y a la contrarrevolución. Y una vez que hayan sido expropiados sus privilegios económicos, tendrán que trabajar en algún sector de la producción, como los demás miembros de la sociedad. 

Para llevar a cabo las tareas de la Revolución, es necesario contar con una teoría revolucionaria que nos permita dirigir la praxis política de manera profesional y consistente. La teoría social marxista, es un instrumento de análisis adecuado para explicar la estructura y dinámica del Capitalismo. Sus conceptos y categorías expresan los procesos y conexiones históricas que este modo de producción ha desarrollado a través de 500 años de existencia. Pero no se trata de una posición teórica acabada a la que no se le puedan integrar o reformular conceptos. Su fortaleza radica en que puede abstraer relaciones sociales a distintos niveles, sin perder la noción de la totalidad histórica.

El marxismo es también una herramienta de lucha contra la explotación económica, la opresión política y para la organización de los trabajadores a nivel mundial en clase para sí.


Mientras exista explotación del trabajo la lucha de clases continuará manifestándose a través de sucesivos conflictos sociales, con sus correspondientes triunfos y derrotas. Las luchas decisivas sólo podrán ganarse con análisis y organización política, trabajo profesional de los militantes proletarios, consistentes aparatos de prensa y propaganda obrera, amplias alianzas políticas y solidaridad entre las organizaciones obreras y campesinas con los sectores progresistas de la pequeña burguesía y las fuerzas armadas.

Más de 25 años sin discutir ampliamente los proyectos de sociedad que deben sustituir al Capitalismo, nos ha conducido a la llana resistencia cultural y política, a ser anticapitalistas sin proyecto a futuro, al economicismo, al pragmatismo, al espontaneísmo, al empirismo y hasta el nihilismo posmoderno. A la precariedad y la derrota permanente.

Para cambiar el mundo, primero hay que imaginarlo.


BIBLIOGRAFÍA


MARTÍNEZ DE ITA, María Eugenia
2014 La cátedra para jóvenes investigadores o de cómo CONACYT está impulsando el "outsourcing" académico, Benemerita Universidad Autónoma de Puebla, Vicerrectoría de Investigación y Estudios de Posgrado, Foro Consultivo de Reglamentación de la Investigación y Posgrado, Metepec, Puebla, 24-26 de abril.

AGUIRRE, Beatriz, Sara Bravo y Alejandra Ramírez
S/f La aceleración de la pesadilla en el trabajo: toyotismo o modelo flexible de producción, Rebeldía, no. 71, pp. 46-58, Documento electrónico: http://revistarebeldia.org/revistas/numero71/09toyotismo.pdf

 




[1] Con una extrema polarización global en que el 80% de la humanidad cuenta con el 5% de la riqueza mundial, mientras que el 20% de la humanidad tiene el 95% de la riqueza; con una sobreacumulación de capital que no tiene cómo ni dónde ser invertido, al agotarse los mercados internacionales para la puesta en circulación de dicho capital y la imposibilidad del sistema de abrir nuevos mercados como lo planteó William Robinson en este mismo Foro. Podemos añadir que se abre un periodo de revolución social cuando deja de haber correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. En esta época, observamos que la producción incesante de fuerzas productivas no está destinada a resolver los problemas más apremiantes que enfrenta la humanidad como el abatimiento de la contaminación y la degradación de los ecosistemas, la promoción del empleo, salud, educación, vivienda, seguridad, sino que está dedicada a incrementar la productividad y por lo tanto a acrecentar los capitales trasnacionales. 
[2] Hostigando militar y políticamente a Rusia, mientras promovía relaciones económicas con China, aun cuando ambos constituyen rivales en la geopolítica internacional.

lunes, 30 de noviembre de 2015

El INAH: entre la preservación y la mercantilización del patrimonio histórico-cultural de México



El INAH ha optado por el pensamiento monótono, por la indiferencia de la historia, por la vacuidad de todo proyecto intelectual, por algarabías inútiles en las que la autoridad de décadas, la historia de las interrogaciones se disipa…
Raymundo Mier



Víctor Manuel Ovalle Hernández
Profesor de Asignatura de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), México. 

Publicado en Antropología Mexicana, Indigenismo, El INAH y la Escuela Nacional de Antropología e Historia en el contexto neoliberal, Miguel Ángel Adame (Compilador y Editor), Ediciones La Social, México, 2015, pp. 115-137.


Resumen:
En este artículo se analiza al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) como aparato ideológico del Estado mexicano, la conflictividad que ha generado con organizaciones civiles, sindicales y comunidades étnico-campesinas a partir de su pretensión de conciliar preservación y mercantilización del patrimonio histórico-cultural de México y las respuestas sociales que se derivan de esta confrontación.



En las dos primeras décadas del siglo XXI, el INAH se ha visto involucrado en distintas controversias y episodios conflictivos con sectores organizados de la población sobre el tema del cuidado y preservación del patrimonio histórico-cultural de México. A esta institución se le ha acusado de mal manejo y negligencia en el cumplimiento de sus funciones y de ser cómplice de los gobiernos municipales, estatales y federales al servicio de las empresas trasnacionales, en la mercantilización de diversos bienes culturales de nuestro país. ¿Cómo se llegó a esta situación de enfrentamiento casi permanente? En este escrito se ofrece una respuesta histórica a esta problemática.

Para entender el asunto es necesario ubicar al INAH como parte de un sistema social que cuenta con instituciones agrupadas en un Estado cuya función es dirimir las contradicciones internas para que dicho sistema funcione en forma adecuada.

El Estado es una abstracción que nos permite entender el gobierno, las normas jurídicas, las prácticas y los comportamientos sociales que rigen en un territorio.

El Estado se integra de instituciones, o grupos de personas localizadas en sedes reconocidas por el Poder, quienes adoptan comportamientos convencionales para atender y resolver asuntos de interés público y privado. De esta manera existen instituciones de gobierno como la Presidencia de la República, El Congreso de la Unión y los Congresos Estatales y los Partidos Políticos oficiales; instituciones militares como el Ejército, la Marina, La Policía Federal y las policías municipales; instituciones educativas de nivel básico, medio y superior e instituciones civiles como sindicatos, asociaciones de vecinos, asociaciones deportivas y culturales que coexisten y se reconocen mutuamente. La familia constituye la unidad básica del sistema estatal.

Dado que vivimos en un sistema capitalista en el que todo lo que produce el ser humano es susceptible de ser convertido en mercancía, aun los bienes culturales y en el que la autoridad se ejerce en forma vertical a través de jerarquías o jefes que ascienden o descendien en el escalafón del poder político, el comportamiento de las instituciones promueve y defiende los intereses de la clase dominante o burguesa.

El Estado-Nación es una disposición territorial que responde a un momento histórico del Capitalismo, en el que se pretende conciliar intereses antagónicos entre clases sociales, comunidades étnicas rurales y urbanas diversas. Es también una forma de administrar los mercados y los flujos de mercancías y capitales de unas regiones a otras.

El surgimiento del Estado-Nación, está asociado a la pretensión de la burguesía nacional de manejar la economía sin la intervención decisiva de los grandes monopolios y las potencias imperialistas de Occidente. El gobierno, como garante del Estado, se ostenta como representante de los intereses generales de la Nación.

Tras 100 años de conflictos sociales bélicos, que incluyen la Guerra de Independencia, las invasiones norteamericana y francesa a nuestro país y la Revolución mexicana, el Estado-Nación se consolida en nuestro país, una vez que es posible reconocer jurídicamente los derechos, garantías y facultades de los sectores populares, en particular las comunidades étnico-campesinas. Esto ocurre entre los años de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, y el gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas de 1934-40.

En esa época, toma forma el Nacionalismo mexicano, expresión ideológica o superestructural de la industrialización capitalista en nuestro país, que además de integrar símbolos como la bandera y el himno nacionales, se legitima ante los sectores populares administrando la Memoria histórica, es decir, exaltando las raíces mexicanas, “el pasado glorioso”, definiendo la evolución social por etapas e incorporando la idea de “la redención del indio” al discurso oficial. Esta forma de identidad promueve la incorporación al Progreso a través de la alfabetización y la Educación pública, laica y gratuita. Se adjudica la prerrogativa de salvaguardar el patrimonio histórico-cultural y pretende que la lucha de clases es sustituida por la unidad de clases.

El Nacionalismo justifica la existencia y razón de ser de un Estado que aunque sirve a la clase dominante, en el discurso ideológico se presenta como representante de todas las clases sociales y garante del legado histórico-cultural.

El Estado mexicano capitalista, se enfrenta a la contradicción de haber creado y sostenido instituciones no dedicadas al lucro, que en la época actual, en la que predominan los capitales financieros internacionales en todos los ámbitos de la vida económica, ceden a la tentación de participar en el proceso de acumulación de capitales.

Tal es el caso del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que con 75 años de existencia ha evidenciado su complicidad con el mercado de bienes culturales y el poder económico.

El INAH se constituye por decreto presidencial el 31 de diciembre de 1938, como resultado de la política nacionalista derivada de la Revolución Mexicana, con el objetivo de realizar las tareas científicas y de conservación del patrimonio cultural de México y de la población indígena que legó ese patrimonio. Años más adelante, en 1949, se fundó el Instituto Nacional Indigenista (INI) con independencia en objetivos y políticas al INAH. De esta manera, el INAH se dedicó a la investigación y protección del patrimonio cultural, a los estudios antropológicos e históricos, a la enseñanza y difusión de estas áreas a través de museos y publicaciones (Olivé, 1988: 207).

En sus primeros años, el Instituto realiza sus funciones con las limitaciones propias de una institución centralizada, con un reducido personal calificado –en la ENAH se formaban las primeras generaciones de especialistas en las ciencias antropológicas- y con un modesto presupuesto para cubrir el extenso territorio nacional. 
No obstante, de 1939 a 1958, la dependencia integra y sistematiza los servicios de protección de los monumentos y restauración de las zonas arqueológicas, el estudio y la protección de los monumentos coloniales e históricos, los museos regionales, locales y de sitio, los archivos, las bibliotecas y la ENAH, mediante planes de cooperación con la UNAM, el Politécnico y el Colegio de México. El Museo Nacional, ya dedicado exclusivamente a la antropología, enriquece sus colecciones, reestructura sus salas, emplea técnicas museográficas modernas y fortalece sus actividades de difusión. Se crea en 1952 la Dirección de Prehistoria y en 1954 la Dirección de Estudios Antropológicos, la cual promovía proyectos interdisciplinarios de antropología y etnología para estudiar los problemas de la población mexicana. En estos años se logran avances sustanciales en el conocimiento de las culturas prehispánicas, en la investigación de la población actual del país, en el diseño de las acciones de protección del patrimonio y en las tareas de restauración de los monumentos y zonas arqueológicas. Resalta en esta época, la preservación de los monumentos del Centro Histórico, de la Merced, Coyoacán y San Ángel de la Ciudad de México, que estuvieron amenazados por los proyectos de obras públicas y de modernización. El Instituto evitó que se destruyeran los edificios coloniales a lo largo de la calle de Tacuba (Olivé, 1988: 209-213).

El auge económico de la posguerra arrojó la entrada de enormes inversiones extranjeras en nuestro país, principalmente estadounidenses, lo que permitió la industrialización y el crecimiento económico de los años 1950-60. Se implementaron grandes proyectos museológicos y de restauración de zonas arqueológicas monumentales con el apoyo de los sucesivos gobiernos federales, quienes encontraron en el patrimonio cultural un mecanismo de exaltación del “pasado glorioso” y de la figura presidencial, que eran ligados ideológicamente en el discurso nacionalista.

A partir de este momento, se priorizan las inversiones educativas, las de investigación y difusión del patrimonio cultural con el propósito de fortalecer la identidad nacional y mostrar las riquezas culturales del país. Se inicia entonces la promoción del turismo cultural como medio para nivelar la balanza de pagos (Olivé, 1988: 214-15).

El primer trabajo del INAH que integra el manejo ideológico del Estado mexicano con las demandas de afluencia turística de esta floreciente industria es el Proyecto Teotihuacán de 1962-64, durante el gobierno de Adolfo López Mateos, que se concibe primordialmente como una labor de acondicionamiento de la zona para el turismo, ya que la Avenida de los Muertos se habilita como un corredor de acceso cómodo, los edificios aledaños se consolidan sólo en la cara que ven los turistas y se reconstruye para ellos el Palacio de Quetzalpapálotl, aun cuando el dato original es muy limitado (Rodríguez, 1996: 92-93). 

Durante este mismo régimen se construye el Museo Nacional de Antropología (1964), concebido como un gran altar para rendir admiración al pasado prehispánico, que despliega técnicas modernas de museografía y una gran riqueza informativa, logrando un gran impacto internacional y convirtiéndose de paso, en el mayor logro del sexenio (Rodríguez, 1996: 93.94).

A partir de entonces, el INAH deberá atender los “encargos presidenciales”, de uso estatal, que se traducirán en proyectos coyunturales sexenales: el Proyecto Cholula del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz (1964-70); las investigaciones en torno a los presuntos restos de Cuauhtémoc en Ixcateopan, Guerrero, en el periodo de Luis Echeverría Álvarez (1970-76); El Proyecto Templo Mayor, en la gestión de José López Portillo (1976-82); la creación de museos por toda la República durante el régimen de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-88) y los 12 Megaproyectos arqueológicos impulsados por Carlos Salinas de Gortari en su sexenio (1988-94) (Rodríguez, 1996: 95-101).

Un golpe demoledor al “orgullo nacional” significó el robo de 140 piezas arqueológicas al Museo Nacional de Antropología el 25 de diciembre de 1985, en medio de una profunda crisis económica y social, y a sólo tres meses de ocurrido el terremoto del 19 de septiembre. No obstante, la recuperación de la mayoría de las piezas en 1989, fue una inmejorable oportunidad para el cuestionado régimen entrante[1] de promover su imagen a través de un acto de propaganda política en el que se dieron cita el Presidente de la República, el Presidente de CONACULTA, el Procurador General de la República y el Director General del INAH entre otros (Antropología, 1989).

En los años 1990, el INAH participó como organizador junto con el INBA y organismos privados en la Exposición México, esplendores de 30 siglos, en la que se expusieron obras consideradas artísticas de la época prehispánica, colonial y contemporánea, primero en Estados Unidos durante un año y medio (en la ciudad de Nueva York) y posteriormente en Monterrey, Nuevo León en la que se dijo que se exponía “con orgullo nuestros orígenes y nuestra identidad” (Abelleyra, 1992: 35).

En todos estos años el Estado se consolida como el principal promotor de la conciencia nacional e impulsor del turismo en nuestro país, atribuyendo al INAH su carácter de aparato ideológico. Poco importó desatender las necesidades académicas del gremio antropológico e identitarias de los diversos sectores de la población.

En 1997, María Teresa Franco, Directora General del INAH, declaraba a un diario de circulación nacional, que hacía falta establecer un programa de planeación importante que pudiera articular la conservación del patrimonio con programas turísticos integrales. Comentó que la relación con el sector turismo era orgánica, ya que el INAH era miembro de un consejo técnico dentro de la Secretaría de Turismo (SECTUR) y que el trabajo era ahora más intenso vía dos grandes programas: el de Mundo Maya y el de Ciudades Coloniales. Franco reconocía el financiamiento de la SECTUR a proyectos de investigación arqueológica y construcción de unidades de servicio, talleres de imagen urbana y programas de capacitación para guías de turistas. De acuerdo con los conteos elaborados por personal del INAH durante el segundo semestre de 1996 y el primero de 1997, 11 millones 513 mil personas visitaron las zonas arqueológicas. De ellas, 8 millones 390 mil fueron connacionales (73%) y 3 millones 123 mil extranjeros (Mateos y Ravelo, 1997).

Y en 1998, Jorge Carlos Díaz Cuervo, Secretario Administrativo del INAH, anunciaba que el Instituto desarrollaría estrategias para recibir flujos de turismo en las 155 zonas arqueológicas abiertas al público, de un total de 25 mil registradas en todo el país; que entre las medidas a adoptarse estarían el acercamiento concreto y fluido a empresas privadas y organismos internacionales como la Organización Mundial de Turismo (OMT) que en ese entonces preveía un incremento anual del 4 por ciento en la rama turística durante los siguientes 20 años en todo el mundo. Informó que desde 1995 se habían firmado las bases de colaboración entre distintas entidades gubernamentales para realizar proyectos de desarrollo sostenido y sustentable de las zonas turísticas, arqueológicas, históricas y paleontológicas. Para el funcionario era posible conciliar el incremento de las corrientes turísticas “con un claro espíritu conservacionista y de valoración del patrimonio cultural” (Gómez, 1998).



Un año después, El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) donaba más de 1.2 millones de dólares a la Organización Mundo Maya para la implementación de un programa de desarrollo económico y social sobre el área comprendida de Belice, El Salvador, Guatemala, Honduras y México, el cual contemplaba un plan de inversión en turismo cultural y de aventura, así como ecoturismo, que –de acuerdo al proyecto- preservaría el medio ambiente, el patrimonio cultural y garantizaría la participación de la comunidad maya y otros pobladores (Reforma, 1999).

A partir de los años 1990 se recurrió a la utilización de zonas arqueológicas monumentales como escenarios de conciertos multitudinarios y eventos artísticos: en 1997 se presentó Luciano Pavarotti en Chichén Itzá, Yucatán, generando protestas, tanto por el alto costo de los boletos (el más barato fue de 50 dólares), como por las 17 mil personas que se acomodaron en la explanada principal, generando daños a las estructuras, que las autoridades minimizaron. En ese mismo sitio se realizaron los conciertos de Plácido Domingo en 2008, Sarah Brightman en 2009 y Elton John en 2010, con la restricción de tener un aforo máximo de 6,500 personas; en 2010, se presentó la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México en Uxmal. A partir del año 2000, el gobierno federal autorizó la celebración anual de la Cumbre Tajín, en el Estado de Veracruz, que se realiza durante cinco días en tres sedes: la zona arqueológica, la ciudad de Papantla y el parque temático Taquilsukut, y que recibe a unos 400 mil asistentes. Los espectáculos de luz y sonido se instalaron por primera vez 1984 en Uxmal y Chichén Itzá y en 2008 fue implementado en Morelos un sistema de iluminación para visitas nocturnas en el que los particulares sólo tienen la obligación de dar al instituto la cantidad por concepto de entrada a las zonas por cada asistente (Mateos-Vega, 2012).

Se puede dilucidar que conservación y mercantilización son actividades antagónicas e irreconciliables, que sólo pueden subsistir en conflicto permanente, hasta ser resuelto en una u otra dirección. La preservación, conservación y protección del patrimonio es una función que reserva una parte valorada de la cultura material y simbólica a la cual encapsula, mantiene, paraliza, aísla, le extrae el movimiento para su contemplación, comprensión e identificación; la mercantilización en cambio, es una actividad que moviliza, circula, pone en movimiento, transforma para el consumo inmediato. En los dos casos existe la posibilidad del disfrute estético; en el caso de la preservación, el disfrute es a largo plazo y en la mercantilización, el disfrute es inmediato, procurando extraer la mayor tasa de ganancia en el menor tiempo de consumo.

En nuestro sistema social, cuya razón de ser es la acumulación constante de capitales por parte de los monopolios internacionales a través de la producción y consumo incesante de mercancías de caducidad inmediata, la conservación de objetos no parece tener cabida y cuenta con espacios limitados. Bauman (2006: 18-19) ofrece una representación certera de la manera habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas: “La vida líquida es una vida devoradora. Asigna al mundo y a todos sus fragmentos animados e inanimados el papel de objetos de consumo: es decir, de objetos que pierden su utilidad (y, por consiguiente, su lustre, su atracción, su poder seductivo y su valor) en el transcurso mismo del acto de ser usados”.

Sin embargo, la necesidad de alejarse de la incertidumbre, la precariedad, la ausencia de rumbo y de contar con escenarios estables y seguros, emerge entre los diversos sectores de la población mexicana que en los hechos asumen la defensa de sus propios bienes de identidad.

En los últimos 20 años, el INAH se ha visto enfrentado a organizaciones sociales, quienes le han demandado el no actuar con firmeza, prontitud y apego a la ley en su principal encargo: la defensa irrestricta del patrimonio cultural de México.

En 1994 habitantes de San Juan Teotihuacan levantaron una averiguación previa en la Procuraduría General de la República contra las autoridades del INAH por traficar con el patrimonio cultural al permitir la construcción de “La Plaza de los Jaguares” en la zona arqueológica. En esta obra comercial el entonces presidente de México, Carlos Salinas colocó la primera piedra. Los habitantes argumentaban que el terreno es patrimonio cultural de la humanidad y que no podría pasar a manos de los mercaderes de la cultura (Tinoco, 1994).

En 1997, colonos, intelectuales, estudiantes, profesores y trabajadores, principalmente de la ENAH, se opusieron a la construcción del Megaproyecto urbano Plaza Inbursa y Proyecto Peña Pobre del Grupo Carso, en medio de dos estructuras prehispánicas: la Pirámide Circular de Peña Pobre, que colinda con la esquina de San Fernando e Insurgentes y el conocido basamento circular en terrenos de la Zona Arqueológica de Cuicuilco, al sur de la Ciudad de México. Allí se localizaban vestigios arqueológicos como una presa primitiva, un cuerpo de agua que contenía restos de cerámica y una figura completa que podría representar al dios del fuego: Huehuetéotl. Se realizaron foros académicos, políticos y festivales artístico-culturales. En septiembre de ese año, se llevó a cabo la Segunda Asamblea del Congreso Nacional Indígena en la que participaron más de 40 grupos indígenas mexicanos, además de la presencia de 1,111 delegados del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). En la inauguración se efectuó una festividad ritual en el basamento circular y la plenaria final se realizó a un costado del basamento con la intención de defender al centro cívico-ceremonial (Adame, 1999: 1-3). Los representantes del INAH aparecieron tarde y su titular, María Teresa Franco, se apresuró a emitir su dictamen: “… el proyecto presentado es factible y respetuoso de la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos, por lo que se decidió autorizar la continuación de las obras del centro comercial… El Grupo Carso no ha causado ninguna destrucción a la zona arqueológica (Vega, 1997: 25)”. Por su parte, el Sindicato de Académicos del INAH denunció que la dirección del Instituto, se había manifestado incompetente para actuar legalmente, al omitir la integración del expediente técnico para la declaratoria de zona arqueológica (Vega y Posada, 1997). Finalmente se canceló la construcción de una torre de 22 niveles del megaproyecto urbano y se firmó un acuerdo de catorce cláusulas entre la Junta Vecinal Pro-Defensa de los Monumentos Arqueológicos, Artísticos, Históricos, Culturales y Ecológicos de la Delegación de Tlalpan, A. C., las autoridades del INAH y el Gobierno de la Ciudad de México para salvaguardar lo rescatable de Cuicuilco (Salazar, 1999: 65-67).

El primero de abril de 2000, una cadena humana detuvo la demolición de las antiguas bodegas de Santo Tomás en Ensenada, Baja California, las cuales fueron fundadas en 1888 y en la época actual alojaban un Centro Cultural. Los propietarios de los terrenos pretendían construir allí un supermercado ante la indiferencia del INAH y del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). El INAH local argumentaba que no podía intervenir, pues las bodegas no tenían más de 100 años. Aprovechando la Semana Santa los propietarios pretendieron sorprender a la población e iniciaron la demolición en la noche. Al percatarse, los vecinos dieron la voz de alarma y de inmediato llegaron cientos de indignados ciudadanos a defender el sitio con un cordón humano (Ortíz, 2000).

Desde el año 2000 se han registrado protestas contra el evento artístico musical Cumbre Tajín: en ese año, alrededor de 150 personas, entre investigadores del INAH, trabajadores, estudiantes de la ENAH y población se manifestaron contra el cobro por el evento y contra el daño que se habría generado al patrimonio cultural (Ravelo, 2000);  en 2006, miles de campesinos totonacas e integrantes del Frente del Totonacapan para la Defensa del Patrimonio Cultural, así como agrupaciones adheridas a la otra campaña zapatista marcharon en repudio al festival musical Cumbre Tajín, y bloquearon de manera simbólica el llamado parque temático Takilshukut, que de acuerdo a los manifestantes, fue edificado sobre vestigios arqueológicos. Los representantes ejidales y agentes municipales de los poblados totonacas exigieron que el centro recreativo, al que no tenían acceso los indígenas, fuera cerrado y en su lugar se edificara la Universidad Indígena del Totonacapan, como opción para frenar la pobreza extrema y la migración. Denunciaron que en la Cumbre Tajín no participaban, ni como invitados ni organizadores, que eran espectadores marginados o empleados de las empresas que hacen mucho negocio ahí. Asímismo, investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) presentaron una demanda de amparo ante el juzgado 13 del fuero federal en Poza Rica y una denuncia de hechos en la Procuraduría General de la República (PGR) por los daños ocasionados a la zona arqueológica y la violación a la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos (Morales, 2006). En 2009, la novena edición del festival se inició en medio de protestas de pobladores totonacas de diversos municipios del norte de Veracruz. Cerca de dos mil indígenas adheridos a la Central de Organizaciones Campesinas y Populares (COCYP) marcharon por la carretera Papantla-El Chote, antes de ingresar a la zona arqueológica en donde realizaron un acto de desagravio a los dioses prehispánicos por nueve años “de profanación, pisoteo y agresiones” a su cultura (Morales, 2009).  En todos estos años, la Dirección General del INAH ha sido acusada de complicidad con las autoridades federales y estatales para llevar a cabo el evento.

Los Trabajadores de base del INAH agrupados en la sección D III 24, denunciaron en 2009, que el Proyecto “Resplandor teotihuacano” -impulsado por el gobierno del Estado de México a cargo de Enrique Peña Nieto-, consistente en visitas guiadas nocturnas con un espectáculo de luz y sonido, de alto costo para la población en general, había dañado a las principales pirámides de la zona arqueológica: la del Sol y de la Luna. Al colocarse estructuras metálicas, planchas de aluminio, cemento, más de 8,000 taquetes expansivos parta el anclaje, cableado, capelos de fibra de vidrio, lámparas, soldadura, se perforaron piedras de la estructura y el mortero de asiento, fracturando y generando daños irreversibles a los edificios. Con este Proyecto se violaba la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos y su Reglamento, además de la Ley Orgánica del INAH y varias leyes internacionales (Volante D III 24 ORGANIZACIÓN NACIONAL). Asimismo, investigadores y trabajadores sindicalizados de la zona arqueológica denunciaron la colocación de bloques prefabricados de concreto sobre la superficie taladrada de las Pirámides del Sol y de la Luna; consideraron que se trataba de una maniobra de la empresa contratada por el Gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para justificar el proyecto y decir que con los bloques de concreto no se dañarían las estructuras piramidales, cuando el daño por haber taladrado las rocas de la cima de las pirámides ya estaba hecho (Salinas, 2009). El Proyecto fue cancelado debido a las protestas, aunque el siguiente gobernador, Eruviel Ávila, se comprometió con empresarios durante su campaña a volver a lanzar el proyecto multimedia de luz y sonido en la zona arqueológica (Mateos-Vega, 2012). 

En 2012, los vecinos de Chimalhuacán, Estado de México, agrupados en el Frente Ciudadano en Defensa del Agua Potable y Patrimonio de Chimalhuacán, denunciaron que en el predio el Molino -expropiado por el gobierno del Estado de México en octubre de 2010 para construir un Megaproyecto de 28 mil 90 metros cuadrados-, se destruían objetos y estructuras prehispánicas. En el sitio se localizaba una construcción reconocida como histórica y cultural por el gobierno estatal y por el INAH, además de contener un área natural de fresnos y ahuehuetes de por lo menos 700 años de antigüedad. No obstante, tanto las autoridades del ayuntamiento como el INAH negaron los hechos. El Megaproyecto incluía el Teatro Municipal, un parque infantil y la plaza Estado de México. Muchas piezas arqueológicas fueron resguardadas por los residentes de la localidad para evitar que su historia “fuera tirada a la basura” (Mendoza, 2012).

En 2014, pobladores de Cholula, Puebla, organizaron acciones de protesta para evitar la expropiación de terrenos que se encuentran en las inmediaciones de la pirámide de Cholula, que son considerados por el INAH parte de la zona federal protegida por contener estructuras prehispánicas y piezas arqueológicas y en donde se construiría el proyecto turístico estatal y municipal “Parque de las Siete Culturas”. El 24 de agosto miles de personas, vecinos de San Pedro y San Andrés, Cholula, activistas, académicos y gente de la ciudad de Puebla vestidos de blanco y llevando veladoras, rodearon la pirámide tomados de las manos y proclamaron la decisión de proteger su patrimonio. Dos días después los pobladores detuvieron la expropiación arrancado una malla que el ayuntamiento pretendía colocar en sus terrenos. En los siguientes días continuaron las acciones de resistencia. Se presentaron grupos artísticos, se realizaron foros, pintas en las bardas, actividades culturales para niños, jóvenes y adultos, se elaboraron vídeos y hasta una amplia procesión el 4 de octubre en la que se hermanaron los barrios de San Pedro y San Andrés, tiempo atrás enemistados. El 6 de octubre, unos 3 mil cholultecas tomaron la presidencia de San Andrés para detener el proyecto del parque temático. En la madrugada del 7 de octubre fueron desalojados por policías estatales y municipales del zócalo de San Andrés, deteniendo a 4 personas. La amplia movilización cholulteca, aunada a una gran presión nacional e internacional, logró, en primer lugar el anuncio de la cancelación por parte del gobernador Rafael Moreno Valle del proyecto del “Parque de las Siete Culturas”, el 15 de octubre, y casi 6 meses después, la liberación de 2 de los 4 presos políticos (Muñiz, 2015). En agosto de 2014, el delegado del INAH en Puebla, Francisco Ortíz Pedraza, reveló que había acompañado al gobernador Moreno Valle a la zona donde se edificaría la obra, ahí el mandatario se comprometió a presentarle el proyecto de manera formal para que el Instituto otorgara los respectivos permisos, lo cual no cumplió. No obstante, el responsable del INAH aplaudió que se fuera a construir un parque recreativo pues generaría derrama económica y se reactivaría el turismo (López, 2014).


En 2015, integrantes de cuatro colectivos culturales de Naucalpan, Estado de México, realizaron una marcha para exigir al INAH un informe sobre el destino de al menos mil quinientas piezas originales de la cultura tlatilca, que tiene en resguardo y la construcción de un museo de sitio para exhibir las piezas prehispánicas originales de la zona. Las organizaciones suponen que las piezas se encuentran arrumbadas en cajas, sin protección, ni registro, maltratándose y con el riesgo de ser robadas (Chávez, 2015).

En este mismo año, arqueólogos, investigadores y pobladores de Atenco y Texcoco, en el Estado de México, han denunciado que el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que se construirá en esa zona por iniciativa del gobierno federal, provocará la destrucción ambiental y arqueológica de la zona.

Estos ejemplos y otros casos más en todo el país han generado la desconfianza de sectores importantes de la población en el INAH. Habría que añadir sucesos tan lamentables como el robo al Museo Nacional de Antropología de 1985, que evidenció la incapacidad del Instituto de proteger los bienes culturales del pasado en su principal recinto de resguardo y el escandaloso saqueo arqueológico que padece nuestro país en forma continua, desde hace décadas y que el Instituto tolera:
De los 42 mil 991 sitios arqueológicos registrados por el INAH a junio de este año, se considera que 40% de ellos han sufrido saqueos, según Blanca Paredes, investigadora de la dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas, quien comparte estadísticas personales a falta de cifras oficiales. Con base en el seguimiento de noticias y casos denunciados, la arqueóloga calcula que se presentan de 20 a 30 destrucciones de sitios por día… Para el director de la División de Objetos Culturales y de Patrimonio Inmaterial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Edouard Planche, la situación de alto saqueo en México sólo se compara con países en conflictos bélicos como Irak, Camboya, Afganistán y Colombia o con Guatemala (Chávez, 2010).
Es evidente que desde la creación del Instituto, nuestro país se ha transformado profundamente: del México rural de finales de los años 1930, nos colocamos en el México urbano del siglo XXI, en el que el predominio del Imperialismo y sus empresas trasnacionales a nivel planetario es irreversible.

En el Imperialismo –hoy camuflajeado tras la careta de la doctrina neoliberal- las instituciones del Estado-Nación no desaparecen como algunos pudieran pensarlo, continúan siendo funcionales al Capitalismo global que ordena la producción y los flujos de capital por países y regiones; y requiere concentrar la fuerza de trabajo para disponer de ella sin mayores obstáculos, como podrían ser: la existencia de sindicatos o la obligación de ofrecer salarios altos que inhiban la tasa de ganancia y por lo tanto, la acumulación de riqueza. Una globalización auténtica, sin fronteras, sólo es posible en un sistema socialista en el que los Estados-Nación serían inútiles para el libre flujo de manufacturas, tecnología y fuerza de trabajo que se movilizarían en función de satisfacer las necesidades sociales y no las del Capital.

La alta burocracia –los mandos del Estado-, junto con los partidos políticos, cumplen en esta época la función de mantener el control de la población a través de cacicazgos[2] fuertes -familiares en muchos casos-, que promueven beneficios económicos a quienes muestran lealtad y obediencia. La burocracia, que en los tiempos de la consolidación del Estado-Nación en México se relacionaba con la burguesía nacional y pretendía ser un instrumento para el desarrollo de un mercado interno fuerte, hoy aparece subordinada y dócil a las demandas de la burguesía internacional, que exige garantías para la explotación de las principales áreas económicas: extracción de recursos naturales y turismo. 

El INAH no es la excepción. En esta dependencia también se han generado espacios de poder político, que en lugar de promover liderazgos académicos y de investigación, han devenido en cacicazgos casi eternos, cuya función primordial es mantener sus privilegios económicos. Un factor que favorece la proliferación de cacicazgos académicos es la negativa de muchos investigadores a la jubilación.

En un análisis realizado por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico que entrevistó a más de l,200 miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) mayores de 60 años, los resultados mostraron que la mayoría no desea jubilarse porque perciben el retiro como “una amenaza a su nivel de vida”. En las condiciones actuales, el retiro significa dejar de contar con seguro médico, espacio para trabajar, recursos para investigación o congresos e incentivos económicos que pueden representar hasta el 75% de su percepción anual (Olivares, 2013).

De esta manera, la Planta académica y de investigación se encuentra actualmente envejecida y no permite que miles de jóvenes egresados con maestrías y doctorados encuentren acomodo en los centros de investigación.

Finalmente, una burocracia dócil a los designios del Estado, lleva a instituciones como el INAH a promover la mercantilización del patrimonio histórico-cultural.
La docilidad burocrática en nuestras instituciones de investigación y de educación superior ha sido ejemplar en la implantación de la indiferencia, la mezquindad y la ignorancia como régimen de vida (Mier, 1999: 40).
El INAH tiene la capacidad jurídica para actuar con firmeza. Sin embargo, como hemos visto, actúa con negligencia[3] y complicidad con los poderes fácticos económicos y políticos de alcance internacional que pretenden lucrar con el patrimonio cultural de nuestro país. El relevo, lo asumen entonces, las organizaciones sociales que han ido surgiendo para defender sus bienes de identidad.

Debido a la importante función ideológica que desarrolla el INAH para el Estado en promover la identidad nacional a través de la administración del patrimonio cultural, es poco factible prever su desaparición, aunque sí podemos anticipar  nuevas iniciativas de reformas a la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos que permitan a los capitales acceder sin limitaciones importantes al usufructo de los bienes culturales.

La iniciativa del Ejecutivo Federal de crear una Secretaría de Cultura -enviada al Congreso de la Unión en septiembre de 2015 y que absorbería las funciones del INAH y del INBA- constituye un eslabón más en la mercantilización legal del patrimonio histórico-cultural de México.

De esta manera, es posible también prever enfrentamientos cada vez más recurrentes y beligerantes entre las agrupaciones ciudadanas, campesinas e indígenas con el Instituto y los gobiernos municipales, estatales y federal, asumiendo las organizaciones sociales la tarea de la defensa del patrimonio histórico-cultural, evidenciando nítidamente al INAH, como una institución al servicio de la clase burguesa en el poder. El conflicto persistirá, en tanto la principal institución encargada de la preservación de los bienes culturales de México, entienda el patrimonio como objetos y no como relaciones humanas, manifestaciones culturales y lazos de identidad.

No obstante el prestigio institucional que tuvo el Instituto en el pasado, lo que queda es un INAH debilitado, avasallado y violentado en sus tareas sustantivas. Este debilitamiento también genera desprestigio e ilegitimidad para el régimen político al que sirve. La promoción de la mercantilización en todos los aspectos de la vida cotidiana, se traduce, por un lado, en el desarraigo cultural de la población, y por el otro, en el fortalecimiento de los lazos de identidad de diversas comunidades a partir de la organización política. 
                                                                               
                                                         



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[1] Tras el escandaloso fraude electoral de 1988, realizado por el partido en el gobierno.
[2] Se denomina cacicazgo a la relación que se establece en una comunidad o grupo de personas en los que predomina uno o varios dirigentes que dictan el comportamiento social y basan su poder en la capacidad de disponer de recursos económicos y beneficios sociales que son repartidos en el grupo a cambio de lealtad y obediencia. En el caso de los centros de investigación y las instituciones educativas, los caciques académicos reparten becas o invitan a compañeros investigadores y alumnos a participar en los proyectos de investigación que dirigen.
[3] Negligencia es la omisión, el descuido voluntario y consciente en la tarea cotidiana que se despliega o bien en el ejercicio de la profesión a través de la realización de un acto contrario a lo que el deber, que esa persona o conjunto de personas realizan, exige y supone. Esta falta grave o culpa, generalmente son punibles de una sanción en materia penal.
www.definicionabc.com/salud/negligencia.php
El concepto supone también falta de esfuerzo o aplicación.
www.wordreference.com/definicion/negligencia

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